El 17 de agosto se cumplieron 33 años del secuestro, tortura, muerte y desaparición de Miguel Bru a manos de la policía bonaerense. Se realizó la vigilia frente a la Comisaría Novena de La Plata, lugar al que fuera trasladado Miguel y donde se vio con vida por última vez al joven de 23 años.
Por Juan Bonatto
Miguel era un estudiante de la ciudad de La Plata, que en agosto de 1993 fue secuestrado por la policía bonaerense y cuyo cuerpo aún es buscado. Búsqueda que durante 33 hizo Rosa Schonfeld, madre de Miguel, quien a fuerza de dolor y constancia se convirtió en una referente de los Derechos Humanos y la lucha contra la impunidad y la represión estatal y sus fuerzas de inseguridad.

La desaparición de Miguel en 1993, a diez años del retorno de la democracia, dejó claro que el andamiaje de represión, violencia e impunidad de las fuerzas represivas seguía totalmente vigente. Miguel era estudiante de periodismo, músico, okupa, activista y solidario. Siempre que podía estaba dando una mano a los más desamparados, a los que menos tenían. No se bancaba ningún tipo de autoritarismo y eso lo había llevado a tener algunos choques con miembros de la policía bonaerense, quienes realizaron un allanamiento ilegal en una casa abandonada sobre calle 69 donde vivía Miguel y dónde ensayaban con su banda Chempes 69 y paraban varios de sus amigos y compañeros, lo que fue denunciado por Miguel. La respuesta no se hizo esperar, los policías bonaerenses de la comisaría 9na. actuaron como saben hacer: iniciaron una serie de hostigamientos, seguimientos, amenazar hasta que finalmente el 17 de agosto del 93, aprovechando que Miguel se encontraba cuidando la casa de unos amigos, en una zona rural cercana a La Plata, lo secuestraron, lo llevaron detenido ilegalmente a y lo torturaron hasta matarlo.

El asesinato de Miguel desnudó una trama de complicidades entre la policía, el poder judicial (por esta y otras causas como la de Andrés Núñez, albañil también secuestrado, torturado y asesinado por efectivos de la Brigada de Investigaciones de La Plata, fue destituido el Juez Amilcar Vara, pues se comprobó su connivencia con la policía que solía cometer las peores atrocidades durante los turnos de su juzgado) y sectores de la política más rancia de la provincia de Buenos Aires, gobernada entonces por Eduardo Duhalde. Por su muerte sólo fueron condenados dos policías, ambos del servicio de calle: Walter Rúben Abrigo y Justo José López, los cuales fallecieron sin romper el pacto de silencio e impunidad. Además fueron castigados por encubrimiento el comisario Domingo Ojeda y el oficial Ramón Ceressetto, pese a que los testimonios de varios testigos implican a varios policías más. Recientemente, cercano a este 33 aniversario, se realizó el rastrillaje y excavación N° 43 desde el inicio de la causa, en el terreno lindante y parte del lote de la casa donde vivía Juan Carlos Suárez, quien era oficial de servicio en la Comisaría Novena la noche que secuestraron a Miguel. Esta nueva búsqueda no arrojó resultados positivos.

La lucha de Néstor (padre de Miguel ya fallecido) y Rosa, junto a les amigues de Miguel, sus compañeres de la Facultad de Periodismo, los organismos de DDHH y las fuerzas de izquierda consiguieron a mediados de los ‘90 visibilizar la causa, desnudar en las calles la impunidad reinante y lograron con una constancia admirable que se lograra avanzar en al menos llevar a juicio a algunos de los responsables. Pero a 33 años de la desaparición, seguimos preguntando “¿Dónde está Miguel?” pregunta que todos repetimos acompañando a Rosa y la familia en la búsqueda del cuerpo que hasta hoy sigue desaparecido, cubierto por el pacto de silencio e impunidad de todos los involucrados.


