El juez Pesino falla contra los derechos laborales y el Gobierno responde con un ascenso encubierto. No es casualidad: es la arquitectura del poder funcionando para garantizar el disciplinamiento social.
No es Justicia: es un engranaje del poder
En Argentina, una vez más, queda demostrado que cuando se trata de proteger a los trabajadores, la balanza judicial nunca está equilibrada. Pero cuando el objetivo es recortar derechos, la maquinaria se mueve con precisión quirúrgica.
A las pocas horas de que se firmara el fallo, el Gobierno activó un trámite para que Pesino continúe en la Cámara Nacional del Trabajo (CNT) aun después de cumplir los 75 años.
La obscenidad del caso no termina en el fallo. Horas después, el Gobierno se apuró en garantizar la continuidad del juez que firmó la resolución, incluso forzando los límites legales.
No hay disimulo. No hay pudor. Hay premio. El mensaje es claro y brutal: quien falle contra los trabajadores, tendrá respaldo político. Quien garantice el ajuste, tendrá carrera asegurada.
Reforma laboral: precarizar para disciplinar
Detrás del fallo se esconde el verdadero objetivo del oficialismo: avanzar con una reforma laboral regresiva que destruye conquistas históricas.
Hablan de “modernización”, pero ejecutan precarización. Hablan de “libertad”, pero imponen relaciones laborales cada vez más desiguales.
El derecho laboral, que nació para proteger al eslabón más débil, hoy es atacado para fortalecer al más poderoso.
Una Justicia de clase
Lo que queda expuesto no es solo un juez ni un fallo: es una estructura. Un Poder Judicial que, lejos de ser independiente, actúa como garante del orden económico vigente.
Cuando se trata de frenar despidos, proteger salarios o sostener derechos, aparecen las trabas, las demoras y las cautelares en contra. Cuando se trata de avanzar contra los trabajadores, la velocidad es inmediata.
El ajuste también se firma en tribunales
El ajuste no solo se vota en el Congreso o se anuncia en conferencias. También se firma en despachos judiciales.
Y mientras tanto, millones de trabajadores enfrentan salarios a la baja, mayor inestabilidad y un horizonte cada vez más precario.
Frente a esto, el fallo y su “recompensa” no son una anomalía: son la regla de un modelo que necesita disciplinar para sostenerse.

