NFL. La polémica de los Atlanta Falcons y su nuevo logo que rememora al fascismo

La franquicia de Georgia recuperó una imagen de sus primeros años y generó una vorágine en redes por su parecido con la estética nazi, la cual expuso los riesgos de la identidad visual donde, más allá de cualquier intención, lo que importa es el significado.

Lo que debió ser una mirada nostálgica a los orígenes de los Atlanta Falcons terminó convirtiéndose en un chiste por causa de lo obsceno de la situación. El equipo de la NFL cambió su logo para recuperar una imagen de sus primeros años, pero la combinación de un halcón con franjas rojas, blancas, negras y doradas despertó comparaciones con la iconografía de la Alemania nazi. En cuestión de horas, internet no perdonó e hizo lo suyo: llegaron los memes, las burlas y demás cuestiones que mezclaban al cuadro con aquel oscuro período.

La publicación apareció el miércoles con un escueto “New PFP” -una abreviatura en inglés de nueva foto de perfil-, y buscaba acompañar la recuperación de una estética histórica de cara al partido del domingo contra los San Francisco 49ers. Sin embargo, el diseño empezó a circular mucho más allá de los seguidores del fútbol americano. Algunos usuarios bautizaron a la institución como “The Bird Reich”, un juego de palabras entre el ave de su escudo y el término alemán utilizado para referirse a un imperio, que fonéticamente suena parecido a “The Third Reich”.

El revuelo fue tal que los Falcons terminaron reemplazando la imagen por una fotografía de un casco rojo. Hasta el viernes 23, no obstante, la franquicia no había publicado una explicación sobre la polémica ni se había disculpado públicamente. Ante las consultas de la prensa, un representante se limitó a aclarar que no se trataba de un logo nuevo y evitó hacer más comentarios. En cuanto al propietario del equipo, Arthur Blank (cofundador de The Home Depot, una cadena de artículos para el hogar), y la NFL, ninguno respondió a los pedidos de declaraciones de los medios estadounidenses.

Una marca que perdió el control del mensaje

La controversia tiene una particularidad y es que el halcón no fue creado para esta ocasión. Se trata de un emblema histórico de la franquicia, que comenzó en 1966. Las franjas del fondo, por su parte, recuperan los colores del casco rojo original del equipo, utilizado entre 1966 y 1969. La intención era homenajear esa historia, no presentar un símbolo nuevo.

Pero una cosa es lo que una marca quiere comunicar y otra, bastante distinta, lo que termina comunicando. Al combinar el ave de formas angulosas con una disposición de colores que recuerda a ciertos estandartes nazis, los Falcons pusieron en circulación una imagen que muchos usuarios interpretaron de otra manera. La estética retro, pensada para reforzar la identidad del equipo, quedó atrapada en una asociación que la franquicia ya no puede controlar.

El historiador especializado en logos deportivos Chris Creamer sostuvo, en declaraciones a NBC News, que no veía motivos para atribuirle una intención nazi a los Falcons. La explicación resulta razonable: no hay pruebas de que se haya buscado reproducir deliberadamente esa simbología. El episodio, sin embargo, deja picando una pregunta lógica: ¿cómo puede una organización con semejante capacidad de difusión publicar una imagen sin advertir las asociaciones que puede despertar?

La respuesta no pasa necesariamente por atribuirle una mala fe a sus responsables. Puede haber una falla de criterio, una mirada demasiado encerrada en la historia de la propia marca o una evaluación insuficiente de cómo se verá el diseño fuera de ese contexto. Lo que para el equipo era una referencia a sus orígenes, para miles de personas terminó evocando una de las experiencias más sanguinarias y nefastas de la historia contemporánea.

El deporte también comunica

La polémica permite mirar más allá de una foto de perfil. Las grandes franquicias deportivas no venden solamente entradas, camisetas o derechos de transmisión. También construyen una identidad alrededor de la fuerza, la disciplina, la pertenencia y la épica. Sus escudos, uniformes y campañas publicitarias forman parte de ese relato y buscan despertar una lógica emocional en su gente.

Esos recursos no pertenecen exclusivamente a una tradición política determinada. Las aves de rapiña, las figuras geométricas y los colores intensos aparecen en todo tipo de emblemas. Pero tampoco son elementos completamente neutrales: la historia les va cargando significados y hace que ciertas combinaciones remitan a experiencias concretas. La propaganda fascista, por ejemplo, recurrió a símbolos monumentales, composiciones rígidas y contrastes visuales destinados a transmitir poder, obediencia y autoridad.

Reconocer esas asociaciones no significa que cualquier diseño con esas características sea fascista. Significa que las imágenes circulan en una sociedad con memoria histórica y que las marcas no pueden decidir unilateralmente qué van a representar para el público.

En ese sentido, el caso de los Falcons también expone los límites del marketing deportivo. Una franquicia puede invertir millones en construir su identidad, pero no tiene el control absoluto sobre la interpretación de sus símbolos. Mucho menos en redes sociales, donde una imagen puede desprenderse de su contexto original y convertirse en un fenómeno viral en cuestión de minutos.

Los memes hicieron lo que mejor saben hacer: condensaron la polémica en chistes fáciles de compartir, como pasó con la aparición de Sancor Seguros en la despedida de nada menos que Lionel Messi. La comparación con el nazismo multiplicó la difusión del diseño y convirtió una publicación rutinaria en una crisis de imagen. El humor sirvió para ridiculizar a una organización con cierto poder, aunque también redujo una cuestión histórica compleja a una sucesión de referencias a la Segunda Guerra Mundial.

No hay sustento para afirmar que los Atlanta Falcons hayan querido reivindicar a la Alemania nazi. La noticia tampoco necesita esa conclusión para resultar significativa. El problema es cómo una marca que pretendía celebrar su pasado terminó perdiendo el control del mensaje y quedó asociada, al menos por unos días, con una iconografía que remite al régimen responsable del Holocausto y de una guerra que dejó decenas de millones de muertos.

En tiempos en que las empresas deportivas buscan convertir cada publicación en una oportunidad de promoción, la experiencia de los de Georgia es un tirón de orejas bastante concreto. La identidad de una marca no se define solamente por lo que sus autoridades quieren decir, sino también por la historia, el contexto y las asociaciones que despierta en quienes la miran.

Por Gabriel Guiguez

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