El funcionario evitó definiciones, esquivó preguntas y convirtió su exposición en una demostración de vacío político. En tiempos de crisis, el gobierno perfecciona una nueva habilidad: decir mucho sin explicar nada.
Modo silencio
Si alguien buscaba claridad, se equivocó de evento. El extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, se negó a declarar en la causa sobre las coimas en la compra de medicamentos e insumos, que lleva adelante el fiscal Franco Picardi.
Tampoco quiso responder preguntas el exdirector de Acceso a los Servicios de Salud, Daniel Garbellini, que junto a Spagnuolo y Miguel Angel Calvete, están procesados por asociación ilícita y otros delitos en una primera etapa de la investigación vinculada con medicamentos de alto costo. Ante la necesidad de explicaciones, silencio envuelto en discurso.Una estrategia que ya parece marca registrada del gobierno.
El contexto que incomoda
El problema es que el silencio no aparece en el vacío. Se da en un contexto de denuncias, ajustes y crecientes cuestionamientos a la gestión.
En ese marco, no responder no es neutral: es una decisión política.Porque cuando se evita hablar de lo importante, lo que se protege no es la prudencia, sino el poder.
La lógica del esquive
Lo que se vio no fue improvisación, sino método. Una forma de intervención que apunta a desgastar el debate, diluir las preguntas y evitar costos políticos. No es que no haya respuestas: es que no se quieren dar.
Mientras el discurso oficial insiste en la transparencia y la eficiencia, las exposiciones públicas muestran otra cosa: funcionarios que esquivan, explicaciones que no llegan y una distancia cada vez mayor entre lo que se dice y lo que ocurre. El resultado es un vacío que no se llena con palabras.
Un síntoma de época
La estrategia de “no decir nada” no es un hecho aislado. Se repite en distintos niveles del gobierno y funciona como un mecanismo de defensa frente a un escenario adverso.
Cuando las respuestas incomodan, se opta por la ambigüedad. Cuando los datos complican, se recurre al silencio.
En un gobierno que prometía dinamitar la vieja política, aparecen todos los vicios de la casta que decían combatir. Mientras las palabras se diluyen, la realidad aprieta. Y cuando el silencio se vuelve política de Estado, lo que queda es una forma elegante de no rendir cuentas.
Ante los silencios del poder, se vuelve imprescindible la conformación de una Comisión Investigadora Independiente que vaya hasta el final y haga luz sobre los hilos de corrupción que envuelven este escandalo.

