El pasado lunes la selección paraguaya derrotó a la tetracampeona Alemania con una enorme gesta deportiva que se tradujo en el pasaje de la albirroja a octavos de final donde enfrentará a una de las candidatas: Francia.
Aprovechamos este momento, para colocar una premisa, una duda invisible a lo largo de la historia: ¿y si el fútbol nació en Paraguay? Durante más de un siglo se repitió que el fútbol nació en Inglaterra en 1863, cuando se reglamentó el deporte moderno. Sin embargo, documentos del siglo XVII describen que los pueblos guaraníes ya practicaban un juego de pelota con los pies en el actual territorio paraguayo. Detrás de la disputa por el origen del deporte más popular del mundo aparece otra discusión: quién escribe la historia y qué pueblos quedan invisibilizados.
La pelota antes que el reglamento
La historia oficial tiene una fecha marcada en rojo: 26 de octubre de 1863. Ese día, en Londres, se fundó la Football Association y se establecieron reglas que dieron origen al fútbol moderno. Desde entonces, Inglaterra quedó instalada como “la cuna” del deporte que hoy mueve millones de personas alrededor del planeta.
Pero antes de que los caballeros ingleses discutieran reglas, posiciones y límites del campo de juego, en otro lugar del mundo una pelota ya viajaba por el aire impulsada por un pie desnudo. Era el territorio guaraní.
En las antiguas reducciones jesuíticas del Paraguay, durante el siglo XVII, distintos registros describieron una práctica conocida como manga ñembosarái, traducida como “juego de pelota con los pies”. Los documentos de religiosos europeos narraban con sorpresa cómo los pueblos guaraníes no utilizaban las manos para controlar la pelota, sino que la golpeaban con los pies, la levantaban y la pasaban entre compañeros.
La escena parece sencilla, pero cambia una parte importante del relato mundial: la idea de que el uso de los pies como elemento central del juego no nació necesariamente en Europa.
El testimonio que quedó escondido
Uno de los registros más citados aparece en los trabajos del sacerdote jesuita Antonio Ruiz de Montoya, quien en 1639 publicó el Tesoro de la lengua guaraní, donde aparecen referencias a las pelotas utilizadas por los pueblos originarios de la región. Años más tarde, otros religiosos describieron con mayor precisión la práctica.
José Cardiel, por ejemplo, escribió sobre un juego donde los participantes arrojaban la pelota con el empeine del pie y la devolvían del mismo modo, diferenciándolo de los juegos europeos donde predominaba el uso de las manos. El detalle no es menor.
Para la mirada europea de la época, acostumbrada a otras formas de entretenimiento con pelota, resultaba llamativo que un pueblo indígena hubiera desarrollado una práctica basada en el control del balón con los pies.
Lo que para algunos cronistas fue una curiosidad, para investigadores posteriores se convirtió en una pregunta incómoda: ¿El fútbol fue realmente inventado en Inglaterra o allí solamente fue reglamentado?
Colonialismo también es contar quién inventó
La discusión no pasa solamente por un deporte. También habla de cómo se construye la historia. Durante siglos, los relatos escritos desde Europa ocuparon el lugar de autoridad para definir qué conocimientos eran válidos y cuáles quedaban relegados. Las culturas indígenas fueron presentadas muchas veces como sociedades sin desarrollo propio, mientras sus aportes eran absorbidos o directamente borrados. Todavia hay que escuchar quienes nos dicen que hay que agradecer a los europeos por las calles e iglesias construidas, por la cultura enseñada, etc.
La historia del fútbol no escapa a esa lógica. La versión tradicional reconoce a Inglaterra como creadora porque allí apareció la reglamentación moderna, los clubes organizados y posteriormente las instituciones internacionales. Pero otra mirada señala que una cosa es organizar un deporte y otra inventar la práctica cultural de jugar con una pelota.
El periodista e investigador paraguayo Marcos Ybañez sostiene justamente que los guaraníes practicaban una forma de fútbol mucho antes de la reglamentación inglesa, aunque reconoce que los ingleses fueron quienes transformaron esa práctica en un deporte global con reglas unificadas. La diferencia parece pequeña, pero cambia quién aparece en la foto.
Un juego comunitario contra el negocio mundial
Hay además otra distancia entre aquel juego guaraní y el fútbol actual. El manga ñembosarái no existía como espectáculo comercial, no estaba organizado alrededor de contratos millonarios ni derechos televisivos. Era una práctica comunitaria, vinculada al encuentro social.
El fútbol moderno, en cambio, se convirtió en una industria global donde circulan miles de millones de dólares y donde clubes, empresas, sponsors y organismos internacionales disputan poder.
La pelota que antes era un espacio de participación colectiva terminó convertida en una mercancía. El contraste revela una transformación profunda: una práctica nacida como juego popular terminó integrada a una estructura económica donde muchas veces quienes producen el espectáculo —los futbolistas y los trabajadores del deporte— tienen menos poder que quienes administran el negocio.
La resistencia de una memoria
Paraguay lleva años reivindicando esta historia. Investigadores, escritores y organismos culturales impulsaron documentales y trabajos sobre el manga ñembosarái para recuperar esa memoria. La Secretaría Nacional de Cultura paraguaya difundió investigaciones que sostienen la existencia de registros del siglo XVII sobre el juego de pelota con los pies en las misiones jesuíticas.
Incluso el diario oficial del Vaticano publicó en 2010 un artículo titulado “Cuando los guaraníes inventaron el fútbol”, retomando estas investigaciones y reconociendo la existencia de una práctica similar al fútbol moderno antes de la reglamentación inglesa. Sin embargo, la historia dominante continúa ubicando el nacimiento del fútbol en Inglaterra. La disputa sigue abierta.
El fútbol también tiene una historia de abajo
La pelota siempre fue más que una pelota. En los barrios, en las calles de tierra, en los potreros y en las comunidades, el fútbol fue construido por millones de personas anónimas mucho antes de convertirse en negocio.
La historia del manga ñembosarái recuerda algo fundamental: los pueblos crean cultura aunque los relatos oficiales intenten borrarlos. Quizás la pregunta no sea solamente dónde nació el fútbol. Quizás la pregunta más profunda sea quiénes tienen derecho a ser reconocidos como protagonistas de la historia.
Porque antes de los estadios gigantes, antes de las marcas internacionales y antes de los campeonatos mundiales, hubo pueblos que patearon una pelota por el simple placer de jugar. Y esa historia también merece salir a la cancha.

