Cerimedo. Puedes suprimir la realidad en el cerebro de algunas personas, pero no puedes suprimir la realidad en la realidad misma

Al momento de escribir este artículo, el consultor político argentino Fernando Cerimedo cumple prisión preventiva por 180 días en el penal de Palmasola, en Bolivia, tras ser imputado por el intento de femicidio de su expareja, la abogada y activista Nadia Beller. La justicia boliviana le abrió además una investigación por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos.  

Por Ángel Paliza

Esta cuestión no pasaría de ser una mera crónica policial si no fuera porque Fernando Cerimedo, además de ser cofundador de La Derecha Diario en argentina, fue asesor de Rodrigo Paz en Bolivia, Milei, Bolsonaro, Bukele, Nasry Asfura en Honduras y otros líderes de extrema derecha en américa latina. 

Además, en los allanamientos ordenados por la justicia boliviana se encontraron en sus propiedades granjas de bots (trolls) pertenecientes a la agencia de marketing político Numen, surgida en Argentina.  

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, asoció a Cerimedo con “redes de la derecha internacional que buscan influir en todos los países”.  

Natalia Aruguete, una investigadora del CONICET, señala que el caso Cerimedo “muestra un modelo cada vez más visible (de las campañas electorales), en el que la comunicación no pasa solamente por la cuenta oficial del candidato”. 

“Una campaña puede utilizar información verdadera, memes, recortes de videos, ataques, consignas o tendencias coordinadas para producir la sensación de que hay una mayoría social hablando de lo mismo”. “Cerimedo es interesante porque llevó esta lógica de una campaña a otra y de un país a otro”, según afirma la investigadora argentina (fuente: BBC mundo).  

Eso es algo a lo que yo denomino “la construcción del sentido común”.

Peter Thiel y la realpolitik  

Peter Thiel llegó a la Argentina antes del 6 de abril, a bordo de su avión privado modelo Bombardier Global 7500 (80 millones de dólares) en el que planea hacer viajes a distintos puntos del país (es su tercera visita al país). El dueño de Palantir había comprado una mansión en Barrio Parque y estuvo averiguando por propiedades en la Patagonia. Luego el presidente Javier Milei lo recibió en Casa Rosada (El Destape, 23 de abril de 2026)  

El pensamiento de Peter Thiel constituye una de las corrientes más influyentes del capitalismo tecnológico contemporáneo. Cofundador de PayPal, primer gran inversor de Facebook y fundador de Palantir, Thiel no es solamente un empresario: ha desarrollado una visión filosófica y política que combina libertarismo, elitismo intelectual, tecnoutopismo y una profunda crítica a la democracia de masas. Sus ideas ejercen una gran influencia en sectores de Silicon Valley y de la nueva derecha estadounidense.  

Las ideas centrales de Peter Thiel 

  1. El pensamiento contrarian 

Thiel se define ante todo como un “contrarian”: alguien que busca descubrir verdades que la mayoría considera falsas. Su famosa pregunta es: “¿Qué verdad importante conoces que muy pocas personas aceptan?” Para él, el progreso surge cuando una persona desafía el consenso dominante y descubre una idea original. Considera que muchas instituciones —universidades, medios, burocracias y grandes organizaciones— tienden a reproducir pensamientos convencionales y desalientan la innovación radical. 

La originalidad intelectual es, para Thiel, más valiosa que adaptarse al consenso.  

  1. De cero a uno: crear, no copiar 

Su libro más conocido, *Zero to One*, desarrolla una tesis sencilla: – Pasar de 1 a 100 significa mejorar algo existente. – Pasar de 0 a 1 significa crear algo completamente nuevo. Para Thiel, las sociedades verdaderamente avanzan mediante innovaciones disruptivas y no mediante pequeñas mejoras incrementales. Por eso admira empresas capaces de inventar tecnologías inéditas más que aquellas que simplemente compiten en mercados ya existentes. 

La innovación radical ocupa el centro de su filosofía económica. 

  1. Capitalismo y monopolio 

Una de sus ideas más polémicas es que la competencia no siempre beneficia al capitalismo. Thiel sostiene que una empresa excelente intenta convertirse en un monopolio creativo: una compañía tan original que nadie pueda ofrecer exactamente lo mismo. No defiende simplemente los monopolios obtenidos mediante privilegios estatales; distingue entre: – monopolios creados por innovación; – monopolios protegidos artificialmente. Según él, la competencia intensa reduce ganancias y obliga a las empresas a concentrarse en sobrevivir, mientras que una posición única permite invertir en investigación y pensar a largo plazo. 

Su formulación más conocida es que capitalismo y competencia no son sinónimos.  

  1. Libertad individual por encima de la igualdad 

Thiel se identifica históricamente como libertario. Defiende: – mercados relativamente libres; – propiedad privada; – bajos impuestos; – fuerte protección de la iniciativa empresarial; – reducción de las restricciones burocráticas sobre la innovación. Sin embargo, su libertarismo no es idéntico al liberalismo clásico. Con el tiempo fue alejándose de la confianza en que la política democrática pudiera garantizar la libertad individual. 

Él mismo afirmó seguir considerando la libertad humana como un valor fundamental. 

  1. Su crítica a la democracia 

      Este es probablemente el aspecto más controversial de su pensamiento político. En un ensayo publicado en 2009, Thiel escribió que ya no creía que libertad y democracia (burguesa) fueran compatibles. Su argumento era que las democracias modernas tienden a ampliar constantemente las demandas de redistribución y regulación, limitando la autonomía económica y la libertad individual. Es importante señalar que esa afirmación expresa su posición filosófica y política, no un consenso académico. Ha sido fuertemente criticada por quienes consideran que confunde igualdad democrática con amenaza a la libertad. Posteriormente siguió cuestionando la democracia entendida como simple gobierno de la mayoría, defendiendo la existencia de límites constitucionales y protección de derechos frente al mayoritarismo. 

Su evolución política muestra una creciente desconfianza hacia la democracia de masas como mecanismo suficiente para proteger la libertad.  

  1. Tecnología como motor de la historia 

      Thiel cree que el gran problema de Occidente no es el exceso de tecnología sino, paradójicamente, su estancamiento. Según él: – la informática avanzó enormemente; – pero sectores como energía, transporte, medicina y exploración espacial progresaron menos de lo esperado. Esta idea lo lleva a reclamar inversiones masivas en ciencia y tecnologías de frontera. Considera que la humanidad debería aspirar a grandes saltos tecnológicos en lugar de conformarse con aplicaciones digitales de consumo. 

     En sus intervenciones suele denunciar lo que llama una “escasez de grandes ideas” en las últimas décadas. – 

  1. Estado, seguridad y vigilancia 

       Aquí aparece una tensión importante. Aunque es libertario en materia económica, Thiel también impulsó Palantir, una empresa dedicada al análisis masivo de datos utilizada por organismos estatales, fuerzas de seguridad y defensa. Esto ha generado una crítica frecuente: ¿cómo compatibilizar la defensa de la libertad individual con tecnologías capaces de ampliar enormemente la capacidad de vigilancia del Estado?                     Sus defensores responden que esas herramientas son necesarias para la seguridad nacional y la defensa de las “democracias occidentales”. Sus críticos sostienen que fortalecen una infraestructura de control social incompatible con las libertades que dice defender. Esa contradicción constituye uno de los debates centrales alrededor de su figura. 

La discusión sobre Palantir ha convertido a Thiel en una figura clave del debate sobre vigilancia, inteligencia artificial y poder tecnológico.  

El fundamento filosófico: René Girard 

Una influencia decisiva sobre Thiel fue el filósofo y antropólogo francés René Girard. Desarrolló la teoría del deseo mimético: las personas no desean espontáneamente las cosas, sino que imitan los deseos de otros. Esto produce rivalidad, competencia y conflicto. Thiel trasladó esa idea al mundo económico. 

La conclusión de Thiel es muy distinta de la economía tradicional: la obsesión por competir puede ser una forma de comportamiento imitativo. El verdadero innovador no lucha por repartir un mercado existente, sino que crea un mercado nuevo. Esta influencia de Girard aparece repetidamente en “Zero to One” y en sus conferencias sobre emprendimiento.  

Su visión política del mundo

Más que un conservador tradicional, Thiel representa una corriente que algunos autores denominan tecnolibertarismo o capitalismo tecnológico elitista. 

Sus principales rasgos son: 

  • confianza en empresarios e innovadores como agentes históricos; 
  • desconfianza hacia la burocracia estatal; 
  • crítica al igualitarismo económico; 
  • rechazo del pensamiento dominante o mainstream; 
  • importancia estratégica de la inteligencia artificial y el poder tecnológico; 
  • defensa de una civilización occidental capaz de mantener superioridad científica y geopolítica.  

También ha sostenido posiciones cada vez más vinculadas al nacionalismo tecnológico estadounidense, especialmente respecto de la competencia con China y del papel estratégico de las grandes empresas tecnológicas en la seguridad nacional. (fuente: The Washington Post) 

Una síntesis crítica desde distintas corrientes 

El liberalismo clásico valoraría en Thiel su defensa de la libertad económica, pero cuestionaría su escepticismo hacia la democracia burguesa, por otra parte, el libertarismo si bien lo considera uno de sus referentes contemporáneos, tiene reservas respecto a su exigencia de un “estado fuerte en seguridad”, lo cual genera tensiones internas sobre el grado de penetración en la intimidad de las personas.

Foucault (suponiendo que fuera contemporáneo de Thiel), analizaría empresas como Palantir dentro de nuevas tecnologías de vigilancia, gobernabilidad y gestión algorítmica de poblaciones. 

Podríamos entender la influencia de Thiel como protagonismo en la construcción de una nueva hegemonía cultural desde las élites tecnológicas antes que desde los partidos tradicionales de las democracias burguesas.  

Este fenómeno es una expresión del capitalismo digital impulsado por Silicón Valley…control de las personas mediante el manejo de datos. 

La contradicción central de Peter Thiel 

La mayor discusión sobre Thiel puede resumirse en una paradoja: Thiel defiende una amplia libertad para crear empresas y acumular capital, pero al mismo tiempo participa en el desarrollo de tecnologías de análisis de datos utilizadas por gobiernos y organismos de seguridad.

Para sus críticos, allí reside una contradicción entre libertad económica y concentración del poder informacional; para sus partidarios, la seguridad tecnológica es una condición necesaria para preservar el orden y la civilización occidental. (fuente The Washington Post). – 

Conclusión sobre Thiel 

Peter Thiel representa una de las expresiones más influyentes del pensamiento de las élites tecnológicas del siglo XXI. Su filosofía parte de una defensa radical de la innovación, la originalidad y la libertad económica, pero evoluciona hacia una profunda desconfianza de la democracia mayoritaria y una valorización del liderazgo de minorías capaces de producir transformaciones tecnológicas. 

Desde una perspectiva crítica —especialmente cercana a Foucault, Gramsci o Byung-Chul Han— su figura resulta especialmente relevante porque encarna una nueva articulación entre capital, inteligencia artificial, vigilancia, monopolios tecnológicos y poder político. Por eso Thiel no es solamente un empresario de Silicon Valley: es uno de los principales ideólogos del proyecto de capitalismo tecnológico que disputa la forma futura de la democracia y del control social.  

La profecía de Waldo 

Giuliano Da Empoli, en su libro “Los ingenieros del Caos” (2019/2020) se refiere a Waldo. Waldo es el personaje animado de Black Mirror, en el episodio “The Waldo Moment”. Da Empoli lo utiliza como una especie de metáfora o experimento mental sobre la política disruptiva contemporánea. El razonamiento puede reconstruirse como un silogismo político-tecnológico

1. Primera premisa: la política tradicional necesita convencer: la política democrática clásica funciona —al menos idealmente— mediante programas, argumentos, negociación, instituciones y búsqueda de mayorías. Un candidato que quiere ganar necesita ampliar su electorado: moderar posiciones, atraer al votante situado en el centro y construir consensos. 

Da Empoli sostiene que las redes sociales alteran radicalmente esta lógica. En ellas, el contenido que obtiene mayor circulación no es necesariamente el más verdadero o razonable, sino el que genera mayor interacción (“engagement”) y los mensajes extremos suelen ser particularmente eficaces para provocarla.  

2. Segunda premisa: Waldo descubre que la provocación produce poder 

 Ahí aparece Waldo, que no tiene un programa político coherente. Es un personaje de entretenimiento que ridiculiza, provoca, insulta y destruye la respetabilidad de los políticos tradicionales. Y precisamente por eso se vuelve popular. 

El punto decisivo para Da Empoli es que Waldo no necesita que todos estén de acuerdo con él

Incluso quienes lo detestan contribuyen a su éxito: 

provocación → indignación → comentarios → difusión → mayor visibilidad → más provocación. 

Por eso Da Empoli afirma que Waldo es, en cierto sentido, “la traducción política de las redes sociales”.  

3. Tercera premisa: el algoritmo convierte la ira en energía política 

Aquí aparece el verdadero salto conceptual: 

IRA + ALGORITMO = ENERGÍA POLÍTICA 

Da Empoli lo formula explícitamente de esa manera en sus análisis posteriores: si para Lenin el comunismo podía resumirse como “sóviets + electricidad”, la nueva política sería “ira + algoritmo”.  

El algoritmo descubre qué provoca a la gente y amplifica aquello que genera reacción.  Por eso, paradójicamente, el adversario también trabaja para el político disruptivo. Si alguien publica algo provocador y miles de personas responden indignadas, esas respuestas aumentan su circulación. El enemigo se transforma involuntariamente en productor de publicidad gratuita

El silogismo completo 

Podríamos expresarlo así: 

Premisa mayor: en las redes sociales, aquello que genera más emoción, conflicto y engagement (compromiso)obtiene mayor circulación. 

Premisa menor: el político disruptivo produce deliberadamente conflicto, indignación y transgresión de los códigos tradicionales. 

Conclusión: el político disruptivo obtiene poder precisamente mediante aquello que la política tradicional considera un defecto: la provocación, la polarización y la ruptura de las reglas del discurso político. 

Y aquí está lo más interesante: Waldo no es simplemente un político que utiliza las redes. Es la lógica de las redes convertida en personaje político. Ese es el verdadero silogismo de Da Empoli. 

Del político tradicional al “político Waldo” 

La transformación podría esquematizarse así: 

POLÍTICA TRADICIONAL 

Programa → argumento → debate → negociación → consenso → mayoría 

⬇️ 

POLÍTICA DISRUPTIVA 

Provocación → ira → viralización → polarización → comunidad emocional → poder 

Posteriormente, Da Empoli lleva esta lógica mucho más lejos. En su análisis de los nuevos liderazgos, sostiene que ya no necesariamente son los extremos quienes se desplazan hacia el centro para conseguir una mayoría; son los extremos los que pueden desplazar el centro hacia ellos.  

Esto permite entender por qué para Da Empoli Waldo es una figura premonitoria. El personaje de Black Mirror anticiparía una política donde la capacidad de captar atención sustituye parcialmente a la capacidad de construir consenso

Y aquí aparece una conexión muy potente con el concepto de “control social en la era digital” tal como lo he considerado en otros artículos: Desde una lectura foucaultiana, el algoritmo no necesita imponer directamente una conducta; puede organizar el campo de visibilidad, premiando determinados discursos, emociones y comportamientos. El poder pasa entonces de “decirte qué pensar” a determinar qué merece ser visto, compartido y discutido.

De ahí que el salto conceptual de Da Empoli pueda resumirse en una fórmula: Waldo → redes sociales → algoritmo → ira → polarización → política disruptiva → transformación de la democracia (o eventualmente negación de la democracia burguesa como en Peter Thiel). 

Además, en sus trabajos más recientes, Da Empoli extiende esta tesis hacia una convergencia entre oligarcas tecnológicos y líderes políticos disruptivos, ambos caracterizados por su rechazo de las reglas y del establishment (suena familiar).  

Un baño de realidad  

El conflicto en la planta frigorífica de Granja Tres Arroyos en Capitán Sarmiento ha escalado de manera dramática tras la suspensión total de actividades a partir del 31 de agosto de 2026. La empresa justificó formalmente la medida “hasta nuevo aviso” alegando problemas de suministro eléctrico y razones operativas de fuerza mayor. Sin embargo, los trabajadores denuncian un vaciamiento encubierto y un inminente cierre definitivo.  

El impacto en la comunidad y los detalles centrales del conflicto incluyen: 

Los detonantes del conflicto 

  • Temor a un cierre definitivo: El malestar se profundizó luego de detectarse el retiro de maquinaria y equipos (como zorras y armadoras de cajas) pertenecientes a empresas contratistas externas, sumado al vaciamiento de las oficinas directivas de la planta. 
  • Deudas salariales severas: Los operarios denuncian atrasos de hasta cinco quincenas sin cobrar (unos tres meses de salarios impagos), falta de pago de los últimos aguinaldos, premios y aportes previsionales o de obra social. Previo a la suspensión, la empresa abonaba sueldos fraccionados con montos parciales de apenas $50.000 a $80.000.  
  • Puestos de trabajo en riesgo: La medida afecta de forma directa a más de 200 familias en una localidad donde este establecimiento llegó a emplear históricamente a más de 1.000 personas, siendo el principal motor económico de Capitán Sarmiento. 

 El trasfondo financiero de la empresa 

La crisis de esta planta no es un hecho aislado, sino parte del crítico panorama que atraviesa Granja Tres Arroyos (y muchas otras empresas) a nivel nacional. 

  • La firma arrastra un pasivo estimado en 350,9 millones de dólares
  • Se encuentra bajo un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) iniciado a fines de 2024. 
  • Actualmente busca reestructurar su deuda negociando quitas de capital de hasta el 75% con acreedores y la venta de activos no estratégicos. 
  • Durante 2025 y 2026 ya aplicó cierres, suspensiones masivas y recortes en otras plantas de Entre Ríos (Concepción del Uruguay), Córdoba (Río Cuarto) y Buenos Aires (Pilar y Tristán Suárez). 

Como respuesta a la parálisis de la fábrica, los empleados organizaron manifestaciones y un bloqueo en la Autovía / Ruta Nacional 8 (tramo que une Capitán Sarmiento con San Antonio de Areco) para exigir respuestas institucionales y la regularización de sus ingresos. 

El conflicto generó también fuertes cruces políticos en la región. La intendenta libertaria local, Fernanda Astorino Hurtado, se presentó en el acampe para apoyar a los trabajadores. Su presencia provocó tensiones al declarar ante la prensa que se trataba de “un tema entre privados” y evitar pronunciarse sobre el rumbo de la economía nacional, aunque anunció asistencia municipal para cubrir el pago de servicios de luz y agua de las familias afectadas. 

Las imágenes televisivas de las familias de los operarios son desgarradoras. Muchos se quiebran ante las cámaras. Algunos tienen más de cuarenta o cincuenta años y saben que en un país desvastado por la crisis y el cierre de empresas les será imposible conseguir nuevos empleos. En algunos casos son familias enteras las que trabajan en el frigorífico. 

¿Cómo funciona el alegorismo de Waldo frente a un hecho así? Un “asunto entre privados”, la furia deberá ser dirigida hacia el dueño de la fábrica exclusivamente, no hacia el gobierno y mucho menos hacia el sistema, estamos (muchos lo están) entrenados para razonar así.  

La tendencia de opinión se dirige a reducir el conflicto a su mínima expresión. Pero mas temprano que tarde la realidad se impone. 

Sospecho que debemos orientar el proceso de desintoxicación en las redes sociales. Las acciones en las calles, la empatía, la solidaridad entre los excluidos, serán una forma de darnos un baño de realidad. Pero habrá que explorar otras opciones. – 

Por supuesto que siempre los “ingenieros del caos” como Cerimedo y Peter Thiel seguirán intentando formatear le realidad en nuestros cerebros, pero el tecnocapitalismo jamás podrá formatear la realidad de la realidad misma. – 

Tucumán, Septiembre 3 de 2026 

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros