El cuento de la criada. Cuando la distopía se convierte en el modelo posible de sometimiento

En estos tiempos de debates y disputas ideológicas feministas, nos venden una estética, y un formato “moderno” de la familia tradicional. Las trad wives explican que las responsabilidades de la casa, las tareas de crianza y la atención permanente a sus esposos,  no son otra cosa que la verdadera liberación.

El culto al sometimiento, al  vivir bajo “su mirada” ( la del ), perfectas, abnegadas y atrapadas es un mantra, y lo difunden como una manera de “vivir relajadas”, libres de ocupaciones laborales, y con la posibilidad de “pasar tiempo” en casa y “ocupandonos de nosotras”. Alientan a que las mujeres no estudiemos, ni nos formemos, ni tampoco nos ocupemos de la política.  Que abandonamos toda posibilidad de estudio o aprendizaje.

Según Erica Kirk, que es una empresaria multimillonaria, y que obviamente estudió y se formó, todos esos temas, en especial la política  estresa a las mujeres, y es mejor dejar al varón esas preocupaciones.  Kirk, es una de las mujeres que lideran estos espacios, intentando convencer a las mujeres jovenes, que nuestra liberacion real pasa por no preocuparnos, y que la liberacion feminista de otra epoca fue un error. Un discurso y todo un paradigma que busca no solo romantizar el  sometimiento como  modo de vida, sino arrebatarnos todos nuestros derechos.

El cuento de la ‘Tradwives’: Cuando la distopía se vuelve tendencia

¿Esposas tradicionales o criadas modernas?. La romantización del sometimiento de muchos de estos grupos, ha empezado a circular con masividad por redes, y nos recuerda al Cuento de la criada (Margaret Atwood, 1985). Esta  distopía llevada a Netflix en formato serie, muestra una realidad con puntos de contacto con la  dictadura en nuestro país,  y la apropiación de bebés. Pero tiene muchas otras comparaciones.

El cuento de la criada y el movimiento tradwives actual muestran una alarmante conexión entre la ficción distópica y la cultura digital contemporánea. Mientras que la novela de Atwood nació como una advertencia sobre la pérdida de derechos de las mujeres, el fenómeno tradwife re edita voluntariamente la sumisión doméstica como una opción estética y un estilo de vida aspiracional.  Algunos de esos indicadores que deben alarmar podrían enumerarse así:

Las criadas de Atwood visten túnicas rojas uniformes; mientras que  las tradwives adoptan vestidos de corte campestre de los años 50. Ambas estéticas anulan la individualidad en favor de una identidad colectiva basada en el rol de género.

En el cuento de Atwood, el régimen de Gilead justifica la opresión prometiendo “limpieza” moral y estabilidad. En las redes sociales fundamentalmente en Tik Tok e Instagram, el movimiento tradwife romantiza la década de 1950, ignorando deliberadamente que en esa época las mujeres carecían de autonomía financiera y legal.  Pero lo hacen sobre la base de “mejorar” nuestra moral.

Ambos universos reducen el valor de la mujer a su capacidad para gestionar el hogar, cocinar desde cero y servir a su esposo.

En la obra de Atwood, el personaje de Serena Joy ayuda activamente a construir el sistema patriarcal que luego la despoja de sus derechos (incluido el de leer). Muchas creadoras de contenido tradwife promueven la entrega del control financiero al marido, repitiendo este patrón. Y hacen de ello una hermosa historia de amor.

Por supuesto existe una profunda contradicción en este movimiento actual. Las tradwives más famosas son, en realidad, empresarias digitales que generan ingresos a través de la creación de contenido, la publicidad y el patrocinio. Venden la idea de no trabajar fuera de casa mientras manejan negocios digitales lucrativos millonarios.

Las comparaciones con la novela abundan pero la más importante es sobre el control que se pretende de la autonomía reproductiva. Ese debate nunca ha sido únicamente médico o religioso. Y no lo es ahora. En el movimiento tradvives, las mujeres  entregan todo, el control sobre lo financiero o las decisiones generales de sus vidas, pero también abandonan voluntariamente su autonomía reproductiva. A compás de este movimiento,  en muchos países se ha prohibido o pretende prohibir el derecho al aborto.  Eso muestra uno de los objetivos claves, volver al paradigma donde las mujeres no tenían autonomía alguna. Por ese motivo es que pretenden re escribir la década del 50’ en su estética y discurso.

La estética del cautiverio

La retórica de “dejar que el hombre provea”  y no pretender que sea nuestra ocupación, como mujeres nos deja en un lugar de cautiverio total, además  que ignora las realidades socioeconómicas actuales.

En caso de divorcio, abuso o viudez, la falta de historial laboral y de independencia económica deja a la mujer en una vulnerabilidad idéntica a la de las mujeres de Gilead ( El cuento de la criada)  cuando les bloquearon sus cuentas bancarias.

Estos fenómenos surgen como una reacción conservadora ante los avances del feminismo. En el cuento de la criada, Gilead nace del miedo a la caída de la natalidad y la liberación de la mujer;  el movimiento tradwife se posiciona como el “antídoto” al agotamiento laboral moderno y la cultura del esfuerzo corporativo. Pero también hay un temor real a la caída de natalidad que por condiciones materiales, tiene responsabilidades en el capitalismo,  pero este lejos de resolver las condiciones materiales estructurales, busca soluciones  rápidas par su sistema, como cambios de paradigma que no son solo discursos de odio hacia las mujeres, sino también ensayan una ideología de supuesto  amor y liberación hacia nosotras que sólo existe volviendo a los ‘50 en todos los sentidos. Falso y preocupante. Porque intentan convencernos de abandonar todo como opción de amor, o ante la negativa, queda  el discurso de odio contra el feminismo.  El resultado final que buscan es el mismo, dejarnos sin derechos.

Además ensayan la trampa del “libre albedrío”: Las defensoras del movimiento argumentan que elegir quedarse en casa es una victoria feminista. Sin embargo, sociólogos e historiadores advierten que promover esto como el único camino para la felicidad femenina válida discursos políticos extremistas que buscan recortar derechos reproductivos y civiles.

El cautiverio es un modelo de sometimiento que aún vendido estéticamente,  y con gran marketing, o vendido como naif e inocente,  no deja de ser eso un formato de sometimiento absoluto contado como una historia de amor.

Este movimiento no romantiza solo el cautiverio en el hogar, y una relación de sometimiento en la familia,  sino que romantiza una estructura de poder, convirtiendo la subordinación en una feminidad deseable, de ese modo la anulación absoluta de todos nuestros derechos.

El delantal y la fábrica

El auge global del movimiento tradwife —mujeres jóvenes que idealizan y adoptan la estética de las amas de casa de los años cincuenta— no puede entenderse únicamente como un cambio de preferencias culturales, sino también, como una respuesta directa a la crisis del mercado de trabajo actual.

Lejos de ser una simple elección individual, el refugio en el espacio doméstico expone cómo el capitalismo contemporáneo ha precarizado tanto la vida laboral que la sumisión patriarcal tradicional empieza a comercializarse falsamente como una vía de escape frente a la alienación de las fábricas y las oficinas modernas. Y la falta de trabajo.

Por eso hoy más que nunca la necesidad de construir un feminismo de clase, y de desarrollar una lucha real en las calles, y dando esta batalla cultural desde una perspectiva verdadera de clase. Cómo mujeres trabajadoras, defendiendo nuestros derechos y entiendo que la pelea global debemos darla con otros trabajadores que luchan y colectivamente pelear contra las falsas conciencias de un mundo capitalista donde es posible siquiera volver al rol de mujeres sin autonomía.  Luchar con todo hasta que el mundo sea como lo soñamos y no menos.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros