Podemos hacer historia. El plan de la izquierda para gobernar

Este artículo integra el número 866 del periódico mensual impreso Alternativa Socialista, editado por el MST en colaboración con PDI.

Por Viki Caldera

Como venís leyendo en las notas anteriores, en nuestro país se presenta un escenario histórico: por primera vez la decepción masiva frente a gobiernos que fracasan lleva a un sector enorme de la población a mirar a la izquierda revolucionaria como opción de gobierno. A aquellos que de verdad queremos ir hasta el final para romper con toda la estructura capitalista y garantizar una vida digna para las mayorías. Para hacerlo, estamos debatiendo cómo organizarnos, cómo construir una fuerza de cientos de miles de militantes en todo el país, con un objetivo claro: que por primera vez en nuestra historia gobernemos los trabajadores. 

Y en cada diálogo, charla, evento, surgen estas preguntas: ¿Podemos gobernar? ¿Tenemos un plan para hacerlo? ¿Nos dará la fuerza? La base de sustentación de esas dudas son los años de propaganda capitalista, que difunden tanto sus intelectuales y comunicadores como la burocracia sindical que educa en ese imaginario para intentarnos convencer de que solo los ricos pueden gobernar, que la política es algo de expertos y que a los laburantes solo nos queda votar cada 2 o 4 años y —como máximo— resistir sindicalmente en nuestros lugares de trabajo. 

Pero esa mentira hoy queda en total evidencia: son los multimillonarios en el poder los que llevaron al mundo y a nuestro país a este desastre, al abismo absoluto. Son ellos los que nos exponen diariamente a la barbarie. Por eso las guerras, el hambre, el genocidio, la devastación ambiental y la violencia machista son parte de nuestra cotidianeidad. Y del otro lado, somos los laburantes los que hacemos y movemos el mundo entero. Los que ponemos en funcionamiento la energía y el transporte. Los que construimos las casas, edificios, rutas, puentes, escuelas y hospitales. Los que hacemos funcionar el sistema de salud, la educación, los programas sociales. Los que producimos la comida, la tecnología y todo lo que consumimos. Entonces, ¿cómo no vamos a poder gobernar nuestros propios destinos?

Confiar en nuestras propias fuerzas es la primera tarea. La segunda es tener un plan de gobierno para salir de esta miseria. Acá lo compartimos en diez puntos.

1. Priorizar las necesidades urgentes de la gente

La primera tarea de un gobierno de los de abajo es dar respuesta a los problemas urgentes de la población que se centran fundamentalmente en que la plata no alcanza para nada por la terrible recesión económica en la que vivimos. Por eso, lo primero que vamos a hacer es revertir y anular todas las leyes antiobreras y antipopulares que este gobierno aplicó o votó en el Congreso junto a todos sus cómplices. Y junto con eso vamos a encarar un aumento generalizado de salarios, jubilaciones y programas sociales transitorios.

Ningún trabajador puede cobrar menos que el costo de la canasta básica, la que debe medirse de acuerdo al consumo y necesidades reales de los trabajadores y no según el cálculo que le convenga al gobierno y a la patronal. 

A diferencia de este sistema que pretende que trabajemos hasta morirnos, en nuestro gobierno la edad jubilatoria no podrá superar los 60 años y las jubilaciones serán verdaderamente dignas, representando no menos que el 82% móvil del mejor salario y con cobertura plena de las prestaciones de salud y protección social.

El dinero para hacerlo está, pero hoy se lo acumulan en sus bolsillos un puñado de parásitos que amasan fortunas a costa del trabajo ajeno: son los empresarios multimillonarios que concentran la riqueza mientras la mayoría del pueblo pasa necesidades. Según los últimos datos, el 10% más rico de nuestro país concentra el 60% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre tiene apenas el 4%. O para ser más claros, entre los 50 tipos más ricos acumulan la misma guita que 4 millones de trabajadores argentinos juntos. No es mérito ni capacidad: es robo. 

Esa desigualdad aberrante es la que queremos terminar, cobrando fuertes impuestos a las grandes fortunas y eliminando la carga impositiva que afecta a los trabajadores y sectores populares con impuestos absolutamente regresivos como el IVA, que paga hasta la persona que vive en la calle cuando se compra un pedazo de pan, mientras los multimillonarios evaden o zafan por las políticas impositivas de gobiernos como el de Milei. 

Esa es la forma de ponerle fin a este sistema tan desigual que provoca cosas tan inexplicables como que en Argentina, que produce comida para diez veces su población, hay infancias que se van a dormir con hambre. O que habiendo más de 2 millones de casas vacías haya tanta gente viviendo en la calle y tantas familias con problemas habitacionales, pagando alquileres imposibles o viviendo hacinados en la casa de los viejos.

2. Trabajar todos, trabajar menos

Basta de laburar todo el día por un sueldo que no alcanza para nada. Vamos a reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana y sin tocar el salario, en las 12 mil principales empresas del país. Así se podrían generar un millón de puestos de trabajo que podrían ocupar a muchos jóvenes que hoy están desocupados y a merced de las redes mafiosas. 

Y si los empresarios aducen crisis para no llevar a cabo esta medida, va a ser obligatorio que abran los libros contables, ahí van a quedar al descubierto las mentiras que hemos visto una y otra vez, con empresas simulando quiebras para no hacerse cargo de sus responsabilidades mientras los dueños viven en el lujo. Y si aún así se niegan, que la empresa quede a cargo del Estado y de sus trabajadores.

Esto es completamente factible. Los avances tecnológicos existentes plantean la posibilidad de reducir la jornada laboral y que podamos trabajar menos y trabajar todos. Solo que hoy el capitalismo usa esos avances en contra nuestro para intensificar las jornadas, desplazarnos de los puestos de trabajo y de paso controlarnos y regimentarnos. 

Estas medidas además permitirían mayor tiempo para la recreación, el ocio y la creatividad, para dedicarse a tareas comunitarias, sociales y políticas. También aportarían a una mejora en la calidad de vida y en la salud mental, hoy terriblemente afectada por la falta de perspectivas, el cansancio, el estrés, las deudas y la vida de privaciones que sufrimos los trabajadores.

3. Honrar la deuda con el pueblo, no con los buitres

Argentina es el país de Latinoamérica que más le debe al FMI. El mecanismo de la deuda externa es de dominación —porque cada préstamo se hace condicionando la política del país— y saqueo —porque exprimen nuestros bienes y explotan nuestro trabajo para llevarse cada peso que producimos—. Por eso, aunque todos los gobiernos han sido religiosos pagadores, cada vez debemos más, y para colmo Milei y Caputo nos siguen endeudando. 

Nuestro gobierno va a romper con ese mecanismo asfixiante, empezando por investigar la deuda para que todo el pueblo tenga claridad de que es una estafa, que el dinero nunca se utilizó en las necesidades de la población y que se la fugaron toda —como en el caso de los 44 mil millones de deuda contraídos por Macri y Caputo— o la usaron para ganar una elección —como Milei— pero nunca fue a resolver ni una de las necesidades populares.

Entonces, es una decisión soberana no pagar un peso más y que ese dinero se vuelque a un gran plan de obra pública: construir hospitales, escuelas, rutas y vivienda. Esta es una gran herramienta para poner en marcha todo el circuito virtuoso de la economía, llevar el desempleo a cero, resolver las necesidades internas de consumo y el problema cada vez más grave del déficit habitacional que hoy afecta al 50% de los hogares1.

4. Levantar la soberanía nacional para defender lo conquistado

El imperialismo va a querer tomar represalias, tiene mucho más que perder que nosotros: podemos declarar un no pago soberano de la deuda externa ilegal e ilegítima y si quieren aplicarnos sanciones, embargar todos los bienes que tienen en nuestro país. A la vez vamos a impulsar y alentar que los pueblos de otros países rechacen y denuncien también sus propias deudas, apoyando sus movilizaciones contra este flagelo y coordinándolas con las nuestras. Y podemos recuperar los resortes estratégicos, tanto económicos como financieros del país, para evitar que las hostilidades internas y externas afecten nuestra economía.

Por eso nosotros vamos a nacionalizar el comercio exterior para que no sean cinco o seis empresas las que decidan nuestro futuro. Esto quedó muy claro cuando Milei eliminó las retenciones por un par de horas y el negociado lo hicieron Dreyfus, Cargill, Bunge, AGD y un par más. ¡Basta!

La ganancia de lo que se produce en el país tiene que volcarse al conjunto de la población, no destinarse al bolsillo de unos pocos. Medidas como estas se hicieron en otros momentos de nuestro país, con la Junta de Granos, de carnes y el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio). Si bien no eran extendidas a todas las exportaciones, es una muestra clara de que se puede avanzar en ese sentido. 

Como complemento de esta medida también vamos a nacionalizar los bancos creando una banca única de todos los argentinos para que se termine la fuga y la especulación, teniendo control soberano sobre el ahorro nacional con un sentido social.

Además, vamos a anular todos los acuerdos y convenios militares con potencias extranjeras y colocar la recuperación de la soberanía sobre nuestras Islas Malvinas como una prioridad. Nuestro gobierno defiende la soberanía nacional de las mayorías y a la vez, necesariamente tiene una perspectiva latinoamericanista e internacionalista, ya que frente al asedio y la hostilidad de las potencias imperialistas, se propone una articulación horizontal con los países de la región que nos permita complementar nuestras industrias, tecnologías, ciencias y a la vez desarrollar la perspectiva revolucionaria a nivel latinoamericano y mundial.

5. Garantizar salud y educación como derechos fundamentales

Milei dice ser enemigo de lo público y del Estado. Pero es mentira, en realidad está en contra de aquellas conquistas que la clase obrera y los sectores populares supieron conseguir para garantizar derechos a través de políticas públicas. Por eso desfinancia a las universidades y al sistema científico argentino, por eso quiere terminar con el Garrahan, por eso va contra la discapacidad, y la lista sigue. 

Nosotros queremos lo opuesto: que todos los argentinos tengan acceso a la salud sin restricciones y a la educación desde la primera infancia hasta los estudios superiores. Estamos hablando de derechos que no pueden tratarse con la lógica de la ganancia, porque no son mercancías. Por eso en nuestro gobierno vamos a renacionalizar el sistema educativo en un sistema único y totalmente estatal. Lo mismo para la salud: basta de fragmentación y acceso según capacidad de pago: unificar en un solo sistema y garantizar prestaciones de calidad y eficiencia. Todo esto podemos hacerlo porque la docencia y el personal de salud son quienes sostienen diariamente estos sistemas en crisis y saben de primera mano cuáles son sus fallas y cómo transformarlos: sólo necesitan el protagonismo para tomar las decisiones y ponerlo en marcha. 

6. Desarrollar la industrial nacional y estatizar los servicios con control social

El flamante vocero presidencial dice que si nos parece muy caro el gas y tenemos frío, nos abriguemos más. Es el mismo cinismo con el que antes Macri decía que los argentinos estábamos acostumbrados a andar en remeras y en patas, acusando a la clase obrera de despilfarrar, mientras los ricos se van en invierno al Caribe y en verano a esquiar a los Alpes. Los cortes de luz y agua, el transporte pésimo y caro, el internet que no llega, complementan el cuadro de servicios pésimos y muy costosos que vuelven invivible la vida de los laburantes.

Por eso en nuestro gobierno los servicios van a ser totalmente estatales y controlados por los trabajadores y usuarios. Esa es la forma de que todos podamos acceder a servicios de calidad que lleguen hasta el último rincón de nuestro extenso país sin que tengamos que elegir entre comer o calefaccionarnos.

Además hay una realidad trágica: hoy el 50% de la capacidad industrial instalada no se usa, mientras se importa hasta la comida. Tenemos la infraestructura y la capacidad para producir industrialmente en serio. Para eso necesitamos convocar a los científicos, ingenieros y técnicos que el gobierno de Milei expulsa para que pongan su conocimiento al servicio de encarar este modelo. Frente al industricidio de la ultraderecha y la reconversión patronal en importadores, nosotros planteamos prohibir por ley despidos y suspensiones y que toda empresa que despida o suspenda pase a ser estatizada con control de sus trabajadores, para que las fuentes de trabajo sean intocables.

Estas medidas se complementan con otra elemental: la recuperación de los trenes argentinos. Es vital nacionalizar los ferrocarriles, recuperar las vías férreas, reconstruir la red nacional y poner de nuevo en funcionamiento los talleres para conectar a cada punto de nuestro país de manera económica, menos contaminante y mucho más segura.

7. Terminar con la corrupción y las mafias

El Poder Judicial machista, clasista y elitista cada día nos da un nuevo ejemplo de que solo funciona para los ricos y poderosos. Por eso las cárceles están llenas de pobres mientras Adorni puede decir en cadena nacional que su fortuna inexplicable se la encontró de casualidad en un pen drive y seguir libre como si nada.

Con nosotros se acaban los jueces y fiscales puestos a dedo que son parte del entramado de impunidad y corrupción del país. Todos van a ser elegidos por el voto directo de la población con mandatos limitados, con mecanismos para revocarlos si actúan con negligencia o en contra de los derechos de los sectores populares, y con salarios acordes a los de un  trabajador. Lo mismo para aquellos que deban ejercer cargos en la función pública, no van a tener ningún privilegio: que atiendan su salud en el hospital público, eduquen a sus hijos en la escuela pública y que rindan cuentas permanentemente frente a la población. 

Y con la policía vamos a hacer una transformación profunda. Hoy la inseguridad es una de las grandes preocupaciones de los argentinos porque la mafia está enquistada en el poder y es parte necesaria del delito organizado como la trata, el narcotráfico y los desarmaderos. Hay que desmantelar esa institución corrupta y reemplazarla por otra de carácter preventivo, no represivo, con mecanismos de participación y control social. 

8. Defender los territorios, el agua y la vida

El engendro que nos gobierna es capaz de decir que una empresa puede contaminar el río todo lo que quiera porque el agua sobra, y consecuentemente entregar nuestros glaciares y fomentar todo tipo de destrucción ambiental. Pero ojo que otros con discursos un poquito más “verdes” avanzaron igual en el saqueo. En nuestro gobierno los bienes comunes no se negocian; son patrimonio de los argentinos, se cuidan y preservan. Y vamos a prohibir las actividades destructivas como el fracking, la megaminería, los agrotóxicos, la explotación offshore, entre otras. Vamos a echar a patadas a las corporaciones contaminantes como Barrick Gold, Bayer, Pan American Energy y Mekorot. Porque ahí no hay desarrollo, solo más hambre, miseria y devastación.

Nuestro gobierno va a encarar una transición energética hacia fuentes renovables, para abandonar la matriz hidrocarburífera, en un proceso debatido y puesto en marcha con los trabajadores del sector garantizando su estabilidad. Y vamos a terminar con la locura del transporte actual, que obliga a los laburantes a optar por vehículos individuales porque la opción pública es mala y en muchas partes del país muy cara. Nuestro gobierno va a estatizar todo el sistema de transporte, con mecanismo de control de trabajadores y usuarios para que funcione de manera eficiente, de calidad y económica. Esto junto con un fomento del uso de bicicletas para desincentivar el uso del auto y la moto.

También la producción de comida va a cambiar radicalmente. Hoy comemos alimentos carísimos y muy malos, con una enorme preeminencia de alimentos ultra procesados en nuestra dieta. Por eso queremos producir comida de verdad, suficiente, accesible y saludable. Haciendo una reforma agraria, impulsando el repoblamiento rural y planificando democráticamente la producción. 

9. Terminar con la opresión patriarcal

El capitalismo patriarcal se beneficia doblemente de la opresión de mujeres y disidencias, por un lado para explotarnos en el ámbito laboral y por el otro para someternos a las tareas domésticas y de cuidado que, aunque nosotres las hacemos gratis, reportan cuantiosos beneficios. Este es justamente el orígen de la violencia machista aberrante que en nuestro país tiene el saldo lamentable de una víctima de femicidio cada 31 horas.

Nuestro gobierno va a terminar con esa raíz patriarcal eliminando la sobrecarga, que hoy recae esencialmente sobre nosotres, con jardines de primera infancia gratuitos, comedores y lavanderías públicos, y reparto igualitario de las tareas de cuidado con licencias por nacimiento igualitarias para ambos progenitores. 

Vamos a implementar programas contra la violencia de género efectivos, con presupuesto y control de las organizaciones feministas, y vamos a implementar la educación sexual integral con perspectiva de género en todos los niveles. 

Además, vamos a tomar medidas concretas para fomentar la participación de mujeres y disidencias en la vida política, comunitaria, artística y cultural, y cortar con todos los vínculos del Estado con la Iglesia católica y otras religiones. 

10. Activar democracia desde abajo e internacionalismo

Este conjunto de medidas son de aplicación urgente e inmediata para sacar al país de la crisis. En nuestro gobierno todo lo van a decidir los trabajadores con instancias para participar y resolver en cada fábrica, escuela, hospital y barrio popular, los pasos a seguir. Iremos impulsando la mayor organización independiente de la clase trabajadora, para que en verdad pueda decidir sobre todo en sus instancias locales y en una gran asamblea nacional obrera, popular y campesina con plenos poderes. Estos mecanismos democráticos serán nuestra prioridad. En ese contexto puede impulsarse, si fuera necesario, un proceso constituyente libre, democrático y soberano, para institucionalizar todas las medidas de cambio estructural llevadas a cabo por un gobierno de los trabajadores, los sectores populares y la izquierda.

La democracia de los trabajadores cumple una doble función: por un lado es fundamental para tomar las mejores decisiones, por el otro es de vital importancia para que este proyecto se sostenga y defienda. Porque a diferencia de las otras transiciones de gobierno que hemos visto hasta ahora, donde se pasan el poder entre partidos distintos pero que defienden los mismos intereses, en nuestro caso sería una transición hacia un modelo y sistema que va en contra de los intereses dominantes, y eso no es algo que le caiga muy simpático a los dueños de todo. Entonces, obviamente van a intentar atacarnos y debilitarnos, y nuestra mayor ventaja es la fuerza que nos da ser la mayoría organizada. Por eso justamente la participación democrática y la movilización para la defensa de lo conquistado es esencial y estratégica. Tanto como lo es la perspectiva latinoamericanista e internacionalista, porque es la unidad con los pueblos hermanos de nuestro continente y del mundo lo que nos va a dar más fuerza para hacer avanzar este gobierno no solo en las fronteras de nuestro país sino a escala continental y global.

Ser felices, no nos conformemos con menos

En el acto en Córdoba, en una parte de su discurso que despertó muchos aplausos, Alejandro Bodart dijo: Nosotros vamos a convocar a toda la gente que quiera trabajar para este proyecto, para que no falte trabajo, para poder hacer viviendas, para poder recuperar de nuevo la felicidad de los trabajadores que la han perdido porque se matan trabajando por nada, para llegar a ningún lado, porque cada vez cuesta más tener un futuro”. Y la esencia de lo que proponemos es tan simple como eso, construir un país donde la vida digna y la felicidad de los trabajadores importe mucho más que la ganancia de un puñado de privilegiados que son los que rompen el mundo mientras arman planes para irse a vivir a Marte.

Algunas de esas propuestas son las que expresamos en estos diez puntos, en cada una de ellas podríamos profundizar muchísimo e incluso muchas otras no entraron acá y seguiremos desarrollandolas en futuros materiales, como por ejemplo las propuestas para el arte y la cultura, para las nuevas tecnologías y la IA, para la pedagogía, la salud mental, etc. Y tantísimas otras deberán construirse en conjunto con toda esa gente que simpatiza con nosotros y que está dispuesta a aportar sus conocimientos, capacidades, habilidades y fuerza para la transformación de nuestro país. 

Por eso a estos diez puntos deberíamos sumar el once y más importante: este proyecto te necesita. Para que hagamos historia, logremos unificar a la izquierda en una organización de cientos de miles de militantes y por una vez en la vida seamos los trabajadores los que gobernemos nuestro país, tu aporte es fundamental. Sumate. 

  1. Dato del centro de Integración Socio Urbana. Considera déficit habitacional desde una perspectiva de derechos cuando en la vivienda falta al menos uno de esos requisitos como condiciones adecuadas de habitalidad, acceso a servicios básicos seguros, espacio suficiente, seguridad en la tenencia, localización accesible y asequibilidad. ↩︎
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