Entre peinados, hombreras y fotos recreadas con inteligencia artificial, una tendencia que inunda las redes sociales nos invita a pensar debajo del glamour la otra cara de los 80s. Sin derechos y una historia que demuestra que muchos de los derechos que hoy tenemos fueron arrancados a fuerza de organización y lucha. Y que, con el ataque de la ola conservadora y la ultraderecha, ningún derecho conquistado está garantizado para siempre.
Una tendencia que romantizá los 80s
Hay una tendencia que invade las redes: fotos actuales transformadas con inteligencia artificial para imaginarnos en los años 80. Pelo voluminoso, colores estridentes, camperas de jean, luces de neón. Una nostalgia pop que convierte aquella década en una postal divertida y glamorosa.
Pero hay otra cara de esa misma imagen que vale la pena recuperar.
Una mujer que no podía decidir sola sobre cuestiones fundamentales de sus hijos. Una pareja que no podía divorciarse legalmente. Disidencias perseguidas por la policía. Mujeres organizándose después de una dictadura feroz. Madres y militantes de derechos humanos ocupando las calles. Y miles de mujeres empezaron a encontrarse para poner en común aquello que durante décadas había sido considerado un “problema privado”.
Y no era una realidad exclusivamente argentina. En Guatemala, por ejemplo, el marido podía oponerse legalmente a que su esposa trabajara fuera del hogar hasta fines de los 90. En Chile, hasta 1989, una mujer casada necesitaba autorización de su marido para trabajar o firmar determinados contratos. En México, las redadas contra personas LGBTIQ+ bajo argumentos de “faltas a la moral” eran habituales. En distintos países, derechos que hoy parecen elementales todavía estaban lejos de existir.
Los 80 no fueron solamente una década de música y moda. Fueron también años de disputa por quién podía decidir sobre su propia vida. Y muchas de las respuestas que construyeron aquellas mujeres y disidencias todavía tienen algo para decirnos.
Democracia también en la casa
La recuperación democrática de 1983 en nuestro país abrió una enorme expectativa. Después de años de terrorismo de Estado, persecución, desapariciones, cárcel y exilio, volver a ocupar las calles significaba recuperar libertades elementales.
Pero para el movimiento de mujeres y disidencias había una pregunta más profunda: ¿de qué servía recuperar la democracia si la desigualdad continuaba dentro de las casas, en los trabajos y sobre nuestros cuerpos?
El feminismo y las disidencias de aquellos años comenzaron a disputar justamente esa idea: lo personal también era político. La democracia no podía limitarse al voto. También debía llegar a las relaciones familiares, al trabajo, a la sexualidad y a la posibilidad de decidir sobre la propia vida.
En 1985 se sancionó la reforma de la patria potestad, que avanzó hacia su ejercicio compartido entre madres y padres. Hasta entonces, el orden jurídico otorgaba al padre un lugar privilegiado en las decisiones sobre los hijos. Dos años después llegó otra conquista fundamental: la Ley de Divorcio Vincular.
No fueron concesiones caídas del cielo. Fueron parte de una agenda que las organizaciones de mujeres venían colocando en las calles y en el debate público.
En 1984, la Multisectorial de la Mujer reunió a mujeres de distintas procedencias políticas y sociales y protagonizó una de las primeras grandes movilizaciones feministas de la democracia recuperada. También surgieron espacios como Lugar de Mujer y ATEM, mientras distintas organizaciones comenzaban a construir redes para enfrentar la violencia y cuestionar las formas tradicionales de subordinación.
El primer Encuentro Nacional de Mujeres
En 1986 ocurrió un hecho que marcaría la historia del movimiento en nuestro país: se realizó en Buenos Aires el Primer Encuentro Nacional de Mujeres, con alrededor de mil participantes.
Desde entonces, cada año miles se reúnen para debatir, intercambiar experiencias, organizarse y marchar. La dinámica de talleres y la construcción colectiva de conclusiones se convirtió en una experiencia política singular.
Ese espacio fue creciendo con el tiempo y también cambiando. Al principio predominaban determinadas voces y experiencias. Después fueron ganando protagonismo mujeres trabajadoras, campesinas, originarias, lesbianas, travestis y trans, entre muchas otras identidades y sectores populares. Por ese motivo hace algunos años se transformó en el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias. Ese proceso no estuvo libre de tensiones. Al contrario: el feminismo se hizo más fuerte precisamente porque discutió consigo mismo.
Los debates dentro del movimiento feminista continuan hasta nuestros días, sobre que tipo de feminismo construir. ¿Alcanza con conquistar derechos y representación dentro de las instituciones? ¿Puede el feminismo limitarse a una política de reformas o necesita cuestionar las bases económicas y sociales que reproducen la opresión? ¿Qué lugar ocupan las políticas identitarias y sus límites? Frente a estas discusiones, desde Juntas y a la Izquierda planteamos la necesidad de un feminismo anticapitalista, de clase y revolucionario, que entienda la opresión de las mujeres en relación con la explotación y que busque transformar de raíz la sociedad, y no solamente conseguir una mejor administración de las desigualdades.
Del derecho a decidir a la marea verde
Las peleas de moviento feminista y disidente durante los 80 y los 90 abrio la posibilidad de nuevas conquistas las decadas posteriores, una de ellas y significativa en nuestro país fue la lucha por el Aborto Legal, que se da en el contexto de la 4ta ola feminista a nivel mundial, reflejada en el Ni Una Menos y la marea verde en Argentina.
La demanda por la despenalización y legalización comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en las agendas feministas. Durante décadas fue una pelea contra el silencio, la clandestinidad y el poder de la Iglesia.
En 2020, después de años de campañas, movilizaciones y pañuelazos, esa demanda se transformó en ley. La Ley 27.610 reconoce el derecho a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 inclusive y establece la obligación de garantizar la atención de manera integral y gratuita.
Ese derecho no apareció de la nada. Detrás del pañuelo verde hay décadas de asambleas, talleres, encuentros, campañas, debates y movilizaciones. Hay generaciones enteras que discutieron aquello que parecía imposible.
Por eso, cuando hoy se intenta relativizar o cuestionar una conquista, la discusión no es solamente sobre una ley. Es sobre quién tiene derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y sobre qué proyecto de sociedad necesitamos para garantizar realmente esa autonomía.
No era todo glamour. Y tampoco todo quedó atrás
Volvamos entonces a las imágenes de los 80 generadas por inteligencia artificial.
Podemos vernos con el peinado de Madonna, las hombreras, los colores fluorescentes y las cámaras analógicas. Podemos imaginar una fiesta, una pista de baile o una foto familiar. Pero como vengo desarrollando fue una epoca contradictoria: de mucha lucha del movimiento feminista y disidente y de inicio de avances en materia de derechos que van a permitir nuevos logros en años posteriores.
Hoy hay sectores que quieren convencernos de que todo lo conquistado fue un exceso, un privilegio o una moda pasajera. Mientras se recortan políticas públicas, se desfinancian espacios de atención, se atacan los derechos sexuales y reproductivos y se multiplican los discursos de odio, vuelve a aparecer una vieja idea: que deberíamos conformarnos.
En Argentina, el gobierno de Javier Milei expresa y profundiza esta ofensiva. Con el ajuste, el desfinanciamiento de políticas de género y la deslegitimación de derechos conquistados, busca instalar que las luchas feministas son un privilegio o una agenda “ideológica”. Pero mientras se recortan recursos para quienes más los necesitan, también se intenta hacer retroceder una historia de organización que costó décadas construir. Por eso, frente a esta avanzada, la respuesta no puede ser resignarse: es volver a organizarnos para defender lo conquistado y pelear por mucho más.
Este año, el desafío vuelve a ser encontrarnos. Esta vez en Córdoba.
Los días 10, 11 y 12 de octubre, Córdoba será sede del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries. El encuentro puede ser una oportunidad para volver a encontrarnos, debatir qué feminismo necesitamos y construir una respuesta colectiva frente a quienes quieren hacernos retroceder.
Hace cuarenta años, aquellas mujeres empezaron a abrir un camino. Hoy nos toca caminarlo, ampliarlo y disputar hacia dónde queremos llevarlo. Porque quizás la mejor respuesta a la nostalgia por los 80 sea sencilla: no queremos volver atrás. Queremos ir por más.
Desde Juntas y a la Izquierda, te invitamos a venir con nosotres.
Nos vemos en Córdoba.


