El relato malvinero de Javier Milei intentó armar para tapar su crisis se sigue cayendo a pedazos. Mientras el libertario se desvive por alinearse con Washington, su aliado Donald Trump le mete un golpe letal para el discurso del gobierno argentino. El presidente republicano propuso eliminar el Comité Especial de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este organismo, también conocido como C-24, es el único escenario internacional donde, desde 1965, la Argentina exige año tras año que Gran Bretaña se siente a negociar la soberanía de las Islas Malvinas.
La avanzada republicana quedó oficializada en una resolución de la ONU publicada el 15 de octubre. Ahí, la representante estadounidense Tammy Bruce destrozó las actividades de la comisión y pidió cerrarla, afirmando sin tapujos que el comité “dejó de cumplir su propósito original” y que seguir haciendo reuniones todos los años es un “despilfarro de recursos” y un “desperdicio de tiempo“.
Aunque el documento yanqui no nombró a las Malvinas con todas las letras, cerrar el C-24 borraría del mapa la plataforma donde Argentina mantiene vivo su reclamo ante casi 30 países. Hoy en día, de los 17 territorios considerados “no autónomos” que se debaten ahí, 10 están bajo control del Reino Unido, la misma potencia que ocupa nuestro suelo.
Sin margen para seguir vendiendo humo
Esta jugada de la Casa Blanca, camuflada en un plan para recortar gastos en la ONU, deja en ridículo la postura del propio Milei. Hace nada, el presidente usó el atril de la Asamblea General en Nueva York para montar un show nacionalista, criticando a la ONU por “mirar hacia otro lado con la causa” y exigiendo diálogo a los británicos.
La usina libertaria se pasó semanas vendiendo que esta sumisión total a Estados Unidos iba a traer ventajas diplomáticas, amagando con que Trump podía oficiar de mediador o cambiar la histórica postura neutral de su país a favor nuestro. Puro cuento. Cuando el líder republicano estuvo en Nueva York, ni siquiera se molestó en recibir a Milei, pero sí se juntó cara a cara con el primer ministro británico, Andy Burnham. Después de ese encuentro, desde Washington no se escuchó una sola palabra a favor de la Argentina.
Es de un oportunismo brutal intentar colgarse del profundo sentimiento antiimperialista que genera la causa Malvinas mientras hacen todo lo contrario. Nadie puede creerse el verso de la defensa soberana de un gobierno que avanza a los palazos para extranjerizar las tierras, flexibilizarle la vida a las mineras y entregar el país entero atado de pies y manos mediante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Los negocios mandan
El tijeretazo de Trump llega también en medio de un tire y afloje por los negociados en las islas. El gobierno argentino había ido a quejarse al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para frenar el proyecto petrolero Sea Lion que se está armando en nuestras aguas. La respuesta de Londres fue darle luz verde total a las petroleras extranjeras para que sigan adelante.
Para colmo, la famosa Ley de Soberanía que el oficialismo metió en el Congreso no es más que otra trampa. Aunque el texto amaga con sancionar a las empresas que participen de la extracción, lo que realmente desvela al Gobierno es no incomodar a los capitales estadounidenses y sus pulpos corporativos, dejándoles las puertas abiertas para que sigan saqueando nuestros recursos. Al mismo tiempo, queda a la vista que la ley usa a las islas como una simple excusa. Toda esta estructura legal está armada para endurecer el aparato represivo puertas adentro y criminalizar la protesta social, dejando totalmente de lado cualquier intento real por recuperar las Malvinas y sacar a los invasores.
Ante el papelón, el vocero presidencial, Adrián Ravier, salió a decir este lunes que el tema “está en análisis“, intentando tirarle el fardo al secretario de Estado, Pablo Quirno. Pero las cartas ya están echadas. No hay discurso nacionalista que alcance para tapar el saqueo. Un gobierno que opera en tándem con el Fondo Monetario Internacional y rinde pleitesía a los intereses de Washington nunca va a pelear por la soberanía. Para Milei y sus funcionarios, la soberanía nacional es solo un estorbo en su plan de rematar el país y garantizarle las ganancias extraordinarias a las potencias extranjeras y sus corporaciones.

