Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista
Una diferencia porcentual muy pequeña separó a Abelardo de la Espriella de Iván Cepeda según los datos de la Registraduría la noche del 21de junio. Los 250.830 votos por los que pierde Cepeda, quien obtuvo 12.708.719 (48,70%) según el preconteo, significan 0,96% de diferencia frente a los 12.959.542 (49.66%) de De la Espriella.[1] Esta diferencia es menor que el total de votos en blanco (426.848, 1,63%), votos no marcados (29.499, 0,11% y nulos (220.763, 0,83%). La participación del 63.60% es un aumento importante frente a la primera vuelta (57.88).
Tal como había sido anunciado desde antes, tanto el presidente de la República como el candidato Cepeda cuestionaron estos datos; declarando que solo “obedecerían” los resultados que determinaran los jueces que realizan el escrutinio; que es el proceso que presta mérito legal para determinar el ganador de un proceso electoral en Colombia.
¿Un gigantesco fraude?
Las alegaciones de fraude circularon a la velocidad de las redes. En algunos casos se expresaron a través de pequeñas manifestaciones y protestas juveniles. El excandidato Cepeda anunció presentación de impugnaciones (siguiendo los trámites legales) en 33.000 mesas de votación (aproximadamente un 28% del total). En discurso posterior señaló que las reclamaciones serían más de 55.000, por diversas irregularidades.
El proceso de escrutinio a nivel municipal, según informa la Registraduría, está concluido. Los escrutinios departamentales y el nacional consolidarán los resultados en muy pocos días. Las irregularidades que se han constatado hasta el momento, según informaciones de muy diversas fuentes, son menores y casi en nada afectan los datos del preconteo; habiéndose ya resuelto la mayoría de ellas.
Por ningún lado se presentan pruebas contundentes de hechos fraudulentos de tal dimensión que permitan afirmar que a Cepeda le robaron el triunfo. Es una situación muy distinta a la de 1970, cuando el gobierno de turno de Carlos Lleras Restrepo manipuló los resultados para dar por triunfador a Misael Pastrana Borrero; desconociendo la voluntad popular que había elegido a ex general Gustavo Rojas Pinilla.
A estas alturas, más allá de que se continúe manteniendo una narrativa de irregularidades o anomalías de diverso tipo por parte una u otra campaña, es un hecho que Abelardo de la Espriella será proclamado presidente electo por la autoridad electoral. Y que esa proclamación será reconocida por todas las instituciones del régimen político (Corte Suprema, Corte Constitucional, Congreso, Consejo de Estado, etc.). De hecho, ya ha sido reconocido como tal (no es de extrañar, por el carácter político de su campaña) por varios gobiernos, incluido el de Estados Unidos cuyo presidente intervino abierta y descaradamente en la campaña a favor de De la Espriella.
Casi seguro el Pacto Histórico, el ahora elegido senador Cepeda (por haber sido derrotado de la segunda vuelta) y en especial el presidente Gustavo Petro continuarán alimentando una narrativa de irregularidades, anomalías y reclamaciones, pero, a regañadientes, terminarán reconociendo al nuevo presidente. Ya varios de sus aliados lo han hecho y, tácitamente, ellos en sus mensajes en X así lo muestran.
La narrativa de fraude e irregularidades, teniendo en general una base cierta dado lo antidemocrático del sistema electoral colombiano, pero sin que en este caso haya sido el factor decisivo, busca, en lo fundamental, amortiguar el golpe político sufrido que, a pesar de no ser demoledor, si afecta en forma profunda la estrategia del denominado progresismo. Esa estrategia era continuar detentando el poder del Ejecutivo durante otros cuatro años. Al servicio de ella se colocó la totalidad del aparato gubernamental controlado por Petro, él mismo como jefe (de hecho) de debate de Cepeda y varios funcionarios importantes; lo cual ha sido duramente cuestionado. Ahora se producirá un cambio profundo. Uno de los poderes más grandes del régimen, el gobierno, pasa a ser controlado por fuerzas políticas contrarias, con políticas sustancialmente distintas a las que tuvieron el control los cuatro años anteriores. Asistimos a un giro político profundo.
¿Qué viene de inmediato?
En el momento estamos en medio de un aluvión de análisis, interpretaciones y justificativos sobre las razones del triunfo y la derrota, los errores y aciertos de cada campaña, las negociaciones sobre cómo se conformará el nuevo gobierno, los resultados generales y en cada municipio y ciudad, etc. Esta etapa pasará rápido.
Vendrá luego el tránsito entre un gobierno y otro. No será fácil. Habrá tormentas, forcejeos y amenazas. Pero casi seguro el proceso culminará con Petro saliendo de la Casa de Nariño, sin entregar las llaves al nuevo inquilino. Cepeda, entre tanto, irá desde el 20 de julio a ocupar su curul en el Senado; donde ha habitado ya bastantes años gracias a sus intransigentes denuncias de los aspectos más reaccionarios y represivos del régimen político, luchando por una transformación y reformas pacíficas y negociadas del mismo. ¿Vana ilusión?
El Pacto Histórico, todos sus dirigentes más importantes y centenares de activistas que en los últimos cuatro años fueron funcionarios del gobierno, comenzarán a reacomodarse ante la nueva realidad. Llega una “nueva escoba”, que barrerá todo puesto burocrático en el que pueda hacer cambios para ubicar su propia clientela.
La nueva realidad
Llegaremos así al 7 de agosto donde, con un espectáculo muy distinto al de hace 4 años, tomará posesión como presidente del país Abelardo De la Espriella. No habrá espada de Bolívar, ni sombrero de Carlos Pizarro, ni banderas del M-19.
Se abrirá un período de decretos, resoluciones, propuestas de ley que, en la enorme mayoría de sus aspectos, serán recortes o eliminación directa de conquistas y derechos de amplias franjas de trabajadores y de los sectores populares, campesinos, indígenas. El nuevo gobierno modificará el rumbo de muchísimas políticas públicas. Se enfilará hacia la defensa incondicional de los intereses de la gran burguesía y del imperialismo, en especial del imperialismo norteamericano.
Es cierto que, por la lucha popular de años atrás que condujo a la crisis política de la burguesía tradicional y de sus partidos, el gobierno Petro había modificado en forma leve, a nuestro juicio, ese rumbo y había tratado de “equilibrar” las cargas. Fue un gobierno de tímidas reformas pues su estrategia, defendiendo lo fundamental de la estructura capitalista del país, no le daba para más; como no le ha dado para más a ninguno de los llamados gobiernos progresistas de América Latina.
Pero esa modificación del rumbo generará choques profundos, importantes. Nadie acepta a las buenas que le arrebaten a la fuerza lo que considera suyo. Y Abelardo no la tendrá fácil. El outsider en realidad es un insider pues representa los mismos intereses económicos, políticos y sociales que la vieja casta política de la cual intenta diferenciarse. Así como fue respaldado en su elección por esa casta negociará con ella en el Congreso para lograr la llamada gobernabilidad.
Y el Pacto Histórico, que en el terreno institucional será quien aparecerá encabezando la lucha y oposición contra ese gobierno, no podrá quedarse de brazos cruzados. Hacerlo sería su suicidio. Ya muchos comienzan a mirar hacia las elecciones de alcaldes y gobernadores de 2027 y hacia el 2030; para “la revancha”.
Vendrán cuatro años de intensa actividad y confrontación política; acompañados posiblemente, de intensa movilización directa contra medidas y actuaciones del nuevo gobierno.
¿Qué hacer?
Desde una posición revolucionaria, sin compartir el programa de Iván Cepeda, lo respaldamos llamando a votar por él, contra Abelardo. Pero la estrategia revolucionaria no tiene como objetivo aprovechar la lucha social para llevarla al terreno electoral; como sí es la estrategia de la dirección del Pacto Histórico.
Hay que abrir un camino radical y distinto. En tanto lucharemos en forma unificada contra todas las medidas del nuevo gobierno que sean lesivas a los trabajadores señalaremos que nuestro objetivo no son las elecciones de alcaldes y gobernadores o “recuperar el poder” en el 2030. Nuestro objetivo es que la lucha y movilización masiva y organizada de miles de al traste con las medidas del nuevo gobierno y con él mismo.
Nuestra perspectiva es aprovechar la intensa confrontación social y política que se producirá para avanzar en la construcción de un instrumento que es necesario para la confrontación y derrota de cualquier gobierno del estado burgués y de ese mismo estado: un partido revolucionario que, dotado de un programa no reformista sino de revolución social, se postule como dirección de las luchas de millones; no orientándolos a ser parte de las instituciones de ese estado burgués, que garantiza la continuidad de la explotación capitalista, sino hacia su destrucción. Al servicio de esa tarea nos proponemos avanzar en la construcción y desarrollo de la ¡Unidad obrera y socialista – UNÍOS!
Luis García R.
Medellín
23 de junio de 2026

