Hospitales de la UBA al borde del colapso. Denuncian que podrían dejar de funcionar en 45 días

El ajuste del gobierno de Javier Milei pone en jaque a los hospitales universitarios. Falta de presupuesto, insumos y financiamiento amenazan con paralizar servicios esenciales para miles de pacientes.

Un sistema en cuenta regresiva

Los hospitales dependientes de la Universidad de Buenos Aires encendieron una señal de alarma: si no hay una recomposición urgente del presupuesto, podrían dejar de funcionar en un plazo de 45 días.

La situación afecta directamente a instituciones clave como el Hospital de Clínicas, que no solo brindan atención médica a miles de personas, sino que además cumplen un rol central en la formación de profesionales de la salud.

Ajuste que se siente en la salud pública

Desde el inicio del gobierno, el recorte presupuestario sobre las universidades y el sistema de salud viene impactando de lleno en el funcionamiento cotidiano: falta de insumos, salarios deteriorados y servicios que empiezan a restringirse.

Lejos de tratarse de un problema administrativo, lo que está en juego es el acceso a la salud de amplios sectores de la población que dependen de estos hospitales.

Formación, atención y derecho a la salud

Los hospitales universitarios cumplen una doble función: atienden a pacientes y forman a futuras generaciones de médicos, enfermeros y profesionales de la salud.

Su desfinanciamiento no solo compromete la atención actual, sino que también afecta el futuro del sistema sanitario, debilitando la formación pública y gratuita.

Una crisis que no es aislada

La situación de los hospitales de la UBA se inscribe en un escenario más amplio de ajuste sobre la educación y la salud pública. Universidades desfinanciadas, salarios docentes en caída y recortes en programas sociales configuran un panorama de deterioro estructural.

Mientras tanto, el gobierno sostiene su política de reducción del gasto como eje central, incluso cuando las consecuencias impactan en derechos básicos.

Cuando el ajuste llega a los hospitales, ya no se trata de números sino de vidas. La posibilidad de que instituciones históricas dejen de funcionar en semanas muestra el verdadero alcance del modelo: recortar donde más se necesita. Frente a esto, la defensa de la salud pública deja de ser una consigna para convertirse en una urgencia.

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