Género: Academias de la violación. La academia de un delito

Desde Juntas y a la izquierda repudiamos con absoluta indignación la reciente revelación de redes criminales operando bajo nombres como “Academia de la Violación”. Si bien la investigación toca diferentes lugares en el mundo como de gran epicentro, Europa, China; Argentina se ha convertido en un lugar elegido dentro de América Latina. A través de plataformas como Telegram y otros espacios digitales, millones de varones se organizan para compartir, enseñar y perfeccionar métodos de sumisión química (drogado), violación grupal, filmación y comercialización de material de abuso sexual de sus parejas, hermanas y madres.

No es perversión aislada, es un sistema de pertenencia y recompensas sociales

 Medios internacionales revelaron la existencia de plataformas online denominados “academias de violadores”, en donde circulan videos de abusos y violaciones cometidas por hombres hacia sus parejas mediante drogas y sedantes. Incluso se comparten métodos y venden productos para estos crímenes. Además, existen grupos de Telegram donde se puede encontrar información acerca de dosis de sedantes, cómo administrarlos sin sospechas, técnicas para grabar sin ser detectados, qué responder si son descubiertos y cómo comportarse después.

También comercializan los videos o imágenes de sus abusos o incluso las transmiten en directo. Los grupos también son usados para vender productos o sedantes. Se puede obtener una botella de sedante por 175 dólares.

Investigadores e investigadoras advierten que esta es una de muchas plataformas y comunidades digitales dedicadas con fines de abuso y explotación sexual. La investigación  mas reciente es de la BBC, que  identificó decenas de canales y grupos en Telegram, con casi dos millones de usuarios repartidos entre Reino Unido, Rusia, Brasil o Kenia.

En Argentina, existe el grupo “Los Magios de Tucumán”, con miles de hombres que compartían contenido sexual, incluso de menores. Como uno de los mas activos.Es un lugar donde además cuelgan vídeos y fotos de sus hijas, madres, hermanas y esposas o novias siendo violadas, realizando prácticas sexuales que no saben que van a ser difundidas o sencillamente desnudas o en el váter. Sólo en un mes, febrero, más de 62 millones de hombres visitaron la web desde la que se puede acceder a dicha academia.

Se trata de la plataforma Motherless.com, que entre su contenido pornográfico, ha clasificado uno con la etiqueta #EyeCheck o #Contenidodesueño, el cual se basa en abusos hacia mujeres mientras se encuentran dormidas y sedadas, en la mayoría de las veces cometidos por sus parejas.   Denunciamos que estas prácticas no son hechos aislados ni casos de “enfermedad mental” individual. Se trata de un marco cultural de machismo recalcitrante donde el daño a la mujer se utiliza como moneda de cambio para generar un sentido de pertenencia grupal, sensación de falsa seguridad masculina y monetización. Estos hombres encuentran en la violencia sexual un espacio de validación de poder, alimentando una ilusión de dominio a través del sufrimiento ajeno. Y se sienten empoderados para hacerlo, a partir de un discurso institucionalizado y gubernamental. El negacionismo desde el gobierno habilita o empodera a quienes son usuarios de estos espacios digitales.

La complicidad de la tecnocracia y las corporaciones

Estamos ante una tecnocracia del dolor. Las grandes corporaciones tecnológicas han permitido el crecimiento descontrolado de estos grupos, priorizando la captación de usuarios y el tráfico de datos por encima de la integridad humana. Estas empresas se benefician indirectamente de una economía que monetiza la violencia y el trauma, permitiendo que redes de usuarios reproduzcan y vendan crímenes filmados con total impunidad bajo el velo del anonimato digital.

Además mientras se bloquea o censura contenido por Palestina en las redes, estos espacios digitales tienen vía libre y no se ven preocupados por ningún tipo de sanción.

 La magnitud del horror: La punta del iceberg

La investigación de medios como CNN revela una cifra escalofriante: al menos 60 millones de hombres han participado en redes de intercambio de material íntimo y violatorio. Esta cifra es apenas la superficie de una economía sumergida que opera a escala global. El hecho de que las víctimas sean personas del círculo íntimo (parejas o familiares) agrava el daño psíquico y social, rompiendo los vínculos más básicos de confianza y seguridad. Si bien el caso mas conocido es el caso de Dominique Pelícot esa es solo la punta del iceberg de una nueva herramienta masiva machista y patriarcal donde se esconden los violadores , los pedófilos,  y dónde se enseña las mejores prácticas para lograr el sometimiento de las víctimas.  Además de una comercialización de materiales grabados y  en vivo. 

Frenar este escenario es urgente. Promover delitos crueles por redes no puede ser considera un acto de diversión ni hobby.  Y quienes permitan o incentiven esas prácticas también deben ser sancionados.

Por eso frente a este nuevo horror masivo, EXIGIMOS: 

A las autoridades judiciales, organismos internacionales de Derechos Humanos y a la sociedad civil:

Los/as abajo firmantes exigimos:Investigación Penal Inmediata: Que las fiscalías especializadas en delitos informáticos y violencia de género actúen de oficio para identificar y desarticular estas redes, procesando tanto a los autores directos como a quienes comercializan el material. Y cerrando dichas plataformas.

 Responsabilidad Corporativa: Exigimos que las plataformas digitales involucradas (como Telegram) sean declaradas responsables por negligencia al permitir que sus servicios se conviertan en infraestructuras para el crimen organizado y la violación de derechos humanos.

Regulación de la economía digital: Que se establezcan controles estrictos sobre la monetización de contenidos en redes sociales para evitar que el sufrimiento femenino siga siendo un producto rentable.

Políticas de Prevención y Educación: El Estado debe abordar la raíz cultural de esta violencia, combatiendo los discursos de odio y la pedagogía de la crueldad que circula en espacios digitales masculinos. El propio estado no puede ser divulgador de discursos de odio por genero o raza. Mucho menos avalar una misoginia integral reflejada además en sus políticas de género. Por eso exigimos la implementación inmediata de políticas y recursos que fortalezcan la ESI,  y la red de denuncia y contención. El silencio nos hace cómplices. El sufrimiento y la violación de la integridad de las mujeres no puede ser el motor de ninguna economía ni el eje de ninguna fraternidad.

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