Brasil. Régimen 6×1, la fuerza de la movilización arranca un primer paso

Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista

En Brasil, la lucha por la reducción de las horas de trabajo, sin reducción salarial, viene creciendo y consolidándose como bandera de lucha de grandes sectores de la clase trabajadora. El 27/05, esta movilización ganó una batalla importante conquistando una primera votación en Diputados a favor de limitar a 40 horas semanales la jornada laboral, avanzando en ponerle fin al régimen de 6 días trabajados por 1 de descanso (6×1) y legalizar un régimen de 5 dias trabajados por 2 de descanso (5×2).

La aprobación de la PEC (Propuesta de Enmienda Constitucional) que reduce el régimen semanal de trabajo 6×1 en la comisión especial y que ya se debate en la Cámara de Diputados representa una importante victoria parcial de la clase trabajadora brasileña. Después de años de precarización extrema de las condiciones de trabajo, millones de trabajadores y trabajadoras lograron colocar en el centro del debate nacional una reivindicación histórica: la reducción de las horas de trabajo sin reducción salarial.

El texto aprobado en la comisión limita la cantidad de horas semanales a 40 (en la actualidad son 44) y avanza contra un régimen brutal que condena a la mayoría de la clase trabajadora a vivir para trabajar, sin tiempo para descanso, ocio, estudio, convivencia familiar u organización política. Aun así, el camino hasta la concreción de la medida continúa. La PEC todavía necesita ser aprobada en dos votaciones en la Cámara de Diputados y en el Senado, con quórum calificado, antes de ser promulgada y transformarse en una realidad concreta.

La historia enseña: los derechos se conquistan luchando

La experiencia histórica demuestra que ninguna conquista de los trabajadores vino de la buena voluntad de las instituciones de la democracia burguesa. Todo lo que se avanzó hasta aquí fue producto de la presión social, de la indignación acumulada y de la movilización de millones que comenzaron a cuestionar uno de los pilares centrales de la explotación capitalista.

La lucha por la reducción de la jornada sin reducción salarial siempre fue una consigna histórica del movimiento obrero porque toca directamente el mecanismo fundamental de funcionamiento del capitalismo: la apropiación de la plusvalía. Cada hora de trabajo arrancada a los trabajadores sin remuneración correspondiente es fuente de ganancia para los patrones. Por eso, toda reducción de la jornada representa una disputa concreta contra la lógica de explotación permanente impuesta por el capital.

Es justamente por eso que la reivindicación ganó tanta fuerza entre la juventud trabajadora, los sectores precarizados y aquellos sometidos a las jornadas extenuantes del comercio, servicios, telemarketing, aplicaciones, logística e industria. La escala de trabajo semanal 6×1 destruye física y mentalmente a millones de personas para garantizar las ganancias de bancos, grandes empresas y multinacionales.

Tras una derrota brutal, la extrema derecha “recalcula” e intenta recuperar iniciativa política

Otro elemento que quedó en evidencia durante la tramitación de la PEC fue el oportunismo de la extrema derecha. Frente a una reivindicación que se transformó en una verdadera bandera de masas en el país, sectores de la derecha y de la extrema derecha intentaron “subirse al tren” de la movilización popular para evitar el desgaste político de aparecer frontalmente contra una demanda profundamente sentida por la clase trabajadora. Después de todo, votar abiertamente en defensa de la escala semanal 6×1 tendría un enorme costo político y electoral.

Por eso, algunos de ellos, como el nefasto Nikolas Ferreira, pasaron a levantar demagógicamente la propuesta de la jornada 4×3 (4 dias trabajados y 3 de descanso), una reivindicación a la que también se oponen en la práctica, ya que representan directamente los intereses patronales y siempre estuvieron del lado de los ataques a los derechos laborales. Se trató de una maniobra calculada: defender una propuesta que sabían que no iba a ser votada en ese momento, apenas para intentar capitalizar el enorme apoyo popular a la reducción de la jornada, sin romper en nada con los intereses de los empresarios y de los grandes explotadores del trabajo.

¡Sigamos movilizadas y movilizados por los derechos que nos faltan!

El avance obtenido ahora es importante y merece ser celebrado. Pero no podemos depositar confianza en las instituciones ni en los partidos del orden. El propio gobierno de Lula y el PT rebajaron la reivindicación inicial presentada en las calles y en los lugares de trabajo. La bandera de la jornada 4×3, que expresaba una reducción más profunda y necesaria, fue siendo sustituida por una propuesta más limitada, resultado de la lógica permanente de negociación y conciliación con la derecha patronal organizada en el llamado “centrão”.

Aquí aparece, una vez más, una diferencia estratégica fundamental. Mientras nosotros defendemos que los derechos de los trabajadores avanzan a través de la movilización independiente de la clase, Lula y el PT siguen apostando a la conciliación con sectores responsables de los ataques históricos a los derechos sociales. Y cada vez que esa lógica prevalece, nuestras banderas son reducidas, adaptadas y moderadas para encajar en los acuerdos del régimen.

Por eso, este primer paso debe servir no para desmovilizar, sino para impulsar aún más la lucha. Hoy celebramos esta conquista parcial arrancada por la fuerza de la movilización popular. Pero seguimos luchando hasta que se concrete plenamente y hasta conquistar la verdadera reducción de la jornada que defendemos: la jornada 4×3, para que trabajemos menos, trabajemos todos y podamos vivir con dignidad.

Por Verónica O’Kelly

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