A 59 años de su asesinato, el Che continúa siendo una referencia para millones de personas que luchan contra la explotación y el imperialismo. Recuperar su legado exige también debatir sus estrategias y las lecciones de las revoluciones del siglo XX.
De Rosario a la Revolución Cubana
El 9 de octubre de 1967, Ernesto “Che” Guevara fue asesinado en Bolivia después de ser capturado por el ejército boliviano. La orden de ejecutarlo buscaba terminar con un revolucionario que había convertido la lucha contra el imperialismo en una causa internacional. Sin embargo, su muerte no logró borrar su figura. Casi seis décadas después, su rostro sigue presente en movilizaciones, banderas, murales y protestas de trabajadores y jóvenes en distintos lugares del mundo.
El Che trascendió las fronteras de Argentina y Cuba porque entendió que la miseria, la explotación y la opresión no eran problemas aislados de cada país, sino parte de un sistema económico y político. Su recorrido por América Latina, sus experiencias en Guatemala y su participación en la Revolución Cubana contribuyeron a consolidar una perspectiva anticapitalista y antiimperialista que lo llevó a dedicar su vida a la lucha revolucionaria.
Pero recordar al Che no puede reducirse a reproducir una imagen ni a convertir su trayectoria en una leyenda intocable. Su legado también plantea debates estratégicos fundamentales para quienes buscan transformar la sociedad.
Nacido en Rosario en 1928, Guevara estudió Medicina y recorrió distintos países de América Latina. En esos viajes conoció de cerca la pobreza, las desigualdades sociales y las condiciones de vida de los sectores más explotados. La experiencia guatemalteca, atravesada por el derrocamiento del gobierno de Jacobo Árbenz en 1954 mediante una operación impulsada por Estados Unidos, profundizó su rechazo al imperialismo.
Posteriormente, en México, se vinculó con Fidel Castro y se incorporó al Movimiento 26 de Julio. La expedición a Cuba y la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista culminaron con el triunfo revolucionario de enero de 1959, un acontecimiento que sacudió el continente y modificó el escenario político latinoamericano.
La revolución avanzó sobre la propiedad de sectores capitalistas, nacionalizó empresas y enfrentó los intereses económicos estadounidenses. El Che ocupó responsabilidades en el nuevo gobierno, entre ellas la presidencia del Banco Nacional y el Ministerio de Industrias, y defendió la necesidad de extender la revolución más allá de las fronteras cubanas.
Su internacionalismo no era una consigna abstracta: consideraba que la emancipación de los pueblos latinoamericanos no podía depender de acuerdos con las potencias imperialistas ni de la buena voluntad de las burguesías nacionales.
Internacionalismo y ruptura con la conciliación de clases
En su mensaje a los pueblos del mundo de 1967, Guevara llamó a multiplicar los focos de resistencia contra el imperialismo. Su planteo expresaba la convicción de que los pueblos debían enfrentar a las potencias que intervenían política, económica y militarmente para preservar sus intereses.
También cuestionó la orientación de la burocracia soviética y sus políticas de coexistencia con el imperialismo, a las que consideraba un obstáculo para la expansión de la revolución socialista. En ese marco, defendió la solidaridad internacional con los pueblos que luchaban contra la opresión.
Uno de sus planteos más conocidos fue que las burguesías nacionales latinoamericanas habían perdido su capacidad de confrontar consecuentemente con el imperialismo. En el Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, sostuvo que las alternativas no podían limitarse a reformas que dejaran intactas las estructuras de explotación.
Esta discusión conserva relevancia para el debate de la izquierda: ¿es posible terminar con la dependencia económica y la desigualdad mediante acuerdos con los sectores empresarios, o es necesario transformar las relaciones de propiedad y el poder político que las sostiene?
Los debates pendientes: guerrilla, clase trabajadora y partido revolucionario
Reivindicar al Che no significa aceptar sin discusión todas sus concepciones políticas. Una mirada crítica de su trayectoria también debe analizar los límites de la estrategia guerrillera que impulsó y las consecuencias que tuvo en distintas experiencias latinoamericanas.
A partir de la experiencia cubana, Guevara desarrolló la teoría del foco guerrillero, que otorgaba un papel central a la acción de un núcleo de combatientes para iniciar y extender la lucha revolucionaria. Esta orientación influyó sobre numerosas organizaciones de América Latina, pero también generó intensos debates dentro del marxismo.
Desde una perspectiva marxista y revolucionaria, el problema del foquismo consistió en convertir una experiencia particular en un modelo trasladable a distintas realidades, sin considerar suficientemente las condiciones políticas, sociales y organizativas de cada país. En determinadas experiencias, esta estrategia tendió a separar la lucha armada de la intervención organizada de la clase trabajadora y de la construcción de organizaciones revolucionarias arraigadas en el movimiento de masas.
La experiencia histórica mostró que el heroísmo y la disposición al sacrificio, por sí solos, no alcanzan para derrotar a un Estado ni para construir una sociedad socialista. La organización de los trabajadores, su participación consciente, la democracia en sus organizaciones y la construcción de una dirección política capaz de intervenir en los grandes procesos sociales son cuestiones estratégicas que no pueden reemplazarse por la voluntad de una minoría, por más decidida que sea.
Estos debates no disminuyen la importancia histórica del Che. Por el contrario, permiten recuperar sus aportes sin convertir sus métodos en recetas universales. La tarea de una izquierda revolucionaria consiste en estudiar las experiencias del pasado, reconocer sus aciertos y errores y elaborar una estrategia vinculada con las condiciones concretas de la lucha de clases.
Una figura que el capitalismo no logra domesticar
La imagen del Che se convirtió en uno de los símbolos políticos más reconocibles del siglo XX. Paradójicamente, también fue incorporada por la industria cultural y transformada en mercancía: su rostro aparece en remeras, afiches y productos comerciales que muchas veces separan su figura de las ideas por las que luchó.
Esa contradicción expresa una disputa por el significado de su legado. Mientras el mercado convierte su imagen en un objeto de consumo, su trayectoria continúa asociada a la rebelión, la solidaridad internacional y la lucha contra la explotación.
El Che también sigue siendo objeto de controversias por su participación en la violencia revolucionaria y por las responsabilidades que asumió en el gobierno cubano. Una recuperación histórica rigurosa no necesita ocultar esos aspectos ni aceptar sin examen las interpretaciones que se hacen de ellos. Es posible discutir críticamente su trayectoria sin borrar el contexto de enfrentamiento político y militar en el que actuó.
El legado del Che, entre la memoria y la lucha presente
A 59 años de su asesinato, recordar al Che significa volver sobre una pregunta que atraviesa toda su trayectoria: cómo terminar con una sociedad organizada sobre la explotación de millones de personas y los privilegios de una minoría.
Su internacionalismo, su enfrentamiento con el imperialismo y su compromiso con la revolución socialista forman parte de un legado que merece ser estudiado y discutido. Al mismo tiempo, las experiencias del siglo XX muestran que la transformación social requiere una estrategia capaz de articular la movilización de masas, la organización de la clase trabajadora y la construcción de una dirección revolucionaria.
No se trata de convertir al Che en un santo ni de repetir consignas sin balance. Se trata de rescatar aquello que sigue abierto en su trayectoria y de discutir, con espíritu crítico, cómo avanzar hacia una sociedad sin explotación ni opresión.
Porque la memoria de un revolucionario no se conserva solamente en una fotografía. También se disputa en las luchas del presente, en la solidaridad entre los pueblos y en la búsqueda colectiva de una salida a las injusticias del capitalismo.

