El presidente Javier Milei volvió a atacar a sectores del empresariado industrial durante un evento en Nueva York y calificó de “prebendarios” a empresarios como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla. La respuesta de la Unión Industrial Argentina no tardó en llegar: expresaron “profundo malestar” y cuestionaron las descalificaciones del mandatario en medio de una crisis industrial que ya destruye cientos de empleos. Detrás del cruce, asoma una disputa sobre la apertura económica del gobierno y sus consecuencias para la industria local.
Comunicados de fricción
El pasado 10 de marzo en Nueva York, en el contexto del Argentina Week 2026 en Nueva York, Milei volvió a acusar a los empresarios Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla de “prebendarios”. Asimismo, sostuvo que “aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros”. Estas no son declaraciones aisladas sino que se suman a una retórica que el gobierno utiliza cada vez más.
Desde la Unión Industrial Argentina, han lanzado un comunicado expresandose al respecto y sosteniendo un estado de “profundo malestar” debido a que las palabras del presidente son “injustas e infundadas porque distorsionan el rol que ha tenido y tiene la industria en la historia económica y social del país”.
De fondo, la discusión principal se centra en el grado de apertura comercial que pueda sostener el país sin fundir la industria local. Estamos “haciendo un esfuerzo inmenso para adaptarse al nuevo escenario que propone el Gobierno”, sostuvieron desde la Unión.
Por otro lado, le señalaron al gobierno: “la Argentina está trabajando para volver a ser un país que atraiga inversiones externas e internas. En ese proceso, los inversores observan no solo las oportunidades económicas, sino también la calidad de la convivencia democrática, el respeto institucional y el clima de negocios que ofrece un país. Las descalificaciones públicas hacia quienes producen y generan empleo no contribuyen a consolidar ese camino”.
Posteriormente, la UIA aclaró que “no existe ninguna denuncia ni delito que involucre a las personas o sectores que han sido objeto de estos agravios, tratándose simplemente de una opinión que, al provenir de la máxima autoridad del país, adquiere una relevancia institucional inevitable”.
Empujados por la crisis que genera el propio modelo
Las quejas de la cúpula industrial aparecen luego de que el gobierno libertario impulsara varias de las medidas históricamente reclamadas por el gran empresariado: reforma laboral, beneficios fiscales y un programa económico orientado a favorecer a los grandes capitales.
El gobierno de Milei no ha hecho más que poner el aparato del Estado al servicio de los sectores concentrados de la economía, habilitando reformas regresivas y promoviendo una apertura comercial que golpea de lleno a la producción local. Sin embargo, la combinación de recesión, caída del consumo y competencia externa comienza a generar tensiones incluso entre sectores empresarios.
Los sectores textil y automotriz aparecen entre los más golpeados, aunque el deterioro se extiende al conjunto del entramado industrial. La radiografía general del sector muestra que, en promedio, se pierden alrededor de 160 puestos de trabajo por día, reflejando el impacto social de una política económica que prioriza la valorización financiera y la apertura de importaciones por sobre la producción y el empleo.
Pero la salida a esta situación tampoco vendrá de la mano de la propia Unión Industrial Argentina. Durante décadas, gran parte de estos grupos empresarios se beneficiaron de subsidios, regímenes de promoción y políticas estatales —tanto en dictadura como en democracia— mientras sostenían niveles de explotación cada vez mayores sobre la clase trabajadora.
Muchos de esos mismos sectores acompañaron o se adaptaron rápidamente al ascenso político de Javier Milei, esperando beneficiarse de su programa de reformas promercado. Hoy, cuando el propio rumbo económico empieza a golpear también a parte del aparato productivo, surgen fricciones dentro del bloque empresario.
Frente a este verdadero industricidio, la perspectiva de salida no puede quedar en manos de quienes durante años lucraron con el modelo económico. La defensa del trabajo y de la producción exige fortalecer la organización de las y los trabajadores y unificar las luchas para enfrentar el plan de ajuste del gobierno, sostenido en alianza con los grandes grupos económicos.
Por otro lado, el país puede industrializarse, pero desde una perspectiva completamente distinta a la que plantea la industria burguesa. Nuestra propuesta no es la de los grandes empresarios ni la de un supuesto “capitalismo nacional”, sino la de una industria organizada bajo control obrero de la producción, con la expropiación de las grandes cadenas empresarias y de los sectores estratégicos de la economía.
Desde nuestro punto de vista, solo de esa manera es posible poner la producción al servicio de las necesidades sociales y no de la ganancia de unos pocos. Por eso nuestra pelea no es únicamente contra este gobierno, sino contra el sistema que lo sostiene.
Estamos convencidos de que no será en manos de ningún burgués “nacional” que se resolverán los problemas estructurales del país. La salida pasa por dar vuelta de raíz este modelo y construir una economía dirigida por la clase trabajadora.


