El jefe de Gabinete expuso en Diputados en medio de denuncias por enriquecimiento ilícito, defendió el ajuste y evitó dar respuestas de fondo. Con el respaldo del gobierno, la jornada dejó más blindaje político que explicaciones.
Siguiendo el guión
Este miércoles, promediando las 10:30 de la mañana, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, expuso en el recinto el informe de la gestión libertaria, que estuvo atravesado por preguntas acerca de las causas de enriquecimiento ilícito que lo rodean.
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No expuso sin antes haber recibido el apoyo del conjunto de los ministros, el presidente y las figuras más importantes del gobierno. A diferencia de Carlos Frugoni, quien fue apartado de su cargo en la Secretaría de Coordinación de Infraestructura luego de que se descubriera que el funcionario “olvidó” declarar siete departamentos en Miami, al exvocero lo acompañan hasta el final.
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En su exposición —una lectura de 1936 páginas— y en las respuestas vacías a las preguntas que los legisladores le realizaron, defendió la gestión económica del gobierno y su rumbo, enorgulleciéndose de las reformas criminales que se realizaron este año, entre las que se encuentran la laboral, la de la ley de glaciares y la baja de la edad de imputabilidad. Además, sostuvo que seguirán esa hoja de ruta de reformas.
Universo paralelo
En sus declaraciones, Manuel Adorni expresó: “No cometí ningún delito y lo voy a probar en la Justicia”, para luego sostener que “nunca ocultó su patrimonio”.
Para sostener ese relato, se apoyó en que la causa que lo puso en el ojo de la tormenta —es decir, el viaje en avión oficial a Nueva York, donde fue a “deslomarse” y para lo cual necesitó la presencia de su esposa— fue archivada por la Justicia. Sí, la misma Justicia que viene limitándose en la investigación de las múltiples causas que rodean al gobierno: $LIBRA, ANDIS, entre otras.
Sobre los gastos, el funcionario sostuvo: “He afrontado yo mismo los pagos de todos los viajes que realicé con mi familia. Se circunscribieron a vacaciones personales y de mi círculo familiar”. Todo está dicho: lo que le falta presentar al jefe de Gabinete son las facturas correspondientes que avalen lo declarado.
Por las dudas, se cubrió en su relación con el empresario que figuró pagando su viaje a Punta del Este, expresando: “No existe contrato alguno celebrado entre la TV Pública y el periodista Marcelo Grandio”.
Por otro lado, también se refirió a la situación de su pareja, Bettina Angeletti, sosteniendo que “no existen ni existieron contratos entre el Estado nacional y mi cónyuge, ni directa ni indirectamente”, y aclaró que la declaración jurada de sus bienes es privada, a diferencia de la suya como funcionario. Un guiño sobre por dónde podrían aparecer los ingresos para justificar el estilo de vida de lujos, con viajes a paraísos y adquisiciones de propiedades multimillonarias de la familia “adornada”.
Para quienes aún pensaban que le quedaba alguna dignidad a Adorni, el exvocero dejó en claro que no: “Respecto a la pregunta de si voy a presentar la renuncia o continuar, quiero dejarles en claro a todos que no. Estoy acá dando la cara”. Claro, con cara de piedra, es más fácil.
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Una mentira, tras otra
Por último, Adorni intentó generar lástima, sosteniendo que “las manifestaciones que se realizaron públicamente relativas al costeo por terceros de viajes son tendenciosas y, además, falsas. Tendenciosas y falsas”. Por lo menos, no repitió nuevamente que las imágenes eran deepfake de inteligencia artificial.
En cambio, afirmó que “solo se debe a la gente común” y que defiende “el interés de los que trabajan, estudian y se esfuerzan”. Si lo que declaró en cuanto a sus causas ya formaba parte de un universo paralelo, esto último es una irrealidad absoluta. Lejos de defender el interés de quienes trabajamos, estudiamos y hacemos funcionar el país, este gobierno no deja de destruir puestos de trabajo, pauperizar los salarios y las jubilaciones, y atacar a la educación y a las universidades públicas.
El gobierno se abroqueló en defensa del corrupto Adorni, siendo la cara de gran parte de las medidas libertarias, mientras los movimientos de la Justicia complacieron nuevamente al Poder Ejecutivo. Como hemos planteado, si el funcionario realmente quisiera transparencia, debería dejar el cargo y permitir una investigación de una comisión independiente que vaya hasta el final. De esa forma, se podría castigar a esta poderosa casta que se nos ríe en la cara.

