Por Rodrigo Garzón
El INDEC publicó el informe técnico socioeconómico correspondiente al primer trimestre del año 2026, en relación a los indicadores del mercado laboral. Villa Constitución (en conjunto con San Nicolás), un conglomerado cuyo motor económico sigue estando marcado por el pulso de la producción siderúrgica, arrojó el alarmante número del 10,4% de desempleo, lo que indica el nivel de destrucción de las políticas actuales en relación al trabajo industrial.
Villa-San Nicolás a la cabeza del desempleo nacional
Los números porcentuales que periódicamente publica el Instituto Nacional de Estadística y Censo se organizan en 31 aglomerados urbanos de distintas regiones (seis en total), que delimitan zonas estadísticas del conjunto del territorio nacional.
Nuestra ciudad, Villa Constitución, junto con San Nicolás de los Arroyos, forma uno de los once conglomerados que completan la región Pampeana. En estas localidades, cabe aclarar, funcionan grandes empresas del cordón industrial como Acindar-Arcelor Mittal (V.C) y lo que fue Somisa, hoy Ternium, del grupo Techint (SN). Además de estas industrias que se arrogan ser el corazón económico de la región, debido al trabajo directo e indirecto que generan, hay en nuestros territorios puertos, campos y una Zona Franca que se presentaba como una enorme oportunidad para la creación de trabajo genuino, hasta que se convirtió en un polo químico limitado al acopio de materiales para el agro, con vaivenes estacionales en la generación de empleo.
Con el correr de los últimos años, a estos grandes grupos económicos que, a priori, generan la riqueza que se mueve en la sociedad, también se le fue sumando el mercado inmobiliario que crece y mueve grandes capitales financieros en base a la especulación y el abuso de precios, debido a la concentración en pocas firmas de la oferta y una referencia de precios ligada a los salarios de los obreros mejor calificados.
En este sentido, lo que tendría que ser un polo de trabajo asalariado se encuentra hoy con una realidad alarmante: el conglomerado Villa Constitución-San Nicolás se ubica en la cima del desempleo a nivel nacional con un 10,4% de la población económicamente activa sin trabajo.
Los números en perspectiva
“Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH)” es el título técnico del informe que, en criollo, muestra los niveles de empleo que tiene hoy la población argentina. En el documento publicado recientemente se resume: “En el primer trimestre de 2026, la tasa de actividad (TA), que mide la población económicamente activa (PEA) sobre el total de la población, alcanzó el 48,6%; la tasa de empleo (TE), que mide la proporción de personas ocupadas con relación a la población total, se ubicó en 44,8%; y la tasa de desocupación (TD), es decir, personas que no tienen ocupación, están disponibles para trabajar y buscan empleo activamente, como proporción de la PEA, se ubicó en 7,8%”.
En una perspectiva interanual e intertrimestral, aunque con leves variaciones, se puede observar que la tasa de desempleo aumentó, en consonancia con las políticas de desindustrialización y reprimarización de la economía que vienen ahogando la producción industrial, priorizando los sectores que arrojan crecimiento económico, pero no se traducen en generación de empleo. Esto se explica con el cierre de más de 22.500 empresas desde que asumió Milei y un funcionamiento de la capacidad instalada de la industria que ronda el 45% actualmente, lo que llevó a la pérdida de más de 300 mil puestos de trabajo en el sector privado.
En medio de un panorama desolador, Villa Constitución, con una población de poco más de 52 mil habitantes, se ubica casi 3 puntos porcentuales por encima del promedio nacional de desocupación, por lo que podemos catalogar la situación de la ciudad como alarmante; más si tenemos en cuenta que allí funcionan Acindar, Laminados Industriales y decenas de talleres metalúrgicos.
La continuidad de un proceso de destrucción de trabajo
Bien sabido es que Milei encabeza un proyecto de profundización de medidas que son rentables económicamente para los capitales privados, en desmedro de la clase trabajadora. Sobre las y los laburantes recae todo el peso del ajuste, diseñado para garantizar las ganancias de los grupos concentrados de la economía y el pago de la deuda. Sin embargo, lo que se vive en Villa Constitución es una continuidad de un proceso de destrucción de puestos de trabajo que se remonta a los años noventa y que tuvo un nuevo capítulo con el cierre de Paraná Metal en 2015, bajo el gobierno de CFK. La apertura en 2012 de Laminados Industriales, que parecía ser un puntapié para la recuperación industrial en Villa, no logró contrarrestar los efectos de una quiebra que aún hoy se sienten.
En 2019, bajo el gobierno nacional de Macri (Cambiemos), provincial de Miguel Lifschitz (Partido Socialista) y con el peronismo que gobierna a nivel municipal desde 2015 con Berti, se puso en marcha la última gran inversión en la ciudad: la Zona Franca Santafesina. Sin embargo, el funcionamiento en el predio de una polémica planta de acopio de agroquímicos, que representa un riesgo permanente para la salud y el ambiente, no generó prácticamente puestos de trabajo, a pesar de las promesas que no pasaron de eso. Estos ejemplos ilustran lo que a todas luces se presenta como un modelo económico que va más allá de un gobierno en particular y que cuenta con la complicidad, como se puede ver en el panorama nacional actual, de las principales fuerzas políticas burguesas.
Crisis industrial y una necesidad de la clase trabajadora
El proyecto de Milei destruye la industria. Así mismo, los sectores empresariales que son perjudicados por el plan tienen margen para absorber la baja de producción, a costa de una reducción de los costos laborales y la reconversión productiva porque acuerdan con esta transformación estratégica que, a largo plazo, les traerá grandes beneficios, ya que implica un retroceso de las conquistas obreras sobre las que, históricamente, las patronales han intentado avanzar.
Quien sí sufre hoy estas políticas y se verá aún más perjudicada si no logramos frenar este modelo es nuestra clase. Esto insta a las y los trabajadores a asumir como propia esta pelea. Las suspensiones acordadas entre las empresas metalúrgicas y el sindicato reducen el salario y generan incertidumbre laboral, empujando a la búsqueda de changas o trabajos precarizados extras para llegar a fin de mes, mientras que son cada vez más los que aceptan retiros voluntarios. Esto significa reducción de personal que luego no se reemplaza.
La burocracia sindical justifica su inacción bajo la excusa de la crisis de producción, pero hoy más que nunca es necesario que los trabajadores pasen del reclamo meramente salarial a la pelea por otro modelo económico, que enfrenten a las patronales en cada fábrica y al gobierno nacional de Milei. No hay posibilidades de recuperar la pérdida salarial, los puestos de trabajo, enfrentar la precarización laboral y frenar la avanzada sobre los derechos conquistados si no pensamos en conjunto una salida política independiente de la burocracia, las patronales y los partidos que nos trajeron hasta esta situación de crisis.

