Operativo lavado de imagen. El “progresionismo” en la mira

Por: Ramiro Giganti, miembro de la delegación argentina de la Flotilla Global Summud

“Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, lema sionista

Mientras el mundo se horroriza por las brutales declaraciones del Ministro de Seguridad Ben Gvir, sectores del progresismo en Argentina empezaron una campaña de lavado de imagen de líderes que fueron y al día de hoy, son sionistas. En la última semana dos entrevistas se hicieron virales: Wado De Pedro en Futurok y Leandro Santoro en Código Sur. En ambas quedó clara la estrategia ante una situación insostenible: despegarse de Netanyahu y Ben Gvir para salvar al sionismo y, de esa manera, preservar la impunidad y borrar la historia. 

—Les comenté a mis amigos peronistas lo que me dijiste de Santoro y se querían matar, no sabían —me dijo un amigo que fiscalizó voluntariamente para él en las últimas elecciones porteñas. 

Todos en su grupo afirmaban tener una postura firme a favor de Palestina, pero desconocían por completo el posicionamiento sionista de su propio candidato.

Sionismo bueno y sionismo malo

Mientras Milei ondea la bandera del ente genocida, personajes de la prensa televisada como Eduardo Feinmann salen al aire con esa misma bandera en su escritorio. A la par, el resto del cerco mediático navega entre el silencio, la “teoría de los dos demonios” y un relato profundamente sesgado. Las pocas veces que se habla de Palestina o de algún episodio brutal en Gaza, la cobertura desvía la atención hacia octubre de 2023 o reduce el problema a un “conflicto entre Israel y Hamas”, omitiendo sistemáticamente los ataques de colonos sionistas en Cisjordania. La misma lógica opera cuando Israel ataca el sur del Líbano y los titulares imponen la etiqueta de “guerra entre Israel y Hezbollah”: un relato de islamofobia.

Una ceguera selectiva que también atraviesa a referentes de la oposición institucional. 

“Viva la patria” fueron las palabras con las que Wado de Pedro cerró su intervención en el Senado el pasado 6 de agosto, durante el debate por las leyes de entrega de tierras. Tras votar en contra, desfiló por canales como C5N. Recibió elogios. En una línea similar, Leandro Santoro reapareció rechazando las leyes entreguistas y recurriendo al discurso de Malvinas. Pero sin mencionar a Navitas Petroleum, la empresa israelí involucrada en el proyecto Sea Lion para la extracción de petróleo offshore en las inmediaciones de las islas. 

A estas intervenciones les siguieron apariciones más recientes en canales de streaming, donde — acorralados por el repudio masivo que circuló “de boca en boca”— se vieron obligados a responder, por primera vez, sobre sus vínculos con el sionismo.

“Históricamente, los judíos eran los progresistas […] crearon un Estado donde los pueblos convivan en paz”, afirmó Santoro al ser consultado por las brutales declaraciones de Ben Gvir, en el tramo final de la entrevista concedida a Sergio Rodríguez para Código Sur.

Ante la pregunta que cierra un extenso reporte —en un medio con una marcada línea editorial pro Palestina—, Santoro admite que Benjamin Netanyahu es un criminal de guerra. Sin embargo, justifica al sionismo: recurre a la figura de una tía judía, evoca los kibutzim y alude a un presunto proyecto de paz, omite los atentados terroristas y las masacres sobre las que se instalaron los colonos sionistas europeos en territorio palestino.

Ni en esta intervención ni a lo largo de los últimos años, el diputado esbozó gesto alguno de empatía con el pueblo palestino. En cambio, su discurso se centró en repudiar el “antisemitismo” —pasando por alto que la categoría semita abarca a los pueblos de lenguas semíticas, entre ellos el árabe—. Redujo el conflicto a los excesos de la extrema derecha actual, como si las masacres perpetradas bajo el mandato de Ehud Olmert en Gaza y Líbano nunca hubieran existido. 

Cabe recordar que Olmert pertenecía a Kadima, un partido calificado como “moderado”. En 2006, bajo su gobierno, Israel bombardeó Líbano empleando armamento no convencional como el fósforo blanco; el mismo recurso devastador al que volvió a recurrir entre 2008 y 2009 durante la Operación Plomo Fundido contra la Franja de Gaza.

A mediados de 2024, Leandro Santoro conformó el Grupo Parlamentario de Amistad (GPA) con el Estado de Israel, presidido por Sabrina Ajmechet. En dicha jornada, Santoro  destacó “la capacidad del Estado de Israel de sobreponerse a los problemas”.  

Fuente: Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina

Además de Leandro Santoro, Sabrina Ajmechet y el inefable Fernando Iglesias, otros diputados nacionales estuvieron presentes: María Sotolano (PRO), María Luisa Montoto (Unión por la Patria), Ricardo Herrera (Unión por la Patria), Estela Neder (Unión por la Patria) y José Glinski (Unión por la Patria). Este último fue director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) durante la presidencia de Alberto Fernández; la misma fuerza de seguridad que la semana pasada se mostró instruyendo a sus efectivos en hebreo moderno.

El relato expuesto por estos dirigentes se enmarca en una fórmula clara: apoyar al Estado de Israel, despegarse de la figura de Benjamin Netanyahu y, a su vez, negar las atrocidades perpetradas por el sionismo a lo largo de su historia.

Wado, Mekorot y “el otro Netanyahu”

Han pasado dos años y siete meses del asesinato de Hind Rajab. Desde entonces, muchas niñas y niños también han muerto de sed y por enfermedades evitables en Gaza. El responsable es Mekorot, la empresa estatal que maneja el agua.

Hace más de dos décadas que Naciones Unidas vienen instando al ente sionista a regularizar el suministro e incluso a revisar las cantidades que arbitrariamente decide vender a precios superiores en las poblaciones palestinas respecto a las israelíes, lo que hoy se conoce como Apartheid Hídrico.

En la Franja de Gaza, en 2016, los habitantes palestinos debían pagar entre 1,3 y 1,4 dólares por metro cúbico para consumir la escasa ración de agua que Mekorot les daba, mientras que en las colonias judías de la misma región pagaban solo 0,10 centavos de dólar. Son datos que preceden a la presidencia de Alberto Fernández y a la gestión de Wado de Pedro como ministro del Interior, bajo la cual se materializó la llegada de Mekorot en Argentina. 

Wado de Pedro. Foto: Ariel Espósito

Hubo un intento previo para el desembarco de la empresa en el país, cuando en 2011 el gobierno provincial de Daniel Scioli quiso instalar una planta potabilizadora en La Plata. El proyecto fue abortado en 2013 por el rechazo social que suscitó. Según una nota del periódico español El Salto, ese mismo año la Compañía Holandesa de Agua Vitens canceló un memorando de entendimiento con Mekorot como consecuencia del modus operandi de la empresa en comunidades palestinas.

En 2024,  Oxfam denunció que Israel hizo uso sistemático del agua como arma de guerra contra la población palestina en Gaza, pero las prácticas inhumanas de la empresa venían de larga data.

“Surgió de varias reuniones donde Israel —otro primer ministro, no era este— tenía una empresa que gestionaba el agua”, dijo Wado de Pedro en su reciente entrevista con Julia Mengolini. “Era otro Netanyahu”, agregó Mengolini. Así explicaron la llegada de la empresa sionista que, con el aval de Wado, se instaló en 5 provincias y actualmente opera en 12.

La firma con Mekorot fue anunciada en febrero de 2023. Netanyahu ha sido Primer Ministro Israelí de manera casi ininterrumpida durante los últimos 17 años

Marcha en solidaridad con Palestina en Buenos Aires. Foto: Ella Fernández

Wado se excusa, dice que Mekorot ya estaba en “el Chile de Boric”. Sin embargo, solo estuvo un pequeño período a partir de mayo de 2023 y  restringido únicamente a la región del Biobío, antes de ser cancelado.

El “otro Netanyahu”

Durante los primeros años de Netanyahu, Israel bombardeó Gaza en 2012, 2014 y 2021. En agosto de 2022, volvió a atacar la Franja en la llamada “Operación Amanecer”. Ese mismo año, mientras cubría una incursión israelí en Yenín, Cisjordania, fue asesinada la periodista Shireen Abu Akleh. ¿De qué “otro Netanyahu” hablará Mengolini? ¿Del hijo de Benzion Mileikowsky?

Nacido en Varsovia en 1910, Benzion Mileikowsky fue el padre de Benjamin Netanyahu, y su trayectoria personal condensa la historia de la ocupación en Palestina. Mileikowsky figuró entre los principales referentes del sionismo revisionista liderado en Europa por Vladímir Jabotinsky. Como editor del periódico Hayarden, publicó artículos donde calificaba a los árabes de “salvajes” y los equiparaba a los nativos americanos, mientras definía a los judíos como los equivalentes a los anglosajones que debían conquistar la tierra. 

Benzion Mileikowsky y Benjamin Netanyahu. Fuente: Center for Israeli Educaction

En 1949, tras la Nakba, se instaló en el recién creado Estado de Israel. A lo largo de su vida sostuvo posturas abiertamente anti árabes y se mostró favorable a la expulsión y deportación forzosa de la población palestina. Benzion modificó su apellido y el de su familia al emigrar, una práctica extendida entre los dirigentes sionistas para adoptar nombres de origen hebreo en lugar de sus identidades europeas de origen.

Otras figuras centrales del movimiento siguieron el mismo camino: Golda Mabovitch, nacida en Kiev, adoptó el nombre de Golda Meir antes de llegar a ser primera ministra; David Yosef Grün, nacido en Płońsk, Polonia, pasó a llamarse David Ben-Gurión, presidiendo el consejo provisional en 1948 para luego asumir como primer ministro. 

Un antecedente relevante sobre Ben-Gurión es su respaldo en 1933 al Acuerdo de Haavara firmado entre las autoridades nazis y el movimiento sionista, el cual rompió el boicot económico a la Alemania nazi al facilitar la emigración judía y la transferencia de capitales hacia Palestina.

Junto a la hebraización de las identidades personales, la consolidación del Estado de Israel implicó la reescritura de la geografía: un comité estatal renombró sistemáticamente pueblos, ríos, montañas y aldeas. Más de 7.000 toponímicos originales desaparecieron del mapa en el lapso de un siglo. Donde había memoria, impusieron el silencio. 

Cualquier parecido entre este borramiento histórico y la narrativa que hoy reproducen Wado de Pedro, Leandro Santoro o los medios hegemónicos en la Argentina, ¿es solo coincidencia?

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