De la pira de Héctor. Al rito pagano ricotero

Indio Solari

Por Marcos Sierras

La historia de la humanidad se puede contar a través de la forma en que despedimos a nuestros dioses terrenales. En la Ilíada, Homero detalla con precisión quirúrgica el final del héroe troyano: las exequias de Héctor duraron once días. Once jornadas en las que el enemigo concedió una tregua sagrada para que un pueblo entero llorara a su protector, recolectara leña, encendiera una pira colosal y guardara sus cenizas en una urna de oro envuelta en mantos de púrpura.

Hoy, tres milenios después, el anuncio de que las exequias del Indio Solari se extenderán durante días no hace más que revalidar una premisa: hay mortales que, por el peso de su leyenda, exigen rituales que escapan a la lógica del tiempo moderno y se mudan directamente al territorio del mito.

Foto. Marcos Sierras

El héroe homérico: No era solo un guerrero; era el muro de contención de una comunidad. Su muerte desarmaba el orden social. Las mujeres troyanas, lideradas por Andrómaca y Hécuba, entonaban lamentos que funcionaban como catarsis colectiva.

-El héroe ricotero: El Indio Solari construyó, quizás sin buscarlo en un principio, la comunidad de fieles más grande del rock hispanoparlante. Sus “misas” ya eran de por sí rituales de peregrinación, barro y mística. Su despedida física no puede ser un trámite de veinticuatro horas en un cementerio privado; requiere la temporalidad de las grandes epopeyas. El dolor de la pérdida de un ídolo popular no se procesa en la intimidad; se expía en la multitud.

Foto. Marcos Sierras

La pira y el pogo

 La gran diferencia radica en el origen de la divinidad. Mientras que Aquiles era hijo de una diosa y Héctor el heredero de un trono, el Indio Solari es un dios de barro, forjado en los márgenes, en la resistencia cultural y en la poesía críptica que le dio voz a los desposeídos. Sus exequias de varios días no están organizadas por un rey, sino autogestionadas por una marea humana que necesita ese tiempo para asimilar este duro golpe.

La extensión de estos funerales no es un capricho organizativo; es una necesidad física. Así como los troyanos necesitaban nueve días para acarrear la madera desde los montes antes de encender el fuego, los fieles ricoteros necesitan días para llegar desde cada rincón del mapa para llorar, cantar, gritar y hacer un duelo en comunidad.

Foto. Marcos Sierras

Al final, cuando el humo de la pira de Héctor se disipó, Homero cerró su obra diciendo: “Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos”. Cuando se apaguen las luces del último día de la despedida del Indio, la crónica periodística dirá algo similar: Así despidieron al hombre que inventó el pogo más grande del mundo.

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