Tras el fracaso de la sesión para voltear el DNU 70/23, las fuerzas represivas desataron un operativo con gases y balas de goma para intentar despejar la zona. Lejos de retroceder, la movilización resiste, sigue llegando gente para la Marcha Universitaria y la protesta se replica en todo el país.
El blindaje institucional duró lo que tardaron en salir a la calle. Algunos minutos después de que se confirmara la caída de la sesión especial en Diputados por falta de quórum (donde apenas se reunieron 121 legisladores para intentar rechazar el DNU 70/23), el gobierno de Javier Milei dio la orden de avanzar contra la multitud. Con un operativo que incluye a la Policía y la Gendarmería, comenzaron a repartir gases lacrimógenos y balas de goma frente al Congreso Nacional.
Cómo siempre con este gobierno, la idea es liberar la zona a como dé lugar e intentar desarticular la quinta Marcha Federal Universitaria que estaba convocada para las 16 horas. Pero esta represión es la única herramienta de la que dispone el oficialismo para sostener su plan económico. Las postales que se viven en este momento frente al Parlamento dejan una lección política evidente: el ajuste violento, la entrega de la soberanía nacional, la negativa a prorrogar la emergencia en discapacidad y el desfinanciamiento sistemático de la educación pública no tienen consenso social. Solo pueden avanzar a fuerza de palazos y gases. Sin el aparato represivo del Estado, el plan de Milei y Caputo no se sostiene.
Sin embargo, el operativo está chocando contra la dura realidad de la calle. A pesar de la lluvia de gases lacrimógenos y el intento constante de las fuerzas de seguridad por encapsular y dispersar a las columnas, la movilización no cede. La gente se mantiene firme en las inmediaciones del Congreso y, lejos de vaciarse, la plaza sigue recibiendo a miles de estudiantes, docentes, trabajadores, jubilados y organizaciones que se acercan para sumar su bronca y ponerle el cuerpo a la protesta.
Por otro lado, en varios puntos del país, las movilizaciones comienzan a replicarse, demostrando que el pacto de impunidad tejido en los pasillos de Diputados, con la complicidad de los gobernadores, la oposición “dialoguista” y la pasividad de la CGT, no logró apagar el descontento popular.
La calle está demuestra que el rechazo al modelo libertario no entra en las matemáticas del quórum. La jornada sigue abierta, la gente continúa llegando y la protesta se mantiene de pie frente al Congreso.
Noticia en desarrollo.

