A más de 70 días de permanencia en FATE y frente a una resistencia que la patronal no puede quebrar por hambre, este miércoles 29/4 la empresa montó un nuevo chantaje y sabotaje patronal.
En la mañana del miércoles, mientras los obreros estaban en el techo, empezaron a ver movimientos extraños. Después de varios fallos de la Justicia favorables a los trabajadores de FATE en torno a los pagos de las quincenas y al desalojo, que Madanes Quintanilla incumple, hoy la empresa intentó cortar el suministro eléctrico de manera coercitiva. Esto se llevó a cabo con la presencia del personal jerárquico, un escribano, efectivos armados de la Policía de la Provincia de Buenos Aires —uniformados, pero sin identificación— y otros agentes de civil.

Gracias a la resistencia de los trabajadores, que vienen aguantando el frío, las tormentas y todo tipo de violencia por parte de la patronal, se logró que se retiraran y se evitó el corte del suministro eléctrico.

Como se dijo ayer desde la dirección del sindicato, los trabajadores están dispuestos a ponerse a trabajar y la planta está lista para funcionar. No es casual que hoy la patronal haga esta acción patoteril; lamentablemente, los compañeros de la dirección del SUTNA hoy no estuvieron para hacer lo anunciado ayer: cuidar las máquinas que hay que poner a producir.
Por otro lado, como hemos planteado desde el inicio del conflicto, es necesario que Kicillof a través de un decreto de necesidad y urgencia, ponga a producir la fábrica, la provincialice y se use la producción para abastecer todo el parque automotor oficial de la provincia.
Van dos meses y medio en los que no nos cansamos de decir que los tiempos de los trabajadores y sus familias no son los mismos que los de la Justicia, ni mucho menos los del cabildeo legislativo. Necesitamos una Asamblea General de todo el gremio y una gran y masiva marcha a La Plata, convocada en la más amplia unidad de todos los sectores sindicales, politicos y sociales, para exigir al gobierno provincial que deje de mirar para otro lado.
La actitud firme de los trabajadores de FATE impidió una vez más que la patronal dañe y sabotee las instalaciones.
Sasha Lyardey


