YPF confirmó la venta del 70% de Metrogas a Edenor por 780 millones de dólares. Con esta maniobra, el tándem de José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti pasa a controlar la distribución de luz y gas en el AMBA, además de sumar un negocio clave en la comercialización. Respaldados por los multimillonarios perdones de deuda tarifaria de Javier Milei y su histórica alianza íntima con Sergio Massa, estos capitalistas, que también son dueños de los principales grupos de medios del país, exponen cómo se reconfigura la burguesía argentina a costa del bolsillo de las mayorías.
Una nueva reconfiguración en la cúpula de la burguesía argentina acaba de consumarse en las últimas horas. En uno de los sectores que mayor bonanza acumula gracias a los tarifazos y la desregulación libertaria, la principal distribuidora de gas del país cambió de manos. YPF oficializó la venta del 70% de su paquete accionario en Metrogas al consorcio controlante de Edenor, liderado por José Luis Manzano, junto a sus socios Daniel Vila y Mauricio Filiberti.
La operación expone cómo los empresarios de siempre, expertos en vivir de los favores del Estado, continúan amasando fortunas obscenas bajo un gobierno que llegó prometiendo destruir a la casta. El mapa de los servicios públicos esenciales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) queda concentrado en un puñado de capitalistas que, para blindar sus negocios, ostentan además la propiedad de gigantescos conglomerados mediáticos.
Los detalles del remate: luz, gas y comercialización
El directorio de YPF, conducido por Horacio Marín en su afán de desprenderse de activos estratégicos para apostar todo al esquema exportador de Vaca Muerta, aceptó la oferta de Edenor por U$S 780 millones. El proceso competitivo, gestionado por el banco Citigroup, dejó en el camino a competidores de peso como Central Puerto (asociada con Ecogas), el grupo MSU, Litoral Gas (de Techint y Grupo Sofía) y el Grupo Pierri.
Manzano jugaba con ventaja. A través de su firma Integra Gas Distribution, ya poseía el 9,23% de Metrogas, lo que le otorgaba una ventaja estratégica para asumir el mando operativo de un activo que abastece a 2,5 millones de clientes y representa el 28% del mercado nacional de distribución.
La letra chica de la transacción guarda un botín adicional que pasó desapercibido para muchos: Edenor no solo adquiere los caños de distribución de Metrogas, también compra el 5% directo que YPF poseía en MetroENERGÍA, la firma que comercializa gas para grandes usuarios en el mercado desregulado. De este modo, el grupo se queda con la llave del negocio completo: compran y comercializan el combustible, lo distribuyen en los hogares e industrias y, a la vez, lo utilizan para generar y repartir la energía eléctrica.

Dueños de las tarifas y de los noticieros
La consolidación del consorcio Edelcos (Manzano, Vila, Filiberti) crea un verdadero monstruo tarifario. Estos tres hombres ya controlaban Edenor (la mayor distribuidora eléctrica de la Argentina, adquirida en 2021) y Transclor (el principal fabricante de cloro del país). En los últimos meses, el pulpo siguió extendiendo sus tentáculos: asociados con el trader suizo Mercuria (vía Phoenix Global Resources), avanzaron sobre las operaciones de Raízen, quedándose con la refinería de Dock Sud y la red de casi 900 estaciones de servicio Shell. Hoy, una misma sociedad administra la luz, el gas, los combustibles y los insumos químicos esenciales.
Este monopolio sobre la vida cotidiana de millones de trabajadores se complementa con un cerrojo ideológico perfecto: son los mismos capitalistas que manejan la opinión pública a través de los medios de comunicación. Vila y Manzano conducen el Grupo América (América TV, A24, Radio La Red y portales del interior) y, el año pasado, participaron de la compra del canal Telefe junto al empresario Gustavo Scaglione. La ecuación es bastante clara, porque quienes fijan y cobran las facturas impagables son exactamente los mismos que deciden qué se discute en el prime time televisivo.
La casta al servicio del capital: de Massa a Milei
Esta monumental concentración empresarial es inviable sin la complicidad activa de todo el régimen político tradicional. La falsa polarización entre libertarios y peronistas se disuelve cuando se observan los balances de estos conglomerados.
Por el lado del oficialismo actual, el discurso de la motosierra se transforma en una generosa alfombra roja para la burguesía amiga. El gobierno de Javier Milei premió a Edenor y Edemsa (la distribuidora mendocina del grupo) con escandalosos esquemas de perdón y compensación de deudas multimillonarias que acumulaban con la estatal Cammesa. Entre condonaciones directas por decenas de miles de millones de pesos, planes de pago en cuotas con tasas subsidiadas por el Estado y la reciente incorporación de “activos regulatorios” por U$S438 millones para compensar el congelamiento previo, el mileísmo financió la caja con la que hoy Manzano sale de compras.
Esta impunidad se sostiene con el mismo desparpajo en la otra vereda de la política tradicional. Es imposible separar el crecimiento de este grupo de su histórica alianza íntima con Sergio Massa. El vínculo de décadas entre el exministro de Economía, Vila y Manzano operó como un triángulo perfecto de asesoría, soporte mediático y favores regulatorios en cada una de las dependencias que el líder del Frente Renovador ocupó en el Estado.
El pase de manos en Metrogas demuestra que no existe ninguna destrucción de la casta. Presenciamos una reconfiguración interna de la clase dominante argentina, donde los mismos capitalistas que se enriquecieron con el menemismo, el kirchnerismo y el macrismo, hoy se alimentan de la bonanza tarifaria que les garantiza la ultraderecha.
La única salida: reestatizar con control social
Entregar los servicios públicos estratégicos a un club privado de tres empresarios constituye una condena a la degradación de la infraestructura y a la asfixia económica del pueblo trabajador. Las ilusiones posibilistas en entes reguladores o en la competencia del mercado son una trampa demostrada; el Estado burgués solo interviene para garantizar la rentabilidad patronal y convalidar estafas tarifarias.
Frente a este saqueo sistemático, la única respuesta viable para defender el bolsillo popular y la soberanía del país es la reestatización y nacionalización integral de todo el sistema energético (generación, transporte y distribución) sin indemnización para estas empresas que ya cobraron con creces mediante subsidios, aumentos y desinversión.
Esta nacionalización debe romper de cuajo con las burocracias estatales corruptas y rechazar las extorsiones del CIADI, el FMI, el Banco Mundial o cualquier otro organismo internacional promocionador de la usura y el chantaje. Una empresa pública de energía solo podrá brindar un servicio accesible, seguro y de calidad si opera bajo el control social, la gestión democrática y la administración directa de sus propios trabajadores, técnicos especializados y usuarios electos y revocables. Quienes generan la riqueza y sufren el costo de las tarifas deben tomar las riendas para planificar los recursos estratégicos de la Argentina como un derecho humano elemental, terminando para siempre con el negocio parasitario de los monopolios capitalistas.



