La CGT en Plaza de Mayo. Una marcha que no invita a luchar

En la antesala de este 1° de mayo, la CGT se moviliza hacia la Plaza de Mayo para visibilizar un malestar social que ya le resulta imposible de ignorar. Aunque los ejes centrales de la marcha apuntan contra el deterioro salarial y la crisis económica galopante, la jornada se presenta con una puesta en escena que desvía el foco de la lucha directa contra el plan de Javier Milei. Al integrar los reclamos gremiales con un homenaje religioso al Papa Francisco, la central obrera opta por una carga simbólica que suaviza el tono de la protesta justo cuando más se necesita una postura de combate frente al ajuste.

Si bien los jerarcas de la central intentan levantar banderas de defensa de los derechos laborales, estas aparecen imposibles de ocultar dentro de un contexto de ajuste salvaje propiciado por el gobierno libertario. El problema central radica en que la CGT no invita genuinamente a luchar, ni a pararle la mano al gobierno. Las advertencias sobre futuras acciones contundentes parecen más una maniobra para contener el descontento que una verdadera voluntad de combate.

El cosecretario general, Jorge Sola, uno de los miembros del triunvirato de mando, afirmó que “después de la marcha habrá una medida de fuerza mucho más fuerte” y remarcó que “se percibe el malhumor social” en todos los sectores. Estas declaraciones, además de resultar difíciles de creer, aparecen de forma tardía cuando la misma dirección burocrática permitió que el gobierno avanzara sin obstáculos reales.

Gritar en la plaza para negociar en el despacho

A base de traiciones y negociaciones, la CGT no ha enfrentado con decisión los ataques que el gobierno le propina a la clase trabajadora. No hace falta mucha memoria para constatar esta dinámica de entrega. Durante el tratamiento de la reforma laboral la dirigencia sindical demostró no estar a la altura de las necesidades del movimiento obrero. Hoy resulta un chiste de mal gusto prometer ahora medidas de fuerza cuando dejaron pasar uno de los golpes más antiobreros de la historia reciente. En aquella oportunidad, aunque la central llamó a un paro general, decidió de manera consciente no hacerlo activo, evitando acciones en las calles que enfrentaran directamente la votación en el Congreso.

A pesar de que aquel paro tuvo un alto nivel de acatamiento, la burocracia sindical desmovilizó a las bases abriendo el camino para que Milei profundizara su política de destrucción. Esta desmovilización es consciente porque detrás brotan los negociados de estos dirigentes con las patronales y el gobierno para mantener intactos sus privilegios de casta sindical. Una vez que la reforma laboral obtuvo su sanción, la CGT directamente no llamó a ninguna acción directa y anunció que su táctica central sería la vía judicial. Este mecanismo de defensa fue una vía muerta desde el principio.

Aunque en un primer momento una medida cautelar suspendió varios artículos de la reforma la Justicia volvió rápidamente a mostrar su verdadera cara. La Cámara de Apelaciones del Trabajo resolvió otorgarle un efecto suspensivo a la apelación del Estado haciendo que la reforma laboral esclavista vuelva a tener plena vigencia en todo el país. De manera obscena el sistema judicial demostró lo que ya todo el mundo sabe: estar viciado por los intereses de las grandes patronales y del poder de turno. En lugar de organizar la resistencia, la conducción de la CGT se refugió en esta pantomima judicial para esquivar el enfrentamiento directo, garantizándose una tregua para negociar sus privilegios mientras los derechos de la clase trabajadora son arrasados.

La calle como único camino frente a la burocracia

Las declaraciones actuales de la conducción cegetista intentan reflejar lo que empuja la calle, pero terminan siendo maniobras para no hacer nada. Sola insistió en que “Claramente vamos a ir hacia una medida de fuerza mucho más fuerte” pero priorizó primero “mostrar en la calle el malhumor social” antes de concretar cualquier huelga. Estas expresiones son parte del repertorio de una burocracia que durante estos años permitió recortes de derechos y entrega de soberanía sin oponer acciones contundentes. Recién ahora dicen percibir un malestar que las familias trabajadoras sufren desde el primer día de la gestión libertaria.

De ninguna manera se puede pensar que al gobierno de Milei se lo puede enfrentar con acciones aisladas que no se inscriban en un plan de lucha con continuidad. El único camino para terminar con los ataques sistemáticos es la calle con la más amplia unidad de todos los sectores que ya vienen luchando. Se vuelve urgente exigir y hacer nuestras las herramientas históricas de la clase trabajadora como son los paros generales activos y los planes de lucha coordinados por las bases.

Hoy, el gobierno se encuentra complicado por sus problemas económicos y los crecientes casos de corrupción que lo rodean. La movilización masiva debe ser el motor para terminar con este programa de miseria de ultraderecha. Como puntapié para discutir una nueva alternativa política y sindical que sea verdaderamente de los trabajadores desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad te invitamos a ser parte del acto que realizaremos este 1° de mayo en Plaza de Mayo a las 15:00hs. Frente a la pasividad de las cúpulas burocráticas, la unidad de la izquierda y los sectores en lucha son la única garantía para derrotar el plan de Milei y enterrar definitivamente todos los ataques patronales.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros