Internas y ausencias. La Mesa Política rodeada por la movilización

Mientras las calles se colmaban con la 4° Marcha Federal Universitaria, en defensa de la educación pública y el cumplimiento de la Ley de Financiamiento, a pocos metros de la acción se desarrollaba una de las reuniones más incómodas del núcleo libertario.

La Plaza de Mayo se convirtió en el escenario de un reclamo masivo contra el ajuste, mientras en el interior de la Casa Rosada la Mesa Política del gobierno intentaba disimular sus propias fracturas internas. Aquel encuentro volvió a evidenciar cierta fragilidad de una estructura que se resiente al ritmo de los escándalos de corrupción y las disputas por el control de la caja estatal. Karina Milei encabezó la reunión para marcar el terreno frente a sus propios ministros y para desplazar a las figuras que hoy generan ruidos en la imagen presidencial.

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, participó de la cumbre, pero su autoridad se encuentra totalmente devaluada por las denuncias judiciales que lo rodean. Varios de sus pares en el gabinete manifiestan un descontento creciente debido a que las revelaciones sobre el patrimonio del ex vocero manchan la supuesta pureza del relato libertario.

En los últimos días el malestar se profundizó ante la aparición de nuevas propiedades y activos cripto del matrimonio Adorni-Angeletti que resultan imposibles de justificar con un sueldo de ministro. El funcionario, en la reunión solo pudo hablar sobre la agenda legislativa, mientras el resto de los participantes observaba con desconfianza a quien hoy funciona como un ancla para la gestión de Javier Milei. La ausencia, con aviso previo, del asesor Santiago Caputo fue otra señal del avance de la hermana del presidente en la interna por el manejo de la rosca política nacional.

Además de los protagonistas centrales, el encuentro contó con la presencia de la dupla de primos Menem, integrada por Martín y Lule, junto a los ministros Luis Caputo y Diego Santilli, además del secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt. Por su parte, Patricia Bullrich protagonizó otro de los momentos de tensión al retirarse del despacho de Jefatura de Gabinete mucho antes de que finalizara la reunión. La senadora alegó compromisos de labor parlamentaria, pero su salida prematura dejó al descubierto el desgaste de su alianza con el núcleo duro de los Milei.

Este distanciamiento no es casualidad porque Bullrich fue la primera en exigir públicamente que Adorni presentara su declaración jurada para no seguir resintiendo al gobierno. Aquel pedido enardeció al presidente quien salió a defender a su amigo con una emocionalidad que la propia senadora calificó luego como importante, una forma de elegante de hablar sobre las formas del presidente.

Los cruces entre la senadora y el binomio Milei demuestran que los aliados de ayer empiezan a alejarse de las complicaciones de un oficialismo que se complica en sus propias contradicciones.

La reforma electoral: el otro cruce entre Karina y Bullrich

El debate sobre la agenda legislativa se transformó en una nueva contienda donde Karina Milei logró imponer su voluntad sobre la opinión de la ex ministra de Seguridad.

La reforma electoral que impulsa el gobierno busca eliminar las PASO y establecer un sistema restrictivo que favorezca únicamente a las estructuras partidarias con mayor financiamiento privado. Patricia Bullrich advirtió durante el encuentro que el espacio libertario no cuenta con los votos necesarios en el Congreso para avanzar con este proyecto en su totalidad. Sin embargo, la secretaria general de la Presidencia mantuvo su postura firme y consiguió que la Cámara Alta comience el debate de manera integral incluyendo la ley de Ficha Limpia. Esta decisión obliga al radicalismo y al PRO a negociar puntos que preferían tratar de forma separada para no quedar pegados al autoritarismo oficial.

El proyecto de reforma electoral contiene una serie de medidas antidemocráticas que atacan directamente la representación política de las minorías. El gobierno pretende que los candidatos a presidente deban contar con el aval del 0,1% del padrón electoral para ser reconocidos legalmente. Para el caso de los legisladores nacionales la exigencia sube al 0,5% del padrón de cada distrito. Estas cifras buscan asfixiar a los partidos más chicos mientras se elimina el financiamiento estatal para las campañas y se aumenta de manera exponencial el aporte privado. La eliminación de la publicidad gratuita en los medios de comunicación y del debate obligatorio son otros eslabones de una cadena que pretende mercantilizar la política y alejarla de una participación democrática de las mayorías.

Karina también avanzó en el control de la inteligencia nacional al colocar a su colaborador Sebastián Pareja al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia. Este movimiento representa otro tropiezo político para Santiago Caputo porque esa comisión es la encargada de auditar el funcionamiento de la SIDE que hoy dirige el asesor presidencial.

La hermanísima parece estar decidida a concentrar todo el poder de fuego del gobierno y a limitar la influencia de quienes se mueven en las sombras de la Casa Rosada. En medio de esta lucha por la hegemonía interna, los proyectos de ley que se envían al parlamento funcionan como herramientas de negociación con los sectores más conservadores de la oposición. El tratamiento de la reforma electoral será el próximo escenario donde se pondrá a prueba la capacidad del oficialismo para sostener sus acuerdos en un clima de crisis permanente.

La defensa hacia Adorni y la descomposición del poder libertario

Como en oportunidades anteriores, la Mesa Política intentó construir una defensa corporativa de Manuel Adorni, pero la acumulación de evidencias sobre sus lujos privados vuelve esta tarea imposible. El jefe de Gabinete se encuentra en un callejón sin salida donde tarde o temprano deberá rendir cuentas ante la justicia por su enriquecimiento acelerado.

El presidente, Javier Milei, se juega su propio capital político para defender la figura de un funcionario que ya no puede explicar de dónde sacó toda la plata para gastar en sus viajes y sus propiedades. El relato del deslomado trabajador de la comunicación se desmorona. El descubrimiento de sus billeteras virtuales, sumado a las propiedades compradas en efectivo, expone finalmente la realidad del matrimonio entre el jefe de los ministros y la coach ontológica. La impunidad con la que se manejan en Balcarce 50 ofende a los millones de argentinos que sufren las consecuencias del programa económico libertario. Este escenario de descomposición política no tardó en trasladarse al corazón del poder, donde las lealtades comenzaron a crujir ante el peso de la evidencia.

La crisis interna sobre el caso Adorni provocó un enfrentamiento directo entre el presidente y Bullrich durante la última reunión de gabinete del viernes pasado. Milei dejó en claro que prefiere perder una elección antes que entregar a su amigo Manuel y advirtió que no permitirá que los periodistas de este país lo tiren por la ventana. Bullrich intentó intervenir, pero fue silenciada por un presidente que se mostró desbocado y fuera de sí ante cualquier cuestionamiento patrimonial. Alguien dentro de ese círculo íntimo filtró los detalles de la discusión para exponer la fragilidad emocional de un mandatario que no tolera la disidencia ni siquiera en su equipo más cercano. El blindaje oficial es cada vez más débil porque los descubrimientos cotidianos sobre la opulencia de Adorni son imposibles de tapar con gritos, agresiones o algún tipo de brote del mandatario en redes sociales.

La situación del jefe de ministros es el contrapeso que complica la convivencia del poder libertario y que detiene cualquier avance en la gestión diaria. Mientras el oficialismo asegura que la declaración jurada aclarará todo lo cierto es que ya pasaron más de dos meses del inicio del escándalo y los papeles no aparecen.

Los interrogantes sobre los sobresueldos y la supuesta herencia inmobiliaria se multiplican a la par que crece el descontento social por la suba de tarifas y la falta de empleo. El gobierno se encuentra atrapado en una dinámica de defensa de la corrupción propia mientras exige sacrificios inhumanos a la clase trabajadora que no llega a fin de mes. La permanencia de Adorni en el cargo es una provocación que acelera la descomposición de una estructura política que nació prometiendo transparencia y hoy solo ofrece negociados.

Desde el momento en que estalló el escándalo, Manuel Adorni, tuvo y tiene que presentar su renuncia para dejar de ampararse en las estructuras del poder Ejecutivo nacional. Es necesaria la puesta en marcha de una investigación independiente de todos los poderes del Estado que llegue hasta las últimas consecuencias sin las trabas de los jueces amigos del oficialismo. Solo mediante el control popular y la presión en las calles se podrá castigar a los responsables de este enriquecimiento ilícito y terminar con la impunidad de una gestión que miente de manera cotidiana. El país no puede seguir siendo rehén de las aventuras patrimoniales de un funcionario que se deslomó únicamente para llenar sus propias arcas mientras las mayorías trabajadoras sufren las consecuencias de un ajuste brutal y planificado. Pero la descomposición del poder libertario no se agota en la impunidad de sus figuras; se traduce también en una ingeniería legal que busca consolidar el ajuste contra los de abajo.

La agenda legislativa que se discutió en la Mesa Política representa un nuevo ataque sistemático contra los intereses de la mayoría de la población. Cada proyecto de desregulación y cada reforma electoral están diseñados para favorecer al capital financiero y para limitar las libertades democráticas de los de abajo. La lucha contra la corrupción libertaria es indisoluble de la pelea contra el plan de hambre que hoy ejecutan Milei y sus socios en beneficio de una nueva casta que vive de fiesta mientras el país se achica. La única salida posible tiene que venir de la mano de la movilización y la organización para frenar esta catarata de ataques cotidianos.

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