Argelia. La revolución que hizo temblar al imperio francés 

La selección argentina debuta este martes a las 22hs en el Mundial 2026 contra el seleccionado de Argelia, te contamos algunos de los capítulos más importantes de la historia del país del norte de África. 

Una historia de lucha 

A más de seis décadas de su independencia, la historia argelina sigue siendo una de las experiencias anticoloniales más profundas del siglo XX. Una guerra brutal contra Francia, una revolución popular y una disputa por la soberanía que marcó a todo el mundo.

En el mapa actual del norte de África, Argelia aparece como un país extenso, con una identidad propia y una historia atravesada por la lucha contra la dominación extranjera. Pero para entender a la Argelia contemporánea es necesario mirar hacia atrás: durante más de un siglo, su territorio estuvo sometido al poder colonial francés, en una de las experiencias más violentas del imperialismo europeo.

La ocupación comenzó en 1830, cuando Francia invadió Argel y transformó progresivamente el territorio en una colonia de asentamiento. A diferencia de otros dominios coloniales, París no consideraba a Argelia simplemente una colonia: la incorporó formalmente como parte de Francia. Pero esa supuesta integración escondía una profunda desigualdad. Mientras los colonos europeos —conocidos como pieds-noirs— concentraban tierras, derechos y privilegios, la mayoría de la población argelina sufría discriminación política, económica y social.

La tierra fue uno de los principales campos de batalla. Grandes extensiones pasaron a manos de colonos franceses, mientras campesinos argelinos eran desplazados y empobrecidos. El discurso francés de “civilización” funcionaba como justificación para un sistema basado en la subordinación de un pueblo entero.

Una independencia que nació de la resistencia

Después de la Segunda Guerra Mundial, las contradicciones del colonialismo se hicieron imposibles de ocultar. Miles de argelinos habían combatido junto a Francia contra el fascismo, pero al regresar encontraron que la promesa de igualdad seguía negada. El mundo comenzaba a sacudirse por los procesos de descolonización y en África, Asia y América Latina crecían los movimientos que cuestionaban el dominio europeo.

El punto de ruptura llegó el 1 de noviembre de 1954, cuando el Frente de Liberación Nacional (FLN) lanzó una serie de ataques contra objetivos franceses e inició la guerra por la independencia. No era simplemente un conflicto militar: era una disputa por quién tenía derecho a decidir el destino de un territorio y de un pueblo.

La respuesta francesa fue brutal. El ejército desplegó una política de represión, torturas, desapariciones y castigos colectivos para intentar frenar la insurgencia. La batalla de Argel (1956-1957) se convirtió en uno de los episodios más conocidos de la guerra: las fuerzas francesas intentaron destruir las redes urbanas del FLN mediante una campaña sistemática de persecución.

Pero la resistencia no desapareció. La lucha armada, la organización clandestina y el apoyo popular permitieron que el movimiento independentista sobreviviera incluso frente a una potencia militar superior.

La revolución que incomodó a Europa

La guerra de Argelia no solo puso en crisis a Francia: también sacudió al mundo entero. Su lucha se convirtió en un símbolo para los movimientos anticoloniales. Para muchos pueblos sometidos, Argelia demostró que incluso los imperios más poderosos podían ser derrotados.

La independencia argelina también tuvo una dimensión internacionalista. Sus dirigentes buscaron apoyo en los países que enfrentaban al imperialismo y su causa fue discutida en organismos internacionales donde los pueblos colonizados empezaban a disputar una nueva relación mundial.

En Francia, la guerra provocó una crisis política profunda. La imposibilidad de sostener el dominio colonial terminó llevando a negociaciones que culminaron con los Acuerdos de Évian en 1962 y la independencia de Argelia.

El 5 de julio de 1962 Argelia declaró oficialmente su independencia. Después de 132 años de dominación colonial, el pueblo argelino recuperaba su soberanía.

Memoria, violencia y deudas pendientes

La independencia no borró las heridas. La guerra dejó cientos de miles de muertos, desplazamientos masivos y una sociedad marcada por la violencia colonial. Francia tardó décadas en reconocer algunos aspectos de esa historia y todavía existen debates abiertos sobre las responsabilidades del Estado francés.

La experiencia argelina también dejó una enseñanza política: el colonialismo no desaparece únicamente porque cambien las banderas. La independencia formal no siempre significa independencia económica, y muchos países que lograron liberarse políticamente continuaron enfrentando presiones externas, desigualdades y nuevas formas de dependencia.

Por eso Argelia ocupa un lugar especial en la historia de las luchas populares. No fue una independencia concedida desde arriba, sino conquistada por un pueblo que enfrentó a una potencia imperial y sostuvo durante años una pelea desigual.

La revolución argelina recuerda que la soberanía no es una palabra vacía: es una disputa permanente sobre quién decide, quién controla los recursos y quién tiene derecho a construir su propio destino.

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