Colonialismo. Milei reivindicó la conquista de América 

Desde Madrid, el presidente argentino calificó la invasión y colonización de América como una “hazaña civilizatoria” y sostuvo que España llevó la civilización occidental al continente. Un discurso que reivindica a los conquistadores, invisibiliza la violencia contra los pueblos originarios y se inscribe en la cruzada internacional de la ultraderecha.

Una historia escrita desde el poder

Javier Milei volvió a mostrar de qué lado está. Durante una actividad del Nueva Economía Fórum, en Madrid, el presidente argentino reivindicó la conquista española de América y la presentó como una gesta de la que habría que sentirse orgulloso. “Desde mi lugar como presidente argentino pondero a la nación española porque es la que trajo la civilización occidental a América”, afirmó. 

No se trata de una frase aislada ni de una simple interpretación del pasado. Milei eligió celebrar la conquista desde una mirada que coloca a Europa como portadora de la civilización y reduce a los pueblos que habitaban América a receptores pasivos de una cultura supuestamente superior. En esa versión de la historia no hay lugar para la violencia de la colonización, el despojo territorial, el trabajo forzado, la imposición religiosa ni la resistencia indígena.

La conquista no fue una excursión civilizatoria. Fue un proceso de invasión y dominación que transformó por la fuerza las sociedades americanas y puso territorios, riquezas y población al servicio de los intereses coloniales. Presentarla como una gesta gloriosa significa reivindicar a los conquistadores mientras se borra la experiencia histórica de quienes sufrieron la colonización.

En su discurso, Milei sostuvo que España conectó a América con una tradición que comenzaba en Grecia, atravesaba Jerusalén, fundaba Roma y se consolidaba en Europa con el cristianismo. También aseguró que la conquista aportó instituciones, conocimiento, religión y progreso. 

Esa narración omite una pregunta fundamental: ¿progreso para quién y a costa de quién? La colonización implicó apropiación de tierras y recursos, sometimiento de poblaciones y destrucción o subordinación de numerosas formas de organización social y cultural. Los pueblos originarios no estaban esperando que Europa les llevara la civilización: tenían sus propias sociedades, conocimientos, lenguas, sistemas productivos y formas de comprender el mundo.

Reivindicar la conquista también significa desconocer siglos de resistencia indígena y las luchas actuales por el territorio, la identidad y los derechos de esas comunidades. La historia de América no puede contarse solamente desde la perspectiva de quienes llegaron para conquistarla.

La posición de Milei tampoco representa una supuesta neutralidad histórica. Al hablar como presidente argentino, buscó convertir su valoración personal en una posición institucional, como si la identidad nacional tuviera que construirse a partir del agradecimiento a la potencia colonial. Pero la historia argentina y latinoamericana también está atravesada por las luchas contra la dominación, por las revoluciones independentistas y por las resistencias populares.

La conquista como bandera de la ultraderecha

El discurso de Madrid estuvo acompañado por ataques al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a quien Milei calificó de “impresentable dictador”. Además, llamó a votar contra los “socialistas” y convocó a “sacar a los socialistas a patadas”, en una intervención que se metió de lleno en la disputa política española. 

Milei aprovechó su visita para reforzar su alineamiento con la derecha y la ultraderecha europeas, con referencias a la inmigración como una supuesta “invasión” y a la “izquierda” como enemiga de la civilización occidental. Su reivindicación de la conquista encaja en esa visión: un relato que idealiza el pasado imperial, presenta a Europa como modelo civilizatorio y demoniza a quienes cuestionan las desigualdades y las relaciones de poder.

No es casual que el Presidente pretenda hablar en nombre de la libertad mientras glorifica una conquista basada en la imposición y la subordinación. La libertad que reivindica parece tener una frontera muy precisa: no alcanza a los pueblos que resistieron la colonización ni a quienes hoy cuestionan el orden económico y social que defiende.

Contra el colonialismo y sus herederos

La conquista de América no puede separarse de la apropiación de riquezas, la explotación de la población y la subordinación de los territorios colonizados a las necesidades de las potencias europeas. Tampoco puede entenderse sin las resistencias que atravesaron aquel proceso y que continúan, bajo otras formas, en las luchas de los pueblos originarios.

La independencia política de los países latinoamericanos no borró todas las relaciones de dependencia. La disputa por los bienes comunes, la tierra y la soberanía sigue siendo parte de la realidad del continente. Por eso, la reivindicación de Milei no es solamente una provocación sobre el pasado: dialoga con una política que coloca los intereses del capital por encima de las necesidades populares y que busca profundizar la apertura económica y la entrega de recursos estratégicos.

Frente a ese relato, recuperar la memoria de los pueblos originarios y de las resistencias anticoloniales es también una forma de discutir el presente. No hay motivo para celebrar una conquista que se impuso sobre sociedades enteras ni para aceptar que la historia de América sea contada exclusivamente desde la mirada de sus conquistadores.

Milei habla de civilización y libertad, pero elige como motivo de orgullo una empresa histórica de invasión y sometimiento. La verdadera memoria de América está también en quienes resistieron, defendieron sus territorios y siguen peleando por sus derechos.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros