El gobierno de Javier Milei cruzó un nuevo límite en su escalada autoritaria al prohibir de manera indeterminada el ingreso de todos los periodistas acreditados a la Casa Rosada. La medida se ejecutó con una brutalidad inusitada al dar de baja las huellas dactilares de los cronistas y clausurar el acceso a la histórica Sala de Periodistas ubicada en el primer piso del edificio.
Este acto de censura explícita recorta las libertades democráticas más elementales y representa un hecho sin precedentes en la historia argentina. Ni siquiera durante las épocas más oscuras de los gobiernos de facto se habían atrevido a cerrar por completo el principal ámbito de trabajo de la prensa presidencial. La gestión libertaria demuestra su desprecio por las libertades democráticas al bloquear el acceso a la información y amordazar a quienes intentan trabajan en la sede gubernamental.
Para ejecutar este ataque directo contra la libertad de expresión el oficialismo se aferró a una excusa verdaderamente ridícula. La orden de bloqueo bajó desde la Casa Militar bajo el argumento de estar aplicando una medida preventiva por un supuesto espionaje ilegal. Esta acusación delirante surge a raíz de un informe emitido por una señal de noticias donde un equipo televisivo grabó imágenes en espacios públicos y de uso común dentro de Balcarce 50.
El presidente festejó esta clausura en sus redes sociales y aprovechó el episodio mínimo para insultar nuevamente a los trabajadores de prensa. Es evidente que Milei y toda la dirigencia libertaria, utilizan este montaje legal para justificar su matriz antidemocrática e intentar disciplinar a cualquier voz que se atreva a cuestionar el relato oficial.
Censura local y alfombra roja para el espionaje extranjero
La decisión de cercenar la actividad periodística no responde a un enojo repentino del mandatario. El gobierno necesita silenciar a los comunicadores porque se encuentra cada vez más acorralado por los escándalos de corrupción que brotan desde sus propias filas.
La gestión mileísta busca evitar a toda costa la investigación del periodismo sobre el escandaloso enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni y los desvíos millonarios expuestos en el caso ANDIS. A medida que el programa de ajuste económico empieza a chocar contra sus propios límites y el descontento social crece el oficialismo opta por encerrarse en sí mismo. Apagar los micrófonos y blindar la Casa de Gobierno es la única táctica que encuentran ante la incapacidad de explicar la crisis que están profundizando en todo el país.
El nivel de cinismo de esta gestión queda totalmente al descubierto al observar la agenda presidencial de esta misma jornada. Al mismo tiempo que el gobierno expulsa a la prensa nacional bajo acusaciones inventadas de espionaje, Javier Milei recibe con honores al empresario Peter Thiel en su propio despacho. Este magnate estadounidense es el creador de la empresa Palantir y representa a una de las compañías más oscuras dedicadas al ciberespionaje global.
Las herramientas tecnológicas de este empresario alimentan la maquinaria de guerra que masacra a poblaciones enteras en los actuales conflictos de Medio Oriente. La Casa Rosada expulsa a los trabajadores de prensa mientras le abre las puertas a los verdaderos arquitectos del fascismo tecnológico que se apoya en el espionaje internacional.
Desde Periodismo de Izquierda repudiamos esta escena y nos solidarizamos con los trabajadores y trabajadoras afectadas por esta medida de censura. Este accionar ilustra la esencia de un modelo represivo que destruye las libertades internas para garantizar la entrega incondicional del país a los grandes intereses del capital financiero global.


