A quienes se defraudaron y descreen del peronismo. Derrotar a Milei sin volver al pasado

El artículo integra el número 866 del periódico mensual impreso, Alternativa Socialista, editado por el MST en colaboración con PDI.

La crisis del gobierno ultraderechista profundiza las contradicciones de un modelo que castiga a las mayorías. Pero su desgaste abre una discusión de fondo: ¿la salida es un frente anti Milei con esas mismas fuerzas que gobernaron antes o construir una alternativa distinta? Gran parte de quienes acompañaron al peronismo expresan decepción, rechazo y búsqueda. A ellos nos dirigimos, planteando un debate estratégico: cómo derrotar a Milei sin volver al pasado.

El gobierno nacional atraviesa una etapa donde sus promesas chocan con los resultados de su gestión: inflación, bajos salarios, jubilaciones y programas sociales de miseria, precarización laboral, falta de expectativas para la juventud y deterioro de los servicios públicos. Estas y otras carencias se dan a la par y como consecuencia de la eliminación de controles, la desregulación económica, los beneficios para los sectores exportadores y el pago de la estafa de la deuda, sin ningún “derrame” para las mayorías.

Al contrario, el costo cayó sobre trabajadores, jubilados, estudiantes y sectores populares. El ajuste fue presentado como una necesidad inevitable, pero el sacrificio recayó sobre millones, mientras los capitalistas y el Fondo aumentaron sus ganancias y el saqueo de la riqueza socialmente producida.

La crisis no empezó con Milei

Una explicación simplista dentro del peronismo intentó presentar la llegada de La Libertad Avanza como un fenómeno aislado. Según esa mirada, Milei habría llegado por una campaña comunicacional exitosa, por la influencia de las redes y un fenómeno de enojo pasajero…

Pero esa lectura deja afuera una cuestión fundamental: la existencia del desastre social previo. Negar ese balance y ocultar su responsabilidad en la catástrofe que trajo a esta ultraderecha impide cualquier cambio en sentido correcto y prepara otra frustración. Milei pudo crecer porque había un malestar real.

Durante el gobierno de Alberto, Massa, Cristina y el PJ, los trabajadores vieron cómo sus salarios perdían ante una inflación que trepó a más del 200%. Familias enteras, trabajadores y sectores sociales debieron multiplicar sus esfuerzos para sostener niveles de vida cada vez más bajos.

Los jóvenes encontraron un mercado laboral marcado por la precarización. Muchos profesionales empezaron a sentir que sus títulos no garantizaban un futuro mejor. La crisis habitacional, el aumento de los alquileres y la dificultad para acceder a una vivienda propia profundizaron una sensación de incertidumbre.

Esa decepción y descrédito no apareció de la nada. El gobierno de Alberto, CFK y el PJ terminó de profundizar una frustración especialmente fuerte porque había llegado prometiendo una recuperación después del ajuste y entrega del macrismo.

Sin embargo, esa gestión terminó atravesada por acuerdos y pagos religiosos al Fondo Monetario Internacional; inflación descontrolada y fuerte pérdida salarial, laboral, previsional; alta informalidad; ajuste educativo y en salud; privatismo en áreas claves y marcado extractivismo. Así, para muchos trabajadores, jóvenes, mujeres, adultos mayores, activistas ambientales y luchadores que habían esperado una mejora, esa experiencia significó una nueva y dura frustración.

¿Volver? ¿A qué o para qué?

Frente al avance del gobierno libertario y al desgaste de su proyecto, parte importante de la dirigencia peronista volvió a instalar una consigna conocida: “volver”. La idea aparece como respuesta a la ofensiva de Milei. Para muchos en el PJ, la tarea sería reconstruir una mayoría política capaz de derrotar electoralmente al oficialismo y recuperar el gobierno.

El Movimiento Derecho al Futuro del gobernador bonaerense y otros exponentes del PJ como Pichetto lo traducen en su llamado a conformar un frente anti Milei, al que se suma Juan Grabois con su movimiento Patria Grande, quien propone una “gran interna” en la que incluye a Kicillof, Wado de Pedro del kirchnerismo, a Massa, a Llaryora y al ala aún más derechosa de Pichetto o Guillermo Moreno, el mismo que propone sumar a Villarroel, la defensora de genocidas.

También Cristina, Máximo Kirchner y otros referentes expresan variantes de reorganización de este espacio como el mayor sector opositor, postulándose como supuestamente “útil”, apelando a un conservador sentido común y aparecer como el “mal menor” ante la ultraderecha.

Hasta CFK plantea “reconstruir una nueva mayoría popular” repitiendo una lógica electoralista que no cambia nada, con un vaciado concepto de “unir fuerzas” sin mucho más. Cada uno, con sus matices, plantea una discusión sobre cómo enfrentar al gobierno nacional y cómo reconstruir una alternativa.

Solo que más allá de las internas, existe una pregunta que atraviesa este debate: ¿volver con quién? Y sobre todo, ¿para qué? Porque el problema no sería solo quién conduce el peronismo. No se trata de nombres, liderazgos o candidaturas. La discusión de fondo es qué proyecto político representaría esa fuerza si llegara a “volver” a ser gobierno.

Porque la experiencia muestra que no alcanza con presentarse como oposición a la derecha para garantizar una política a favor de las mayorías. Las últimas experiencias con gobiernos del PJ evidenciaron contradicciones insalvables, debido a la esencia de quienes conducen esta fuerza, donde la clase obrera nunca fue la “cabeza” del movimiento y dista mucho incluso de ser “la columna vertebral”, como se decía.

Seduciendo al capital

Al contrario: al PJ lo manejan funcionarios políticos que responden al sistema capitalista, al que hace mucho no combaten, como entonaba la marcha peronista. Justamente, lejos de combatir al capital, lo buscan seducir y reivindican como el único sistema viable y exitoso. Hasta CFK lo repite: “el capitalismo se ha demostrado como el sistema más eficiente y eficaz para la producción de bienes y servicios”.

Incluso Grabois busca darle un rostro humano que no tiene. Ya que el capitalismo solo es pobreza, saqueo, guerra, genocidio, destrucción, contaminación, deuda y ajuste a los pueblos del mundo para que el 1% de mega millonarios concentre las mayores fortunas en la historia de la humanidad.

Es que el PJ es un partido burgués, pilar del régimen de explotación capitalista, más allá de su base de votantes y la simpatía popular que supo tener. Así ocurrió con Menem, quien abandonó las patillas y el poncho para aplicar un salvaje ajuste neoliberal. Luego, en la “década desaprovechada” y más acá, con el “dedo” de Cristina imponiendo a Alberto y luego a Massa, el amigo de la embajada yanqui.

Los cambios que necesitamos no vendrán de la mano de quienes comandan hoy al PJ en las provincias, ajustando también pero con otros modales a docentes, estatales, salud y sectores populares. Como pasa en Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, Tierra del Fuego, Formosa. O incluso quienes le dan apoyo abierto y los votos necesarios a Milei en el Congreso, como los gobernantes peronistas de Tucumán, Salta y Catamarca.

Mientras prometen defender a los trabajadores, terminan gobernando para los ricos y el FMI. La cuestión entonces no puede ser solo cómo derrotar a Milei. La pregunta es qué hacer, qué programa aplicar y para qué clase y sector social gobernar.

Porque si las condiciones que permitieron la llegada de este engendro reaccionario se reproducen hoy donde el PJ gobierna, la historia seguramente vuelva a repetirse. Cuando es necesario aplicar una política opuesta, que priorice realmente —y no solo en el relato— a la clase obrera, los sectores medios y populares.

Internismo que no cesa y asquea

La fragmentación interna marcó profundamente la última experiencia del peronismo en el gobierno. Luego de la derrota de 2023 la situación no cambió, al contrario: se intensificó. En la actualidad hay un enfrentamiento sin trincheras entre la figura de Kicillof como gobernador bonaerense y Máximo como referente de La Cámpora.

El sector más fiel a Cristina sostiene que su camino debe ser de San José 1111 a la Casa Rosada, mientras los sectores detrás del gobernador ganan espacio y lugares de decisión. Por eso Máximo soltó en el banderazo por la libertad de CFK en Parque Lezama: “Queremos tener una candidata y no candidatos por default”.

Esta interna no debate contenido programático ni proyecto, sino en esencia quién encabeza o posee la lapicera. Elemento que asquea y colabora con el hartazgo de miles hacia la lógica del PJ y de toda la política patronal.

Ausencia en las calles

Uno de los puntos centrales del debate es la orientación política frente al gobierno. Mientras Milei avanza con reformas regresivas, la dirigencia pejotista concentra sus esfuerzos en desviar toda potencial salida hacia la futura disputa electoral en 2027.

La discusión hacia las presidenciales es importante, y desde la izquierda tenemos propuestas, pero no puede reemplazar la movilización y la organización social. La historia demuestra que los grandes cambios surgieron de los reclamos en las calles. Las conquistas laborales, los derechos sociales y las transformaciones más profundas estuvieron vinculadas a momentos de movilización popular.

Sin embargo, ante el ataque a conquistas obreras, sociales y democráticas arrancadas con décadas de lucha, la respuesta del PJ y de quienes le responden fue más que insuficiente y dejaron hacer. La conducción sindical, especialmente la burocracia entreguista de la CGT, tuvo una política marcada por la negociación con el gobierno, cuando no el pasilleo en el Congreso o la vía muerta de los tribunales.

Los paros generales realizados fueron arrancados por la presión de las bases, el activismo y los sindicatos e internas combativas. Fueron aislados, sin un plan de lucha, y no estuvieron al servicio de construir una estrategia capaz de frenar las reformas. Porque si la CGT (que apoya a Kicillof) y el PJ quisieran y convocaran en serio a movilizar, Milei y su ajuste no durarían un minuto más.

Dejan correr la motosierra para que haga el trabajo sucio del ajuste, apostando a su desgaste y a un posible gobierno capitalista del PJ. Donde la bronca social se canalice votando al “mal menor”, aunque solo implique otra estafa y defraudación.

Por eso la CGT no movió un dedo cuando el gobierno se hundía y apelaba a Trump y al Tesoro yanqui para salvarse. Cuando Milei tambaleó, le dieron sobrevida para que se recupere y siga con su ajuste. Por otro lado, en el Congreso distintos sectores del peronismo negociaron o acompañaron iniciativas del oficialismo. Esto genera una contradicción evidente.

Mientras millones necesitan organizarse para defender sus derechos, el peronismo y sus dirigentes gremiales apuestan a esperar el próximo turno electoral. Pero el ajuste no espera. La pérdida salarial no espera. Los despidos no esperan. La destrucción de derechos tampoco.

Lo vimos tras la derrota de 2025, al no haber ni una autocrítica de ninguna tribu peronista ante una campaña que solo llamaba a “frenar a Milei” en las urnas, mientras el PJ se borraba de las calles y le garantizaba gobernabilidad. Una vez más, ese famoso “voto útil” peronista fue el más inútil de todos: no frenó a Milei, sino que le permitió retomar la iniciativa y aprobar la reforma laboral esclavista. Rifando conquistas históricas que reivindicaba el peronismo en sus orígenes, como los convenios colectivos, la estabilidad, la indemnización por despidos, las vacaciones pagas o las horas extras. Por eso, como decimos, es ahora y en las calles.

El gobierno bonaerense y los límites del relato 

Otro debate aparece al observar las actuales experiencias de gobierno del PJ. Como decíamos, el distrito gestionado por Kicillof es un ejemplo, al ser la provincia más rica y su pueblo pobre… Mientras el gobierno nacional aplica un ajuste brutal, la administración provincial permite que los problemas estructurales afecten a millones de trabajadores y sectores populares, sin tocar a los ricos y poderosos.

Salarios estatales deteriorados, conflictos docentes, dificultades en el sistema sanitario y problemas de infraestructura forman parte de una realidad cotidiana. ¿Alcanza con administrar “mejor” un Estado limitado por el ajuste y la deuda? ¿O hace falta transformar las bases económicas que determinan quién gana y quién pierde?

El debate político no puede reducirse a una disputa entre administradores del capital. La discusión es qué intereses y sectores sociales o de clase priorizar. Porque hasta gobiernos que se dicen progresistas terminan gobernando bajo las condiciones impuestas por las grandes empresas, bancos y organismos financieros.

Es el caso del gobierno bonaerense y de las otras provincias donde el PJ se sostiene en el poder. Kicillof lleva 6 años gobernando y el PJ lo hizo durante 36 de los últimos 43 años, pero crecen la pobreza y la desocupación, mientras las exportaciones son récord, los ricos son cada vez más ricos y casi no pagan impuestos en el distrito con los mayores recursos del país.

Desde adentro no cambia nada

La idea tiene larga historia. Miles de honestos militantes intentaron disputar espacios dentro del movimiento justicialista para darle una orientación más cercana a los trabajadores. Pero la experiencia muestra los límites repetidos. Cuando las grandes decisiones económicas estuvieron en juego, las estructuras dirigentes del PJ terminaron privilegiando acuerdos con sectores del poder.

El problema no es de voluntad ni cálculo o “astucia” para pelear por dentro. El problema es esta estructura política misma, adaptada al capitalismo. La idea de que el peronismo pueda ser empujado a una salida anticapitalista vuelve a chocar con una dificultad central: sus principales dirigentes no cuestionan las bases del sistema.

La propia Cristina suele resaltar que los capitalistas nunca ganaron tanto como con sus gobiernos. Lo dijo en la ex ESMA ante la juventud, al cuestionar a la izquierda, y al hablar en la Bolsa: “En este gobierno, que puede no gustarle a algunos porque somos peronchos, la verdad que nunca los bancos y empresas ganaron tanta plata como durante este gobierno, nunca. Y lo digo con orgullo”, afirmó.

Incluso las expresiones más críticas plantean una discusión limitada a cómo administrar la economía, pero no necesariamente a quién debe controlarla. Y ahí aparece una diferencia estratégica. Para la izquierda, el problema no es solo la injusta distribución de la riqueza producida por la clase trabajadora y el pueblo, también es quién decide sobre esa riqueza: en este sistema, mientras el 1% más rico controla sectores estratégicos como energía, alimentos, bancos y el comercio exterior, el 99% de la sociedad nos vemos sometidos a esos intereses.

No hay capitalismo “humano”

Dentro del debate también aparece el planteo de sectores que buscan renovar al peronismo desde una perspectiva más social. Grabois lo expresa con su crítica al modelo neoliberal, al plantear una sociedad con mayor igualdad, cuestionar la concentración económica y denunciar la precarización.

Sin embargo, la pregunta es si alcanza con construir un capitalismo más regulado, con mayor intervención estatal y políticas redistributivas, o si el problema de fondo exige avanzar contra la estructura capitalista que garantiza que un pequeño grupo concentre y se apropie en forma privada de la riqueza socialmente producida.

Porque la experiencia histórica muestra que cuando los gobiernos intentan modificar la distribución sin tocar los intereses de los sectores dominantes, estos reaccionan. Las corporaciones condicionan las políticas, presionan sobre el mercado cambiario, trasladan precios y utilizan su poder para defender sus privilegios.

Una sociedad realmente justa y soberana no puede limitarse a “administrar” un sistema donde las decisiones económicas fundamentales están en manos privadas. Por eso la discusión sobre la salida no es solamente económica. Es una discusión de poder.

Las tres banderas te las debo

La discusión entonces es qué alternativa aparece ante el fracaso de Milei. Porque existe un riesgo concreto: que el desgaste del gobierno libertario abra la puerta a una reconstrucción de las mismas fuerzas políticas que generaron la crisis previa. Y la historia argentina tiene ejemplos donde gobiernos que llegaron como respuesta a crisis profundas terminaron sin resolver las causas estructurales. Como Menem luego de la hiperinflación de Alfonsín, que prometió “salariazo” y “revolución productiva”, pero aplicó un feroz ajuste, entrega y saqueo, gobernando con la derecha de Alsogaray y pulpos como Bunge & Born.

Es que el PJ no promueve la lucha, sino la conciliación de clases como una falsa conciencia ya que “lo bueno para el patrón es malo para el obrero”. Por eso las tres banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica ya no están representadas en el proyecto peronista. Solo las levantamos en el programa de transformación del FIT Unidad como parte de una lucha a retomar desde una perspectiva socialista, con la participación activa de trabajadores, jóvenes y sectores populares.

Cambiar nombres o alianzas electorales no alcanza si se mantienen las mismas relaciones sociales, económicas y de poder. No se trata de elegir entre el ajuste de derecha y una vuelta a un pasado que también dejó frustraciones. Se trata de construir algo nuevo.

Una invitación ante la crisis de representación 

Uno de los elementos claves del momento actual es la existencia de millones que no encuentran representación. Parte de quienes votaron a Milei revisan su apoyo. También existe una generación joven que no se siente identificada con las viejas estructuras. Pero sobre todo hay un giro a izquierda en sectores que históricamente votaron al peronismo, planteando un desafío inédito.

Esta situación abre una disputa política. Y la posibilidad de que aparezca una nueva alternativa capaz de dar salidas de fondo. De hecho, el crecimiento de figuras como Myriam Bregman y otras del Frente de Izquierda Unidad, nos coloca ante el desafío de ser gobierno.

La crisis abre una oportunidad de discutir con millones que están desencantados, quienes apoyaron al peronismo pero sienten que esa experiencia llegó a un límite. La “nueva mayoría” que se necesita no es con el PJ que ya gobernó y fracasó. Debemos avanzar en unidad con quienes honestamente se reivindican peronistas para construir una fuerza capaz de enfrentar a quienes concentran la riqueza y poner en el centro las necesidades populares.

El desafío es construir una alternativa que no administre la desigualdad, sino que la enfrente. Desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad invitamos a quienes se ven defraudados y descreen ya del peronismo a debatir y construir esa opción diferente. Porque sin enfrentar al capitalismo y su Estado patronal, será imposible abordar la desigualdad, lograr la justicia social, soberanía y equidad distributiva. La salida es por izquierda.

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