En los últimos días Milei pasó del acostumbrado relato eufórico y megalomaníaco sobre las bondades de su plan a reconocer que los números no están bien. En la vereda de enfrente no sólo la gente, sino que hasta la burguesía y sus economistas a sueldo, dan cuenta del agotamiento del plan. A nivel internacional aumenta la desconfianza, expresada en un riesgo país en ascenso. Estamos a sólo un mes de poder hablar de recesión técnica y clásica, más allá que hace rato que la vivimos en carne propia.
No vamos a adentrarnos en los comienzos del plan llevado adelante por Milei y Caputo. Si remarcar que, desde estas páginas hace 3 años que insistimos en que el mismo sólo se trataba de un ajuste global sobre las masas para lograr un superávit fiscal que le permitiera pagar los compromisos de deuda externa y a la vez una transferencia de la riqueza a los sectores más concentrados de la economía. Como plan económico, aún desde el punto de vista burgués, tenía muchas falencias y por eso, más allá de los ritmos y de los beneficios obtenidos por ciertos sectores, el plan estaba destinado al fracaso más temprano que tarde.
Si bien en un principio el ajuste fue bien recibido tanto por el imperialismo y sus organismos como por la gran burguesía nacional, a los pocos meses de su implementación aparecieron las primeras críticas. El FMI exigiendo mayor acumulación de reservas, los sectores burgueses orientados al mercado interno reclamando por la falta de obra pública, por el retraso cambiario, la apertura indiscriminada de las importaciones de manufacturas, y la baja del consumo. Aunque en este primer periodo el gobierno tenía algunos salvavidas que le permitían a Caputo y su plan sacar la cabeza por encima del agua. Nos referimos a que con el ajuste brutal sobre las masas había logrado bajar la inflación y mejorar algunos indicadores macro económicos (básicamente bajar el déficit fiscal y no mucho más), y además apoyarse con los sectores ultrabeneficiados por el plan como los agroexportadores, la minería y el sector energético, especialmente Vaca Muerta. Durante casi dos años esto le permitió mantener a la burguesía más o menos alineada, al imperialismo expectante y sobre todo mantener un relato megalomaníaco, amañado y mentiroso, dónde siempre crecíamos, la economía estaba por despegar, la inflación estaba domada y había logrado sacar de la pobreza una cifra millonaria de pobres que cambiaba todos los días en porcentaje.
La realidad para las masas era muy otra, los aumentos de tarifas de los servicios, que bajo Milei aumentaron entre el 500 y más del 1000%, junto a los alquileres y otros precios de consumos fijos y básicos, sumados a una actualización salarias siempre por debajo de la inflación (aún la del INDEC) llevaron a un empobrecimiento de las masas y a la pérdida constante y sistemática del poder de compra de los salarios. Por no hablar de los más de 80.000 estatales y más de 340.000 privados despedidos producto del cierre de 30.000 pymes e incluso grandes empresas como FATE, ni de los jubilados, ni los discapacitados y las universidades desfinanciadas. Aún así el gobierno intentaba explicaciones exóticas y falaces, como que el empleo informal había “explotado” en más de 500.000 nuevos empleos y encima que sus ingresos habían aumentado por encima de la inflación (dato totalmente incomprobable y más que dudoso. La reforma laboral que votaron con la complicidad del PJ (como tantas otras leyes de este ajuste) no trajo más empleo sino que profundizó como dijimos nosotros la precariedad, los despidos y la informalidad laboral.
Las luces de alerta
Ya a principios de este 2026 hasta los analistas burgueses que mayoritariamente habían aprobado este engendro económico, empezaron a alertar sobre el no rebote de la economía, del atraso cambiario con un dólar que, para intentar tener planchada la inflación, se apreciaba a un ritmo 4 a 5 veces menor que la inflación (por dar un ejemplo en lo que va de 2026 aumentó un poco más del 5% mientras la inflación acumulada a setiembre supera el 25%), la queja sobre la parálisis industrial (cuya capacidad ociosa en maquinarias rondaba el 50-60%) y la indiscriminada apertura de las importaciones se hizo cada vez más fuerte. La baja masiva y persistente del consumo, golpeaba de lleno al sector comercial. La intermediación financiera y los bancos, que al principio del plan eran uno de los grandes beneficiarios del plan también, empezaron a acumular problemas, aumento de los encajes bancarios por parte del BCRA, problemas del crédito por aumento de las tasas de interés para contener la corrida hacia el dólar pero sobre todo por un aumento creciente en la morosidad del endeudamiento (que seguirá manifestándose como uno de los grandes problemas de este 2026) le hicieron perder dinamismo a este sector burgués muy sensible. Por su parte en el frente externo el FMI si bien siguió aprobando el ajuste y sus revisiones sistemáticas, comenzó a alertar sobre que debía “derramar” algo hacia abajo, sabedor de que el ajuste ya estaba llegando a niveles insoportable para el 90% de la población y esto favorecía el malhumor social, además de no permitir recuperación del consumo y mucho menos crecimiento económico (esto se vio reflejado en sus previsiones de crecimiento para el 2026, que fueron cambiando casi de trimestre en trimestre, primero muy optimistas con el 5,4% de crecimiento arrojado en el 2025, luego bajaron al 3,5% para finalmente terminar aceptando la cruda realidad de un 1,2% con suerte). Fue el propio FMI el que aconsejó algún grado de mejora en los salarios, porque de lo contrario veía peligrar la reelección del Milei en 2027 y con ello la continuidad de un plan que más o menos le garantizaba los pagos de la deuda.
La situación actual y el peligro de una recesión anunciada
Como dijimos ya todos se percataban que este 2026 venía peor en términos económicos que el año anterior. Incluso ya tenían el dato de un retroceso en el PBI en el segundo trimestre. Pero lo que prendió todas las luces rojas de los analistas fueron los pésimos datos del desempeño de la economía en agosto. Luego de un pésimo julio la burguesía esperaba un rebote al mes siguiente, pero agosto fue también negativo y entonces apareció el fantasma de la recesión técnica, esto es que la economía decrezca durante dos trimestres consecutivos, cosa que la mayoría de las consultoras estiman en una probabilidad mayor al 98%, dado que tendría que ocurrir el milagro que setiembre arrojará un mejoramiento superior al 8% para no caer en ella.
Este dato de la recesión técnica, no es demasiado importante para el grueso de la población ya que no cambia la pobreza, la falta de trabajo, los despidos y los bajos salarios y jubilaciones que sufrimos desde el primer día de este programa económico. Pero sí tiene importancia para los sectores burgueses ya que habla de una crisis económica persistente, no casual ni transitoria ni estacional. Los alerta sobre que no podrán cobrarse la deuda de manera más o menos segura y encima con la perspectiva del año electoral próximo.
Hasta Clarín tuvo que salir a dar sus “cinco razones” por las que se frenó la economía mucho más de lo que esperaban. Y hablan con cierta razón de un dólar atrasado que complica a los burgueses exportadores y también al mercado interno, las altas tasas de interés que complica a los bancos y financieras, la falta de confianza de los actores económicos nacionales pero sobre todo internacionales y de un mundo más incierto con las guerras y altos precios del petróleo y suba de las tasas en EEUU y un aumento de la inflación global y hasta se acordaron del bolsillo de la gente.
Si tuviéramos que resumir los problemas actuales del plan, a riesgo de ser repetitivos, que demuestran su agotamiento casi terminal (lo que llevó a fuertes comentarios sobre el reemplazo de Caputo y a la reciente confesión de Milei sobre que los números no le están dando según sus previsiones), podríamos decir que uno de los principales problemas que tiene el plan es que para mantener la inflación alrededor del 2% mensual (para nada baja si se considera que en el mundo ronda el 4-5% anual) tiene que tener planchado el dólar en 1.500 $ más o menos, muy lejos de las necesidades de todo un sector burgués que obtiene competitividad fundamentalmente de un dólar alto. Y de mantener planchados los salarios de millones de trabajadores y jubilados. El costo de esto es la persistente baja del consumo que no se recupera y cae mes a mes, esto lleva a parate industrial por caída de las ventas, con una industria cuyo desempeño es el peor en décadas, con el 60% de la maquinaria ociosa (y encima sin posibilidad alguna de renovación tecnológica, por lo cual aún saliendo de la recesión la competitividad frente al mundo, máxime con la apertura que promueve Milei, sería imposible). El sector comercial sigue de mal en peor, hasta los supermercados arrojan números en rojo mes a mes, ni hablar de sectores como el de vestimenta, electrodomésticos, etc que ya perdieron toda esperanza para este 2026. Como dijimos hasta el sector financiero empieza a mostrar signos de crisis, aunque todavía los bancos tengan solvencia.
Para peor todo lo que se acumula de dólares con las exportaciones de los únicos sectores que crecen (agroindustria, minería y energía) se va vía el turismo externo y la acumulación de dólares por parte de ahorrista que no confían en el futuro del plan y prefieren “perder” plata ahora, pero asegurarse los dólares por las dudas de una próxima devaluación.
La lógica perversa del plan no cambió desde principio, el ajuste lleva a caída de la actividad, del consumo y empobrecimiento de las masas, esto trae aparejado también menor recaudación (sin contar que los grandes beneficiados no pagan ni lejos lo que les corresponde por sus ganancias por el RIGI y demás exenciones impositivas otorgadas por el Gobierno) lo cual exige de más ajuste y así sucesivemnte
El FMI tampoco tiene confianza y por eso exige que el gobierno compre más dólares para poder afrontar los pagos de deuda que el año próximo superan los 25.000 y hasta 29.000 MD en moneda extranjera y más de 1,5 billones en pesos. Por eso es que el riesgo país pasó de 400 hace unos meses a más de 700 por estos días.
Milei mientras tanto, si bien reconoce que las cosas van mal con su plan, espera salir adelante como siempre, con mayor endeudamiento y habla ya que para hacer frente a una corrida como la preelecciones 2025, tendría a su disposición otros 20.000 MD de los EEUU y 20.000 del Swap con China. El problema es que ya nadie confía en que pueda ser reelegido el próximo año, habida cuenta del aumento monumental de la bronca en amplios sectores de la población donde los niveles de rechazo a su gestión, al plan y a su propia figura rondan y superan el 70%.
Necesitamos un plan al servicio de los trabajadores y el pueblo
La burguesía está a la pesca de algún plan alternativo que le permita salir de este atolladero y a la vez recuperar o salvar sus ganancias por fuera de los sectores ya mencionados. Pero ese plan no llega, nadie lo vislumbra y esa es, contradictoriamente una “fortalez” de este plan, está en crisis y agotado, pero no tiene rival que lo confronte.
Sólo la izquierda tiene un plan alternativo, del que ya hemos escrito muchas veces por lo que sólo describiremos muy sucintamente hoy. Nuestra propuesta es esencialmente que la crisis la paguen los ricos y no el pueblo trabajador. Para eso debemos hacer lo contrario de lo que vienen haciendo desde hace décadas los sectores del poder y que con Milei pegó un salto cualitativo.
Tenemos en primer lugar que dejar de pagar la fraudulenta deuda externa que como dijimos, sólo el año próximo se llevará más de 29.000 MD, y usar esos recursos para un aumento inmediato de salarios, jubilaciones y planes sociales que cubran la canasta familiar hoy en casi 2 millones de pesos. Un plan que incluya una reforma tributaria donde paguen más los que más tienen, con impuestos progresivos a las grandes ganancias y fortunas, empezando por las mineras, Vaca Muerta y todos los agroexportadores. Que nacionalice la banca y el comercio exterior para evitar la fuga de capitales. Un plan que motorice la obra pública y la construcción de viviendas para acabar con el desastre de rutas y el déficit habitacional entre otros y que dé trabajo a millones que hoy producto de este plan y de los anteriores están desocupados. Donde se aumente el presupuesto no sólo para la discapacidad y las universidades que vienen haciendo una lucha sin cuartel sino a toda la salud y la educación. Donde se baje la jornada laboral a 6 hs sin reducción del salario para aumentar el número de trabajadores ocupados, mientras se motoriza la economía en general. Nuestro plan propone también acabar con el curro de las privatizadas, con tarifas impagables, nacionalizando las empresas bajo control de los trabajadores para tener tarifas de servicios públicos y transporte acorde al bolsillo de los trabajadores y el pueblo. En definitiva un plan al servicio de las mayorías y que ajuste a los ricos y poderosos que se vienen beneficiando desde hace décadas con todos los gobiernos y a los que Milei les está regalando el país.

