Nicolás Vetromile, montajista, docente de la ENERC y Delegado General Adjunto comisión interna de ATE INCAA, nos comparte una reflexión sobre la carrera de Adolfo Aristarain a días de su muerte.
Aristarian fue uno de los directores de nuestro cine que construyó su carrera comenzando a trabajar desde diferentes roles de la producción hasta llegar a poder dirigir sus propias películas.
Comenzó siendo un niño autodidacta que en su adolescencia tenía en un programa en Radio Nacional donde leía traducciones propias de poemas de Dylan Thomas.
Sus primeros pasos en el cine fueron en Brasil como montajista y luego en España ya como asistente de dirección. Colaboró con grandes directores desde mediados de los ´60 como Mario Camus, Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng, Peter Collinson, Daniel Tinayre y Sergio Renán.
Hasta que en 1978 realiza su ópera prima: “La parte del león”, un policial con Julio de Grazia, Luisina Brando y Fernanda Mistral.
Luego con Aries Cinematográfica realiza dos películas al hilo, “La playa del amor” y “La discoteca del amor”, ambas en el marco de la dictadura, como muchas otras donde Adolfo fue director de producción, asistente de dirección y director.
En 1981 realizó “Tiempo de Revancha”, otro policial tenso que ganó los Festivales de La Habana y Montreal. La película ocultaba ciertas críticas a la Dictadura que no pudieron ver para censurar. Hoy considerada una de las mejores películas argentina de la historia.
Al año siguiente en 1982, estrena “Últimos días de la víctima” de la novela homónima de José Pablo Feinmann, con también pinceladas críticas a la dictadura.
En ambas películas se erige la figura de Federico Luppi, actor fetiche del director que luego del “Romance del Aniceto y la Francisca” había construido una carrera de actor duro y que se termina de consolidar con Aristarain a través de Aries Cinematográfica, productora donde realizó increíbles películas.
En 1987 realiza en inglés “The Stranger”, una producción norteamericana que termina teniendo la distribución de Columbia Pictures, con varios actores y actrices argentinos pero con norteamericanos como protagonistas.
En 1992, realiza “Un lugar en el mundo” con un gran elenco y se convierte en una película argentina emblema de nuestro cine. Su trunca participación en los premios Óscar, la enaltecieron aún más. Ganó el Goya y el Festival de San Sebastián.
En 1995 estrena una película en coproducción con España, “La ley de la frontera”, una película de época que cuenta las andanzas de dos ladrones, una fotógrafa y un bandolero argentino a principios del siglo XX.
En 1997 estrena “Martín (Hache)” con otra vez Federico Luppi y Cecilia Roth entre las filas del elenco. Película que cosechó numerosos premios en diferentes festivales.
En 2002 estrena “Lugares comunes” y en 2004 “Roma”.
Todas sus películas son muy reconocidas en los festivales de habla hispana, con numerosos premios y también muchas de ellas en coproducción con España.
Películas de historias profundas, de padres e hijos, de diálogos sumamente poéticos y de una dialéctica intrincada que llevaba a la profundidad de los sentimientos. Con críticas a las posiciones dominantes por encima de los oprimidos.
En 1994 cuando se promulgó la mayor modificación a la Ley de Cine de 1968, Adolfo era el vicepresidente de DAC (Directores Argentinos Cinematográficos).
Sus últimos años, Adolfo estuvo muy presente a través en la pelea por mantener los Fondos Específicos para la Cultura en 2022 y 2023 y con el gobierno de Milei fue el primer director en decir que el gobierno nos conducía a la destrucción del cine. Fue muy crítico con la gestión del INCAA en estos dos años y muchos medios lo tildaban de controvertido pero en realidad, fue totalmente consecuente con sus principios y con las historias que cuenta su propio cine.
Se fue uno de los imprescindibles, uno de esos que con sus películas nos hacía reflexionar y pensar, que ponía con mucho detalle la crítica al sistema opresor.
Se fue un grande…
Se nos fue Adolfo Aristarain, nos queda su obra…

