Junio. La recaudación cayó casi 8% en términos reales

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 La recaudación tributaria de junio alcanzó los $20 billones, pero quedó por debajo de la inflación y registró una caída real cercana al 8%. El dato expone una de las contradicciones del modelo libertario: mientras el Gobierno sostiene el ajuste sobre trabajadores y sectores populares, la propia dinámica económica erosiona los ingresos fiscales.

El “equilibrio fiscal” que se sostiene sobre una economía en retroceso

El Gobierno de Javier Milei volvió a recibir una señal incómoda de la economía real. La recaudación tributaria de junio alcanzó los $20 billones, pero el número, presentado oficialmente como un ingreso récord en términos nominales, esconde otro dato: cuando se descuenta la inflación, los recursos cayeron cerca de un 8% interanual.

La cifra vuelve a poner en discusión uno de los pilares del discurso oficial: el supuesto saneamiento de las cuentas públicas como resultado de la motosierra y el ajuste. Porque mientras el Ejecutivo insiste en mostrar el superávit fiscal como el principal logro de gestión, la caída de la recaudación muestra los límites de un modelo que achica el gasto público al mismo tiempo que deteriora la actividad económica.

Menos consumo, menos producción, menos empleo y menos movimiento económico significan también menos ingresos para el Estado. La motosierra, que desde el Gobierno fue presentada como una herramienta para ordenar las cuentas, empieza a mostrar otra cara: no solo recorta partidas, sino que también profundiza una economía más pequeña.

IVA y Ganancias: los impuestos que reflejan la crisis

Uno de los datos más significativos aparece en el comportamiento del IVA, un impuesto directamente ligado al consumo. El IVA neto tuvo un crecimiento nominal del 28,2%, pero ese aumento quedó por debajo de la inflación acumulada, lo que representa una caída real.

La explicación es sencilla: cuando las familias pierden poder adquisitivo y compran menos, también se reduce la recaudación. El ajuste sobre los salarios y jubilaciones, lejos de generar una recuperación, impacta sobre el mercado interno. Comercios con menos ventas, industrias trabajando por debajo de su capacidad y trabajadores que recortan gastos forman parte del mismo circuito.

En el caso del impuesto a las Ganancias, la recaudación mostró un crecimiento nominal mucho más bajo, afectada por modificaciones en vencimientos y pagos. Pero detrás de los números técnicos aparece una discusión política: quién sostiene el sistema tributario y quién se beneficia con las decisiones económicas.

Menos impuestos al capital, más presión sobre los trabajadores

El gobierno libertario llegó con la promesa de eliminar “privilegios” y reducir la presión fiscal. Sin embargo, la estructura tributaria argentina continúa cargando gran parte del peso sobre los impuestos al consumo, que afectan proporcionalmente más a los sectores populares.

Cada compra en el supermercado, cada factura de servicios o cada consumo cotidiano incluye impuestos que pagan trabajadores y sectores medios. Mientras tanto, el Gobierno avanzó durante su gestión con reducciones o modificaciones que favorecieron a determinados sectores económicos, especialmente vinculados al comercio exterior y los grandes exportadores.

En junio, por ejemplo, los ingresos por derechos de exportación estuvieron condicionados por una menor recaudación vinculada a retenciones, producto de cambios en las alícuotas y una base de comparación diferente respecto al año anterior.

El campo, las exportaciones y una promesa que tampoco alcanza

El Gobierno suele mostrar las exportaciones agroindustriales como una señal del éxito del modelo económico. Sin embargo, el crecimiento exportador no necesariamente se traduce en una mejora para las mayorías.

La liquidación del complejo agroexportador convivió con una caída de los ingresos fiscales vinculados a retenciones. En un esquema donde se reducen impuestos a sectores concentrados, el Estado pierde recursos mientras mantiene obligaciones sociales y económicas.

La discusión no es solamente cuánto exporta Argentina, sino quién se queda con esa riqueza. Un país que vende más al exterior pero tiene salarios más bajos, menos empleo industrial y menor capacidad de consumo interno muestra una economía organizada alrededor de las ganancias empresariales y no de las necesidades sociales.

El ajuste que se vuelve contra el propio Gobierno

Durante meses, el oficialismo justificó cada recorte con una frase repetida: “no hay plata”. Pero los datos de recaudación muestran otra parte del problema: incluso el Estado que Milei busca reducir depende de una economía funcionando.

El deterioro de la actividad golpea la recaudación porque la riqueza no aparece por decreto. Si se enfría el consumo, si cierran empresas y si cae el empleo, también disminuyen los recursos disponibles.

La contradicción del modelo libertario es evidente: para sostener el equilibrio fiscal necesita una economía dinámica, pero sus propias políticas de ajuste deprimen las condiciones necesarias para esa recuperación.

Un modelo que descarga la crisis sobre las mayorías

La caída de la recaudación no es un dato aislado. Se suma a otros indicadores que muestran las dificultades del programa económico: caída del consumo, problemas en sectores productivos y pérdida del poder adquisitivo.

El Gobierno busca mostrar que el ajuste es una condición para la recuperación futura. Pero para millones de trabajadores esa recuperación todavía no aparece. La discusión de fondo es quién debe pagar la crisis.

La salida no pasa por seguir recortando derechos ni por hacer más regresivo el sistema tributario, sino por discutir una redistribución de la riqueza que toque los intereses de los grandes grupos económicos.

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