Copa Mil Mártires. Vuelve el fútbol en Palestina 

Después de casi tres años de parálisis, 226 clubes palestinos volverán a disputar una competencia: la Copa de los Mil Mártires llevará los nombres de más de mil deportistas asesinados. En medio de la destrucción, volver a jugar también es una forma de resistir.

El 4 de septiembre vuelve el fútbol local en Palestina

Después de casi tres años sin fútbol local organizado, la Asociación Palestina de Fútbol anunció la realización de la Copa de los Mil Mártires, una competencia que reunirá a 226 clubes de Cisjordania, Gaza y los campos de refugiados palestinos en Líbano. Los partidos comenzarán simultáneamente en los tres territorios, separados por la ocupación, los desplazamientos y las fronteras impuestas al pueblo palestino.

No es un regreso cualquiera. El nombre del torneo es una memoria colectiva: según los registros de la Federación Palestina de Fútbol, 1.014 deportistas palestinos fueron asesinados desde octubre de 2023. Cada una de las tres copas que se entregarán llevará grabados esos nombres.

Volver a jugar también es resistir al genocidio

El regreso del fútbol palestino también obliga a señalar el responsable de esta devastación: el Estado de Israel y el régimen sionista que sostiene la ocupación, el apartheid y la expulsión sistemática del pueblo palestino.

No estamos frente a una guerra entre iguales ni ante un conflicto que pueda resolverse con declaraciones de neutralidad: Israel ha convertido Gaza en un territorio arrasado, destruyendo viviendas, hospitales, escuelas, espacios culturales y también instalaciones deportivas, mientras asesina y desplaza a su población; fundamentalmente mujeres y niños. El fútbol palestino sufrió las mismas consecuencias de esta política genocida.

Por eso, que vuelva a rodar la pelota no puede ser leído como una postal de superación: es una forma de resistencia frente a un Estado que pretende destruir las condiciones materiales de existencia de un pueblo y, con ellas, su historia, su identidad y su futuro. Pero hay algo que el sionismo no puede bombardear: la memoria, la organización y esa capacidad profundamente humana de volver a cantar, abrazarse y gritar un gol incluso después de haberlo perdido todo. Porque también intentaron matar al fútbol.

La PFA contabiliza cientos de instalaciones deportivas dañadas o destruidas. Entre ellas está el estadio Yarmouk de Gaza, uno de los símbolos históricos del fútbol palestino, que fue demolido durante la ofensiva israelí y terminó convertido en un espacio para personas desplazadas.

También fueron asesinados jugadores, entrenadores, árbitros y dirigentes. Entre ellos, estaba Suleiman Al-Obeid conocido como el “Pelé palestino”, una de las grandes figuras de la historia del fútbol palestino, asesinado en Gaza mientras esperaba ayuda humanitaria para su familia. El fútbol no quedó al margen del genocidio. Fue uno de sus blancos.

La ocupación sionista divide

Hay algo profundamente político en la forma en que se organizará esta Copa. Los clubes no pueden desplazarse libremente entre Gaza, Cisjordania y los campos de refugiados del Líbano. La ocupación y la fragmentación territorial hacen imposible una competencia convencional. Entonces el torneo se jugará en simultáneo: tres territorios, tres escenarios, una misma competencia.

Los 146 clubes de Cisjordania, los 44 de Gaza y los 36 de los campos de refugiados competirán bajo una misma bandera deportiva.

No se trata de romantizar la tragedia ni de convertir el sufrimiento en una postal deportiva. Se trata de entender qué significa que, después de casi tres años de guerra, destrucción y muerte, miles de personas vuelvan a encontrarse alrededor de una pelota. Porque también se resiste jugando.

El sionismo también quiso borrar sus canchas. La destrucción de instalaciones deportivas no puede separarse de la destrucción general de la infraestructura y de las condiciones de vida palestinas.

Mientras en buena parte del mundo el fútbol es presentado como espectáculo, negocio y mercancía, en Palestina conserva otra dimensión: es comunidad, identidad y pertenencia.

La FIFA: complice del genocidio

La Federación Palestina viene reclamando sanciones contra los clubes israelíes que funcionan en asentamientos de Cisjordania y cuestionando la falta de medidas contra Israel. La PFA sostiene que la FIFA debe aplicar sus propias normas de manera igualitaria.

La contradicción es evidente: mientras se habla permanentemente de que el deporte debe estar separado de la política, cuando se trata de Palestina las instituciones deportivas internacionales toleran que la ocupación y la guerra atraviesen todos los aspectos de la vida.

El fútbol palestino demuestra justamente lo contrario: el deporte es político porque la vida es política.

Que vuelva la alegría

Hay una imagen que vale más que cualquier estadística.

Una pelota.

Un grupo de chicos corriendo detrás de ella.

Una camiseta.

Una tribuna.

Un barrio que vuelve a reunirse.

Después de tanta muerte, la alegría también puede ser un acto de resistencia.

El sionismo puede destruir estadios, asesinar futbolistas, desplazar familias y arrasar barrios. Pero no puede decidir qué siente un pueblo cuando vuelve a jugar su equipo.

La Copa de los Mil Mártires no borra a quienes fueron asesinados. Al contrario: los nombra. Los convierte en memoria colectiva. Y quizás allí esté la fuerza más profunda de este regreso. Porque Palestina no vuelve a jugar porque la tragedia haya terminado. Vuelve a jugar porque sigue viva.

Mientras haya una pelota rodando, una camiseta palestina, un club de barrio y alguien gritando un gol, también habrá un pueblo que se niega a ser borrado. Que vuelva el fútbol. Que vuelva la alegría. Que viva Palestina y que esta sea por fin sea libre.

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