“Andén alucinado”. El poder de vivenciar la poética

Fernando Noy oficia de anfitrión en esta ópera surrealista inspirada en la poesía de Alejandra Pizarnik y Marosa Di Giorgio. “Soy multitudinario. Mi ego desaparece y se transforma en lo que admiro”, destaca.

Noy se parece a un Buda. Está sentado en un sillón multicolor. Viste una túnica oscura. En las manos, sus cuadernos. No los suelta. Los usa como escudo. “La poesía es un antídoto absoluto, como la pura salvación”, dice. No hizo falta ningún árbol Bodhi para encontrar la iluminación, bastó con descubrir algunos versos y recitarlos. También escribirlos. El sombrero que lleva recuerda a Medusa: ese monstruo del inframundo que convertía en piedra a quien lo mirara a los ojos. En el Galpón de Guevara, pareciera eso. El público queda detenido ante el poder de las palabras amplificadas por su voz. Lo rodean personajes de su mundo que también son los de las dos poetas elegidas. Caminan como fantasmas. Cantan como sopranos. Hacen sonidos en un escenario completamente surrealista. Como si fuera una Estación Constitución onírica. Detrás, una pantalla con textos, imágenes, dibujos, amansados por la música en vivo de un piano y una flauta. Ni Buda ni Medusa, tal vez, “una prostituta alemana”, como le diría Pizarnik la primera vez que se vieron. Noy encontró su número de teléfono en un libro usado y no dudó en llamarla. “Parecés un Rolling Stone”, le dijo a Alejandra. A partir de ahí, un viaje inacabado de arte y locura. Ni sobrevivir ni vivir, supervivir. Existir, pero poéticamente.

Guillermo Vega Fischer es un compositor y director musical devenido en teatral. La primera vez que habló con Fernando Noy fue en uno de sus recitales poéticos.  Las veladas transcurrían en fondas donde se comían empanadas y se bebía vino en cantidad. Se recitaban a las poetas amadas hasta la madrugada. Lo llamaban “Vértigo Poético”. Sacaba sus libros y papeles para declamar la belleza de las palabras. “Le conté que quería hacer una ópera en donde haga lo de siempre pero que además pasen muchas cosas más”, recuerda Guillermo. Se entusiasmó tanto con la idea que le dedicó uno de sus libros, “Piedra en flor”, con un dibujo que traspasaba las hojas de papel. La propuesta incluía la obra de Alejandra Pizarnik y Marosa Di Giorgio pero también la suya. “Le dije: quiero que haya poesía tuya. Al principio, estaba medio asustado. Pensaba en que tenía que memorizar un texto. Pero iba a hacer lo que hace siempre: recitar, improvisar, contar anécdotas, con Pizarnik, con Orozco, con diferentes poetas”. La dramaturgia pasó a ser compartida, ya que gran parte del entrelazado de escenas se tomaron de la autobiografía de Noy, “Peregrinaciones profanas”.

La obra está compuesta por dos micro-óperas interpretadas por cuatro cantantes líricas (Carolina Béjar, Sofía Drever, Silvina Suárez y María Lilia Laguna), una pianista (Amparo Blanco Fernández) y una flautista (Ana Ligia Mastruzzo). Todo en el ecosistema surrealista creado por Pablo Archetti. La primera parte está dedicada a Alejandra Pizarnik. Los personajes de la endechadora llorona, representante de la muerte, y de la  muñeca rosa, símbolo de lo erótico y del deseo, se hacen carne. El “Eros y Tanatos” de la poeta queda al descubierto. La segunda parte está dedicada a Marosa Di Giorgio. Ese mundo lleno de seres del bosque, donde el sexo cae desde la copa de los árboles, toma vida. Viboreando entre todo eso, la lengua de Fernando Noy. Casi multimedial: sus textos, sus dibujos, sus anécdotas, su voz. “Soy el poeta de los subtes, las salas de espera, esos aeropuertos casi abandonados”, recita. Una pieza meticulosa como solo gente que viene del teatro musical puede hacer. La obra no deja de ser una ópera pero bombardeada por el anfitrión.

París. Década del ‘70. Fernando Noy está internado en un Neuropsiquiátrico. La policía se lo había llevado luego de tirarle una piedrazo al vidrio de una joyería. Se creía Nefertiti, una reina del Antiguo Egipto. Quería llevarse todas las joyas del lugar. Una faraona debe lucir como tal. Las autoridades no le creyeron y terminó adentro. Tuvo 7 meses de internación que le permitieron aprovechar los libros de una gran biblioteca. También observar desde la ventana como María Callas despedía a su gran amor; el magnate griego, Aristóteles Onassis, moría en una camilla del hospital de enfrente. Noy espiaba fascinado. Se sentía una diva, como “La Callas”. Y le mostró al mundo que en verdad lo era. “Soy lo que amo, lo que venero, lo que admiro”, dice. Historias como estas aparecen durante toda la función. Casi como si fuera una “autobiografía lírico plural”.  Justo en un año muy especial donde se editó su obra completa con poemas que ni él tenía y se estrenó su documental. El mismo se llama “Lo Noy. Carnaval de almas”. Un reconocimiento que llegó luego de toda una vida de militancia poética.  Noy cuando termina la función se queda charlando con el público. Atiende uno por uno. Como si fuera una pitonisa o buda o medusa o una prostituta alemana o los millones de seres que habitan en su cuerpo.  “La poesía es cada vez más poderosa, porque al entregarse, alimenta, nutre y crece, crece desmesuradamente”, revela. Será cuestión de recibirla.

Jorge Sebastian Comadina

“Andén alucinado” se puede ver este Domingo 26 de Abril a las 19 hs. en EL GALPÓN DE GUEVARA Chacarita, CABA

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