Frente al ajuste de Milei y el posibilismo de las autoridades, el estudiantado de la Facultad de Ciencias Sociales se organiza contra la amenaza de una reforma curricular precarizadora. No queremos ser administradores de recursos escasos, queremos una profesión al servicio de la transformación social.
Por Malena Lusardi, candidata a la Junta de Carrera de Trabajo Social – La Marea + Independientes “Sociales a la Izquierda”, lista 1
La educación superior en la Argentina atraviesa un período de turbulencia institucional y pedagógica sin precedentes. En la Facultad de Ciencias Sociales (FSoc) de la UBA, la carrera de Trabajo Social emerge hoy como el epicentro de una disputa fundamental: ¿formamos profesionales para ejecutar protocolos de exclusión o para cuestionar las causas estructurales de la pobreza? La actual gestión y la Lista 15 preparan el terreno para una reforma curricular que, bajo la excusa de la “actualización”, constituye un avance hacia la mercantilización de las ciencias sociales en el siglo XXI.
Una carrera en vaciamiento académico
El análisis del estado de situación actual de la carrera de Trabajo Social revela una desconexión profunda entre la realidad material de los estudiantes y las soluciones técnicas propuestas por la Dirección de Carrera. Según los documentos internos de evaluación curricular, la población estudiantil de la carrera posee características socioeconómicas específicas que condicionan su trayectoria académica. Un relevamiento realizado por la gestión indica que el 71% de los estudiantes trabaja y el 44% representa la primera generación universitaria en sus familias. Además, el 65% de la matrícula reside fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el 25% desempeña tareas de cuidado no remuneradas.
Esta caracterización, que la Dirección de Carrera presenta como un hallazgo reciente para justificar la flexibilización, es en realidad la identidad histórica del estudiantado de Trabajo Social. No obstante, la gestión utiliza estos datos no para demandar un aumento presupuestario o políticas de bienestar estudiantil, sino para legitimar un recorte en la densidad teórica de la formación. La problemática central que enfrentan los estudiantes no es la “exigencia” de las materias, sino la falta de condiciones materiales para cursar: insuficiencia de bandas horarias, carencia de un jardín materno-parental, falta de becas integrales que cubran el costo de vida y una oferta académica que obliga a los estudiantes a extender sus trayectorias de forma involuntaria.
La denominada “actualización” propuesta por la Dirección de Carrera busca reducir la carga horaria total de la formación general y el subtrayecto sociohistórico-político. Este cambio implica pasar de un régimen de 15 materias obligatorias fundamentales a un esquema donde el estudiante elige solo 12. Las materias afectadas incluyen Epistemología de las Ciencias Sociales, Filosofía, Sociología, Antropología, Historia Social Argentina, Economía Política, Problemas Sociales Argentinos, Pensamiento Social Latinoamericano y Estado y Políticas Públicas. Esta fragmentación del conocimiento sugiere un viraje hacia un modelo de “tecnocracia de la asistencia”, donde el profesional es capacitado para ejecutar protocolos, pero despojado de las herramientas analíticas para cuestionar las causas estructurales de la pobreza y la exclusión.
Lista 15 y la Gestión. Mucho sello, poca lucha: burocracia, rosca y desmovilización
La gestión política de la Facultad de Ciencias Sociales está representada por la Lista 15, una coalición de agrupaciones que se autoposicionan en el espectro del peronismo, el kirchnerismo y la centroizquierda. Este frente está integrado por organizaciones como La Cámpora, La Mella, Lucía Cullen y el Movimiento Universitario Evita. Sin embargo, bajo este sello de unidad, se esconde una estructura burocrática que prioriza la reproducción de puestos políticos y la sostenibilidad institucional por sobre la defensa de la educación pública.
Específicamente en la carrera de Trabajo Social, la Agrupación Lucía Cullen detenta la hegemonía histórica en la Junta de Carrera. La Cullen no funciona únicamente como una fuerza estudiantil, sino como el brazo político directo de la gestión de la carrera y el decanato. Existe una simbiosis total entre las autoridades y la conducción de la mayoría estudiantil: la actual decana de la facultad, Ana Arias, proviene de las filas de la propia Cullen y de la carrera de Trabajo Social.
Esta alineación resultó en una gestión caracterizada por la pasividad frente al ajuste presupuestario nacional. Denunciamos que la Lista 15 actúa como un espacio de “posibilismo” que evita convocar a marchas, asambleas o paros activos, limitándose a declaraciones retóricas mientras en los hechos facilita la implementación de reformas curriculares que sintonizan con las presiones de ajuste del Rectorado de la UBA. Su accionar demuestra una voluntad de cerrar discusiones “por arriba”, evitando el costo político de una confrontación con un estudiantado que rechazaría la devaluación de su título.
El espejo de Sociología: crónica de una reforma anunciada
La situación en Trabajo Social no puede entenderse sin observar el proceso ocurrido en la carrera de Sociología de la misma facultad. Ahí, bajo argumentos similares de modernización, se impuso una reforma que introdujo el título intermedio de “Bachiller Universitario en Sociología”, el cual carece de incumbencias profesionales habilitantes y es interpretado por la oposición estudiantil como una herramienta para habilitar mano de obra precarizada en el mercado laboral.
En Sociología, la reforma también implicó un retroceso hacia modelos fragmentados de enseñanza de las metodologías y la reducción de horas en materias de historia y teoría social clásica. El patrón es claro: las autoridades de la Facultad de Ciencias Sociales, bajo presión del Rectorado de la UBA y el marco normativo del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU), buscan alinear las carreras con las exigencias de un mercado laboral que demanda profesionales rápidos, adaptables y con menor capacidad crítica. La denuncia de que estas reformas se realizan “a espaldas del estudiantado” se sustenta en la exclusión de las instancias asamblearias y la restricción del debate a comisiones cerradas compuestas únicamente por consejeros electos.
El Bachillerato como caballo de troya de la reforma laboral
La incorporación de un título intermedio no habilitante, como el bachillerato, es quizás uno de los puntos más problemáticos de la reforma. A diferencia de otras trayectorias existentes en el campo —como tecnicaturas o profesorados, que cuentan con incumbencias y una inserción laboral específica—, el bachiller no garantiza herramientas reales de ejercicio profesional, pero sí habilita una salida temprana con formación incompleta.
En términos económicos, esto puede funcionar como la creación de un “ejército de reserva” de trabajadores con menor calificación formal, capaces de realizar tareas similares a las de un licenciado pero en condiciones más precarias. En el largo plazo, la existencia masiva de bachilleres en intervención social presionará a la baja los salarios de los licenciados y degradará la jerarquía de la profesión en los convenios colectivos de trabajo. La gestión de la Lista 15, al presentar esto como un “beneficio” para el estudiante que necesita trabajar, está en realidad operando como facilitadora de la precarización laboral de su propio claustro.
Esto no implica desconocer los debates existentes en torno a las trayectorias intermedias en educación superior. Por el contrario, creemos que es necesario discutir qué políticas deben impulsarse desde las universidades públicas para garantizar que quienes transitan esas formaciones puedan acceder efectivamente a la licenciatura, fortaleciendo su formación y ampliando sus derechos laborales. Se trata de una discusión abierta, que requiere ser abordada colectivamente en función de las condiciones concretas del estudiantado.
La burocratización del Centro y la erosión de la autonomía estudiantil
El carácter antidemocrático de la reforma (reuniones ocultas, falta de asambleas, ocultamiento de documentos) tiene un efecto corrosivo sobre la conciencia política del estudiantado. Al excluir a la comunidad del debate, la Lista 15 y la gestión de la facultad promueven una visión de la universidad como un espacio de consumo de servicios educativos, no como un espacio de construcción ciudadana y lucha política.
Esta desmovilización planificada es necesaria para que el ajuste presupuestario pase sin mayores sobresaltos. Si los estudiantes no se sienten dueños de su plan de estudios, difícilmente se sientan dueños de la defensa de la universidad pública. La posición de La Marea de exigir asambleas abiertas busca, precisamente, romper esta lógica de pasividad y reponer al estudiante como sujeto político activo.
Sujeto de intervención, sujeto de la revolución
Desde nuestra perspectiva revolucionaria el Trabajo Social debe ser una herramienta para la organización popular y la emancipación de la clase trabajadora. Cuestionamos la reducción de la profesión a una mera “tecnología de la asistencia” orientada exclusivamente a administrar la emergencia social. Entendemos que el Trabajo Social interviene necesariamente en ese terreno, pero sostenemos que no puede limitarse a él, sino que debe aportar herramientas para comprender y transformar las condiciones que producen la desigualdad. Un profesional crítico debe poseer una sólida formación en ciencias sociales para poder develar las mediaciones entre el Estado, el mercado y la vida cotidiana de las poblaciones vulnerables.
Por esta razón, la defensa de materias como Economía Política, Historia Social Argentina y Pensamiento Latinoamericano es estratégica. Sin estos contenidos, el trabajador social queda reducido a un mero administrador de recursos escasos, funcional a los gobiernos de turno y despojado de la capacidad de cuestionar la legitimidad de un orden social basado en la explotación. La postura de La Marea en Sociales propone un Trabajo Social que camine junto al movimiento obrero, las asambleas barriales y los trabajadores en lucha, construyendo poder popular desde abajo.

Organizar la resistencia: plan de lucha para defender nuestra formación
Frente a la claudicación de la gestión, desde La Marea – MST sostenemos que la formación no es un proceso técnico neutral, sino un campo de batalla ideológico. El Trabajo Social debe ser una herramienta para la organización popular y la emancipación.
La propuesta de (r)evolucionar Trabajo Social se articula en torno a ejes de acción directa y reivindicaciones presupuestarias que atacan la raíz del problema de la deserción y la precarización. Se sostiene que la crisis universitaria no se resuelve recortando materias, sino rompiendo con el FMI y dejando de pagar la deuda externa para volcar esos recursos a la educación pública:
- Presupuesto universitario real: Actualización acorde a la inflación financiada con impuestos a las grandes fortunas.
- Becas integrales: Que cubran la canasta básica estudiantil para evitar la deserción.
- Boleto educativo gratuito y universal.
- Centros de Cuidados Infantiles en la Facultad: Espacios gratuitos y de calidad para estudiantes con hijos.
- Oferta horaria real y bandas horarias: extensión de la oferta académica para asegurar que todas las materias obligatorias tengan comisiones en turnos matutinos, vespertinos y nocturnos, respetando la realidad de aquellos estudiantes que además de formarse, trabajamos para sostenernos.
- Participación del claustro estudiantil como aquel que más vida hace en la Facultad: democratización de los órganos de decisión para terminar con el peso de los decanos y las camarillas de profesores vinculadas al poder político.

¿Qué Trabajo Social queremos?
La lucha contra la posible reforma en Trabajo Social que quieren instalar debe ser entendida como parte de una lucha general contra el plan económico de Milei. Desde La Marea – MST llamamos a la autoorganización en asambleas soberanas para decidir un plan de lucha que incluya la unidad obrero-estudiantil en las calles.
Al mismo tiempo, entendemos que estos debates no están saldados. La orientación de la formación, el rol de la asistencia, las estrategias frente a la precarización y las formas de organización del estudiantado son parte de una discusión que debe involucrar al conjunto de la comunidad académica. Desde La Marea, impulsamos una perspectiva, pero también la necesidad de construir estos posicionamientos de manera colectiva, en instancias democráticas y participativas.
La carrera de Trabajo Social en la UBA enfrenta una amenaza dual: por un lado, el desfinanciamiento externo agresivo por parte del Estado nacional; por otro, una reforma curricular interna que busca adaptar la formación a ese escenario de escasez y precariedad. La Lista 15 ha optado por un camino de adaptación que sacrifica la calidad académica y el carácter crítico de la profesión en pos de una eficiencia administrativa funcional al Rectorado.
La única alternativa viable para preservar una formación de excelencia ligada a las necesidades de las mayorías populares es la organización independiente del estudiantado. La lucha por el presupuesto, por las condiciones de cursada y por un plan de estudios discutido democráticamente son facetas de una misma batalla política.
Nuestra propuesta ofrece el programa y la metodología de lucha necesarios para que el Trabajo Social no sea una pieza más en el engranaje de la opresión, sino una palanca para la transformación social.
La construcción de un Centro de Estudiantes combativo y democrático es el primer paso para frenar la reforma precarizadora y conquistar una universidad al servicio de la clase trabajadora. Las próximas elecciones universitarias representan una oportunidad histórica para cambiar el rumbo de la facultad y poner fin a años de pasividad y retrocesos curriculares.
¡Ninguna reforma sin asamblea: que la comunidad de Trabajo Social decida! ¡Por una profesión al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares!

