El mapa político de nuestro país se reconfigura al ritmo de la crisis del gobierno, la fragmentación de un peronismo que decepciona y la emergencia de la izquierda como un actor político protagónico y en ascenso. Tras algunos meses del inicio de un giro a izquierda de una importante franja de la población, ya no sorprende que Myriam Bregman y el Frente de Izquierda aparezcan en toda encuesta y estudio de opinión por encima del 10% de intención de votos. En el caso de Myriam, con mayores niveles de imagen positiva por encima de otras figuras del régimen político argentino. Lo cual anticipa que el salto de la izquierda no ha llegado a su techo.
No hay manera de intervenir correctamente en el presente y futuro sin partir de asimilar en toda su magnitud este cambio tan positivo que se está produciendo y que bien pudiera ser tan solo el inicio de un salto cualitativo superior. De nuestra parte partimos de considerar esta situación como inédita, altamente progresiva y como impulsora del mayor desafío que la izquierda revolucionaria ha tenido en décadas: la posibilidad de hacer confluir nuestro desarrollo militante y peso político en combinación con próximos saltos en la lucha de clases. Proceso que si en perspectiva se desarrolla y condensa, puede hacer irrumpir la hipótesis de disputa por el poder político. De todo eso estamos hablando, no solamente de un salto limitado a lo electoral, que desde ya sería positivo, ni de un poco más o menos de militancia e influencia política. Por eso, el contenido general de lo que proponemos coloca la vara allí donde la realidad plantea que es posible llegar. Todo planteo por debajo de eso solo puede realizarse si no se comprende la magnitud del fenómeno en curso.

Es este contexto apasionante y en pleno desarrollo el que alimenta toda una serie de debates que recorren a la izquierda y del cual hacen parte referentes, intelectuales, militantes y miles de seguidores de la izquierda que acuden a todo tipo de eventos con sus ganas de participar y sus opiniones. En la recorrida y organización de actos en todo el país, que diferentes dirigentes del MST venimos realizando, constatamos esta situación y las crecientes ganas de sumarse a la organización política que evidencian sectores de la clase trabajadora y la juventud. Son eventos con un alto componente de participación de independientes y simpatizantes, como muestra de la atracción que genera por estos días las ideas de la izquierda y la presencia de sus referentes y voceros.
Frente a esta situación novedosa y en camino ascendente, si hay algo que no se puede hacer, es lo mismo que antes o solo anclarse en el terreno pasado conquistado o en formas organizativas que, si ya eran limitadas, en este nuevo escenario lo son aún más. Por dar un ejemplo en relación al Frente de Izquierda, una unidad que valoramos y defendemos como continuidad necesaria, aunque desde hace mucho tiempo venimos planteando que su formato electoral es una traba para responder a las necesidades políticas. Esas mismas trabas y formatos electorales hoy lo son aún más. De ahí que, frente a la nueva situación, no podemos solo responder con la defensa del FIT-U como tal, sino partir de su defensa para ir por mucho más. En este sentido, no compartimos las valoraciones de PO e IS que hacen eje en el FITU con el modelo tal cual está: limitado a un acuerdo solo electoral. Como si no necesitará cambiar o superarse cualitativamente.

En nuestra opinión, la defensa de nuestro frente de unidad de la izquierda siempre debe ir de la mano de buscar mecanismos para mejorarlo y transformarlo en algo mucho más positivo de lo que es hoy. El giro a izquierda que estamos presenciando y sobre el cual intervenimos necesita acuerdos políticos mucho mayores que integren la participación electoral con la unidad en la lucha de clases y en todo ámbito de disputa política. Y la organización política que hace falta construir tiene que asumir el desafío de responder de conjunto a todas estas cuestiones de la realidad. En este plano, consideramos muy útil y acertado que el FIT-U organice una serie de foros sobre diversos temas poniéndolos en debate, porque así contribuye en parte a trabajar para poner el centro en cuestiones de mayor trascendencia.
Estrategia y partido revolucionario
Por estas razones es que consideramos positivo abordar a fondo el debate sobre la necesidad de aprovechar políticamente este salto en la ubicación de la izquierda, para intentar construir una gran organización política, militante y revolucionaria de la clase trabajadora y de la juventud. En realidad, es el debate más estratégico de todos, ya que la historia demuestra que los procesos de revolución si quieren avanzar, necesitan obviamente de la existencia objetiva de niveles muy altos de lucha de clases, de organismos de doble poder y de una dirección revolucionaria que desde su partido dispute con una línea correcta en la lucha de clases y en el seno de esos organismos de autoorganización que pueden existir. No hay ningún ejemplo de la historia contemporánea que haya demostrado que sin un partido revolucionario se haya podido avanzar en sentido socialista y revolucionario. Por eso no estamos debatiendo algo menor o táctico, sino estrategia pura y decisiva.
En este plano, los compañeros del PTS han propuesto el impulso de un movimiento por un partido de la nueva clase trabajadora y la conformación de comités en todo el país para ese objetivo. Como ya hemos planteado públicamente y en particular se lo hemos expresado a los compañeros que lo impulsan, desde el MST estamos a favor de impulsar en común esos comités y también estamos a favor de desarrollar en unidad este debate estratégico que compartimos hacia la conformación de un gran partido de miles de militantes. Para esos objetivos sería óptimo que prontamente los compañeros del PTS habiliten la posibilidad de encontrarnos en comités comunes, algo que miles de compañeras y compañeros esperan y que se evidencia como una necesidad del momento.

Precisamente porque consideramos que la situación nos coloca ante un desafío histórico e inédito, es que partimos de hacer los mayores esfuerzos para encontrar acuerdos políticos de fondo para estas tareas y objetivos. Está claro que, si miramos hacia atrás, en toda la izquierda revolucionaria vamos a encontrar importantes acuerdos, matices y diferencias. A la vez, nunca debe ser un impedimento ni un obstáculo para encontrar acuerdos de fondo presentes y a futuro, que en última instancia es lo decisivo. Las direcciones políticas que tienen la revolución en su horizonte político siempre tienen que hacer los mayores esfuerzos para encontrar acuerdos de fondo que actúen como palanca positiva y un impulso cualitativo hacia adelante.
En cuanto a la posibilidad de avanzar en un movimiento hacia un partido común, lógicamente hay debates en torno a cómo realizarlo de la mejor manera. Lo primero, en nuestra opinión, es ponernos de acuerdo en qué queremos construir. En este sentido, consideramos y proponemos dar pasos hacia la conformación de un nuevo y gran partido revolucionario, que aglutine para la disputa política y en la lucha de clases, a miles de nuevas y nuevos activistas y a la militancia de los partidos que estemos dispuestos a dar ese paso en común. No estamos hablando de un frente táctico, ni de un partido amplio, ni de una organización de carácter electoral. Hablamos de construir un partido revolucionario, con un programa revolucionario y socialista, con la estrategia de la toma del poder por la clase trabajadora y para su gobierno y con el método del centralismo democrático para funcionar.

En efecto, para llegar a ese objetivo tiene que haber transiciones que puedan expresarse en estatutos por el tiempo que sea necesario, en la medida que venimos de diferentes procedencias y experiencias políticas. De ahí nuestro planteo de que ese partido tiene que permitir tendencias internas para reflejar y contener esa realidad y facilitar una incorporación plena y el procesamiento de debates o diferencias que existan. Esta forma no va contra el centralismo democrático, ya que la existencia de tendencias no elimina que el funcionamiento sea a través de votaciones y de la aplicación de la línea mayoritaria que se adopte en cada tema y momento.
Algo similar, que tome en cuenta la procedencia y experiencia previa, puede resolverse en torno a la cuestión internacional. Donde no pueden imponerse ni líneas políticas ni formas de construcción de un día para el otro. Se puede debatir todo, tomar posiciones por mayoría y minoría. Asimismo, permitir democráticamente que las mismas se expresen y que cada quien tenga libre afiliación internacional. Hasta tanto el tiempo permita ver si hay acuerdos mayores a desarrollar en el plano de la construcción internacionalista y revolucionaria.

En resumen, sobre estas y otras cuestiones estamos debatiendo e intercambiando con las y los compañeros del PTS y queremos hacerlo con todas y todos quienes estén a favor de avanzar en común a la construcción de un nuevo y gran partido de miles de militantes. Es la tarea más estratégica y decisiva. Necesita un debate muy profundo y mucha paciencia y comprensión de lo que implica trabajar en común entre quienes provenimos de diversas experiencias políticas dentro de la izquierda revolucionaria. Un proceso que para realizarse necesita partir de escucharnos, de trabajar con lealtad, de creer realmente que una sola fuerza no puede resolver problemas que necesitan el aporte y la fuerza de diversas direcciones y organizaciones. Un proceso que condensa la fusión de organizaciones, dirigentes y cuadros, combinado con la incorporación de nuevos miles de militantes, para dar origen una herramienta política muy superior para los enormes desafíos que vienen. ¿Es posible un objetivo tan complejo? Claro que sí. Depende en primer lugar, de la voluntad revolucionaria de querer intentarlo realmente. De nuestra parte, en eso estamos.
*La foto de portada es del reciente acto en Córdoba del MST, con Alejandro Bodart y Luciana Echevarría



