La FUBA no nació para ser una escribanía
La FUBA no nació para ser una oficina privada de la Franja Morada, ni una mesa de reparto de sellos entre radicales, peronistas y socios menores del rectorado. Nació en 1908, antes incluso de la Reforma Universitaria, al calor de un movimiento estudiantil que empezaba a cuestionar una universidad cerrada, elitista y antidemocrática.
Pero la mejor tradición del movimiento estudiantil argentino nunca fue mirarse el ombligo universitario. Fue poner la universidad al servicio de las grandes luchas de su tiempo. En 1918, la rebelión estudiantil de Córdoba abrió un proceso nacional y latinoamericano. El Primer Congreso Nacional de Estudiantes no fue una pantomima ni un trámite de aparato: discutió un programa para transformar la universidad, con autonomía, cogobierno, concursos docentes, asistencia libre y democratización real.
Esa Reforma, en su momento más vivo, no fue solo una pelea por estatutos. Fue deliberación, huelga, conflicto, organización y búsqueda de una universidad conectada con los problemas del pueblo trabajador. Por eso la consigna de unidad obrero-estudiantil no es un invento posterior ni una frase decorativa: atraviesa los momentos más altos de nuestra historia.
Décadas después, en 1969, el Cordobazo mostró hasta dónde puede llegar esa alianza cuando estudiantes y trabajadores golpean juntos. Obreros de SMATA, UTA, Luz y Fuerza y otros gremios, junto al movimiento estudiantil cordobés, enfrentaron en las calles a la dictadura de Onganía y abrieron una crisis nacional. No fue una postal romántica: fue la demostración práctica de que cuando la bronca estudiantil se une con la fuerza social de la clase trabajadora, puede hacer temblar a un régimen entero.
Por eso, lo que ocurrió este 6 de junio en el Congreso de la FUBA no fue simplemente “un congreso más”. Fue una caricatura degradada de esa historia. Una pantomima estudiantil, vaciada de participación, sin debate real ni orientación para defender la universidad pública frente al ajuste de Milei.
Mientras la universidad se cae a pedazos y el gobierno se niega a aplicar la ley de financiamiento universitario, las fuerzas del reformismo revalidaron la conducción de la federación como quien renueva la administración de una oficina privada: sin estudiantes, sin asambleas, sin plan de lucha y sin ninguna voluntad de coordinar con docentes, no docentes ni con los sectores obreros y populares que también están enfrentando el ajuste.
En cualquier momento esto sería grave. Pero con docentes y no docentes cobrando salarios de pobreza, con miles de estudiantes expulsados de hecho por el ajuste y con un gobierno que busca quebrar toda resistencia social, este accionar se vuelve directamente criminal. Porque una FUBA a la altura de su historia debería estar organizando asambleas masivas, unificando facultades, coordinando con sindicatos combativos, docentes, no docentes, el Garrahan, jubilades y todos los sectores en lucha. No escondiendo congresos, censurando delegades y blindando acuerdos de aparato.
El gobierno ajusta, el reformismo censura
Nada esperábamos del radicalismo más que lo de siempre: darle la espalda al estudiantado. Pero hoy esa orientación no es solo una maniobra burocrática. Es una complicidad directa con el ajuste. Para pasar su ofensiva contra la universidad pública, Milei necesita cómplices que contengan al movimiento estudiantil. Y ahí aparece el reformismo universitario, siempre listo para administrar centros, negocios y federaciones, pero nunca para organizar una pelea de conjunto.
Mientras Milei atraviesa uno de sus peores momentos, entre escándalos de corrupción, una situación económica que se agudiza día a día y movilizaciones que empiezan a mostrar que hay fuerza social para enfrentarlo, el frente reformista —Nuevo Espacio, EDI, Franja Morada, Nuevo Derecho, REfadu, Alternativa Académica, FEI, Espacio Exactas y compañía— revalidó su conducción con un modelo claro: centros de estudiantes convertidos en gestoras de servicios, federaciones vaciadas y una alianza política con el rectorado de Yacobitti.
El congreso fue un show de autobombo de un sector que tiene muy poco para festejar. Y como la intención nunca fue que el movimiento estudiantil debatiera cómo enfrentar el ajuste, censuraron a les delegades que queríamos hacer uso de la palabra, definiendo unilateralmente intervenciones de un minuto. Un minuto. Casi como un chiste mal contado, salvo porque la situación no tiene nada de graciosa. Incluso llegaron al punto de expulsar por la fuerza a un estudiante de la facultad de la mano de una patota privada de la Franja.
La Franja administra, el peronismo contiene
Pero no alcanza con hablar solo de la Franja Morada. El peronismo universitario y sus variantes —La Cámpora, La Mella, Movimiento Evita, JUP y compañía— también son responsables. Revalidaron su secretaría general de la FUBA y vienen jugando el mismo rol: contener al movimiento estudiantil, administrar sus propios espacios y evitar que se desarrolle una respuesta de conjunto.
Donde dirigen centros de estudiantes se niegan a impulsar un verdadero plan de lucha unificado. No convocan asambleas reales, no ponen los centros al servicio de organizar la bronca y, como sucede en FADU, dejan pasar el ajuste mientras miles de estudiantes cursan en condiciones cada vez peores.
No quieren derrotar a Milei. Quieren ser una “oposición responsable”, es decir, una oposición que no desborde, no organice y no moleste demasiado. En las facultades donde tienen decanatos aliados, como Filo y Sociales, administran el ajuste con discurso progresista. Se sacan fotos defendiendo la universidad pública, pero cuando hay que votar un plan de lucha, convocar asambleas o enfrentar al rectorado, miran para otro lado.
El armado de su lista estuvo al servicio de sostener secretarías como sellos vacíos. De fondo tienen acuerdo con el método de conducción del reformismo: congresos cerrados, acuerdos de pasillo, reparto de cargos y cero protagonismo estudiantil. Incluso en distintas facultades se presentaron en unidad o sostuvieron acuerdos comunes, como la JUP en Farmacia o La Mella en Sociales.
Nada más lejos de las preocupaciones reales del movimiento estudiantil. Porque mientras ellos reparten secretarías, cada vez más estudiantes abandonan la universidad por no poder sostener el alquiler, el transporte, los apuntes, la comida o las horas de cursada después de jornadas laborales interminables.
Revolucionar la FUBA, revolucionar los centros
La historia muestra que la FUBA puede ser otra cosa. En 2001, después de 18 años de conducción burocrática de la Franja Morada, una coalición articulada por nuestra corriente, el MST, junto a sectores independientes, recuperó la federación en medio del Argentinazo y del derrumbe del gobierno radical de De la Rúa. Esa experiencia mostró algo clave: cuando la bronca crece por abajo, cuando miles dejan de confiar en las direcciones que administran la derrota, la federación puede volver a cambiar de manos.
Aquella fue una experiencia positiva durante varios años que puso a la FUBA como protagonista de la movilización estudiantil, por la democratización de la universidad, contra la elección a dedo de los decanatos y el rectorado por parte de las camarillas planteando la necesidad del voto directo, sin intermediarios ni ponderaciones a la hora de votar a las autoridades a escala nacional. Aunque luego de un gran proceso el frente de dirección de esa experiencia demostró límites, ante el repliegue del movimiento estudiantil, favoreciendo una lógica malmenorista y con algunos rasgos de aparatismo es fundamental que tener claro que se puede construir una federación distinta.
Con esa experiencia acumulada de aciertos y errores hoy necesitamos retomar ese camino, pero con una tarea todavía más urgente: Revolucionar la FUBA y los centros al servicio de una verdadera alianza educativa, obrera y popular contra Milei independiente de los coaliciones tradicionales de gobierno de ultraderecha y de un peronismo que caducó como experiencia política. No alcanza con declaraciones ni comunicados. Y por eso desde nuestras agrupaciones (La marea, Inconciente Colectivo, Tesis XI, La colectiva y la red ecosocialista) planteamos la necesidad de acciones directas en las calles basado en discusiones en espacios democráticos.
Ante el ajuste del gobierno y la inacción de nuestras herramientas gremiales, es fundamental profundizar la autoorganización estudiantil. Desde el Frente de Izquierda presentamos nuestra lista como única opción independiente de las agrupaciones del reformismo y del peronismo, porque somos quienes venimos impulsando asambleas, acompañando cada lucha y defendiendo la universidad pública en las calles.
Tenemos que terminar con las prácticas burocráticas y de censura que se volvieron normales en la FUBA. La bronca desde abajo crece, Milei atraviesa uno de sus peores momentos y el peronismo sigue hundido en una crisis sin fin. Cada vez más estudiantes empiezan a mirar hacia la izquierda, hacia quienes no esperamos nada de los rectores, los decanos ni las falsas oposiciones.
La FUBA tiene que dejar de ser el sello muerto de quienes se acostumbraron a perder sin pelear. Tiene que volver a ser una herramienta de miles: para unir estudiantes, docentes, no docentes, trabajadores en lucha, jubilades, hospitales, ciencia y cultura en un mismo plan de pelea.
Esa es la tradición que hay que recuperar: la de 1918, la del Cordobazo, la del 2001. No la de los congresos escondidos, los acuerdos de pasillo y las conducciones que se arrodillan frente al rectorado.
Si estás hartx de cursar cada vez peor, de laburar más para estudiar menos, de que te hablen de “defensa de la universidad” mientras vacían los centros y esconden los congresos, no te resignes: organízate con nosotres. Este 25 y 26 de julio sumate a nuestro primer Congreso Nacional de la Juventud. Vamos a discutir una orientación, un programa y una organización para dar vuelta todo. También vamos a ser parte del lanzamiento de un nuevo agrupamiento estudiantil de activistas y luchadores, porque no alcanza con indignarse: hay que recuperar nuestras herramientas gremiales, enfrentar a Milei y barrer a las burocracias que lo dejan pasar.
Val Gómez e Ian Villala

