Las semifinales del Mundial reúnen a España, Francia, Inglaterra y Argentina. Más allá del fútbol, el cuadro ofrece una curiosa coincidencia histórica. Después de conquistar la independencia del Imperio español, el pueblo rioplatense debió enfrentar décadas más tarde el intento de intervención militar de Francia e Inglaterra. Una historia que recuerda que la soberanía nunca fue un regalo.
Las semifinales del Mundial y una coincidencia que invita a mirar la historia
El fútbol suele producir imágenes cargadas de simbolismo. Que entre los cuatro mejores del Mundial aparezcan Argentina, España, Francia e Inglaterra puede leerse simplemente como una coincidencia deportiva. Pero también invita a recordar un recorrido histórico poco habitual.
Porque antes de enfrentar a estas selecciones dentro de una cancha, nuestro país enfrentó a esos mismos Estados en distintos momentos decisivos de su historia.
Primero fue el dominio colonial español durante más de tres siglos. Luego, ya conquistada la independencia, llegaron los intentos de las grandes potencias europeas por condicionar el desarrollo político y económico de las nuevas repúblicas latinoamericanas. La historia argentina puede leerse también como una larga disputa contra distintos imperialismos.
Del dominio español a la independencia
La Revolución de Mayo de 1810 abrió un proceso que culminaría con la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816. La propia acta de la declaración de independencia, tuvo que ser modificada 10 días después para aclarar que no solo rompemos lazos con el reino español sino que también de “toda otra dominación extranjera“.
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No fue solamente una ruptura administrativa, significó terminar con un sistema colonial que durante siglos había organizado la economía del Virreinato en función de las necesidades de la Corona española, limitando el desarrollo industrial, controlando el comercio y subordinando políticamente a la región.
Las campañas de San Martín, Belgrano, Güemes y miles de combatientes anónimos hicieron posible esa primera conquista. Pero la independencia política no resolvió automáticamente el problema de la dependencia económica.
El Río de la Plata seguía siendo un territorio codiciado
Mientras las nuevas repúblicas latinoamericanas intentaban consolidarse, Gran Bretaña emergía como la principal potencia industrial del mundo. Francia también buscaba ampliar su influencia comercial.
Los grandes ríos interiores del continente representaban enormes oportunidades económicas para ambos imperios. El Paraná era mucho más que un río. Era una vía estratégica para el comercio y el control del interior sudamericano.
Obligado: cuando Francia e Inglaterra llegaron juntas
En noviembre de 1845 ocurrió uno de los episodios más recordados de la historia nacional. Una poderosa escuadra anglo-francesa intentó forzar la libre navegación de los ríos argentinos para abrir el comercio según sus propios intereses.
No venían a promover la libertad. Venían a imponer por la fuerza las condiciones comerciales que favorecían a sus capitales. En la Vuelta de Obligado, sobre el río Paraná, las fuerzas argentinas tendieron enormes cadenas atravesando el río e instalaron baterías de cañones para impedir el paso de la flota.
La enorme resistencia popular elevó el costo de la expedición hasta volver inviable la intervención europea. Años después, ambas potencias terminarían reconociendo la soberanía argentina sobre los ríos interiores.
Una batalla mucho más grande que una derrota militar
La Vuelta de Obligado suele enseñarse como una batalla. En realidad fue mucho más. Expresó que incluso un país joven y con enormes limitaciones podía resistir frente a dos de los mayores imperios del siglo XIX.
No fue solamente una defensa del territorio. Fue una discusión sobre quién decidía el destino económico del país. Por eso Obligado sigue ocupando un lugar central cuando se habla de soberanía.
La soberanía sigue siendo una tarea pendiente
Recordar Obligado no significa reivindicar un nacionalismo vacío ni convertir el pasado en una competencia patriótica. Significa recuperar una tradición de resistencia frente a las potencias que buscaron imponer sus intereses económicos sobre América Latina.
Hoy la dependencia adopta otras formas. Ya no llegan escuadras con cañones para abrir los mercados. Llegan acuerdos con el FMI, tratados comerciales desiguales, privatizaciones, endeudamiento y entrega de recursos estratégicos.
La discusión sobre la soberanía sigue vigente. No porque juguemos contra España, Francia o Inglaterra en un Mundial sino porque las relaciones de dependencia continúan condicionando el desarrollo de países como Argentina.
Quizás por eso el cuadro de semifinales ofrece una imagen curiosa. Hace más de dos siglos Argentina luchó por independizarse de España. Treinta años después resistió el avance conjunto de Francia e Inglaterra en las aguas del Paraná.
Hoy esos tres países vuelven a cruzarse con la Selección, esta vez en una cancha de fútbol. Por suerte, las batallas ya no se libran con cadenas sobre el río ni con cañones frente a una flota imperial, sino con una pelota. Pero la memoria de aquellas luchas recuerda que la independencia y la soberanía nunca fueron concesiones de las grandes potencias: siempre fueron conquistas arrancadas por los pueblos.

