A 205 años de Güemes. La batalla por la soberanía continúa 

Martín Miguel de Güemes y los Infernales protagonizaron una de las resistencias más profundas del proceso independentista. Doscientos cinco años después, su legado vuelve a abrir una pregunta fundamental: ¿qué independencia defendemos y para quién? 

Los Infernales 

Cada 17 de junio, en Argentina, se recuerda a Martín Miguel de Güemes, no como una estatua inmóvil del bronce, sino como parte de una historia de lucha contra quienes pretendían decidir desde afuera el destino de nuestros pueblos. El general salteño y sus Infernales fueron protagonistas de una guerra desigual: con pocos recursos, enfrentaron al ejército realista y defendieron la independencia en el norte de las Provincias Unidas.

Pero la historia de Güemes también es la historia de una disputa interna. Su figura incomodó a los sectores privilegiados de la época, que veían con temor cómo un liderazgo popular podía organizar a gauchos, trabajadores rurales y sectores postergados para enfrentar a los poderes establecidos. La defensa de la patria no era solo una cuestión militar: también era una pelea por quién tenía derecho a decidir sobre esas tierras y sus riquezas.

Los Infernales no fueron solamente una fuerza de combate. Fueron expresión de un pueblo movilizado que sostuvo la resistencia cuando las estructuras de poder dudaban o directamente daban la espalda. La estrategia de Güemes permitió sostener la frontera norte y fue clave para el proyecto emancipador continental de San Martín.

Contra la entrega nacional 

Más de dos siglos después, las formas de dominación cambiaron, pero algunas discusiones siguen abiertas. Ya no son ejércitos coloniales avanzando sobre nuestras fronteras, sino organismos internacionales, multinacionales y gobiernos que buscan imponer modelos económicos que subordinan la soberanía de los pueblos.

Hoy, cuando el gobierno de Milei profundiza una política de entrega de recursos estratégicos, endeudamiento y alineamiento con las grandes potencias, la figura de Güemes vuelve a interpelar. Su legado no es solo una fecha patria: es una pregunta incómoda sobre qué independencia defendemos y para quién.

Porque la independencia no fue un regalo de los poderosos. Fue conquistada por quienes pusieron el cuerpo. Por quienes resistieron. Por quienes entendieron que no hay soberanía sin pueblo organizado.

A más de 200 años, la pelea sigue abierta.

Como los Infernales, habrá que seguir dando una lucha contra quienes quieren convertir nuestra patria en un territorio al servicio de otros intereses.

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