Numerosos afiliados de la obra social de los estatales bonaerenses, el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), han denunciado la falta de entrega de antirretrovirales, medicamentos de uso diario, crónico e indispensables para combatir el VIH/SIDA. Desde IOMA no se han pronunciado aún y se preparan nuevas acciones judiciales en su contra.
Mucho antes del COVID-19 la humanidad sufrió una pandemia mortal en manos del VIH/SIDA. Gracias a las acciones de los primeros grupos activistas, se logró la inversión pública para la investigación y el posterior desarrollo de los primeros tratamientos efectivos. Hoy el panorama para los portadores de VIH es muy diferente al de décadas atrás, pudiendo llevar una vida normal y llegar al estatus de indetectable-intransmisible a condición de acceder a un tratamiento antirretroviral ininterrumpido.
Este derecho elemental es condición básica para mantener el estado de salud de las personas con VIH y, a su vez, para evitar una disparada de los contagios. Hoy el acceso a la medicación se encuentra fuertemente cuestionado por los ajustes tanto de la ultraderecha como de los gobiernos “progresistas”, los que han reducido sus aportes a los programas específicos de la Organización Mundial de la Salud.
Según datos oficiales de 2010[1], en Argentina hoy existen alrededor de 130 mil personas infectadas por el VIH, se calcula que apenas la mitad conoce su condición. Aproximadamente 43.000 personas están bajo tratamiento y de ellas el 70% recibe su medicación del Estado Nacional.
Ajuste libertario y ajuste progre se sienten igual
El organismo encargado de centralizar el combate a esta epidemia es la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, Hepatitis y Tuberculosis del Ministerio de Salud. Dicha dependencia hace un año sufrió el despido del 40% de su personal en manos del ministro Lugones y la gestión libertaria de Javier Milei.
En la provincia de Buenos Aires, existe un organismo provincial análogo que bajo la gestión del gobernador Axel Kicillof ha sufrido un ajuste en tono con el del ministerio de salud del 10.8% en el último presupuesto bonaerense. Ya en un artículo anterior denunciamos la reducción en la distribución gratuita de preservativos.
Sumado a estas medidas, el gobernador pejotista ha despilfarrado los fondos del IOMA con subsidios millonarios para las clínicas privadas desde 2020 y la reciente condonación de deudas millonarias de los municipios con la obra social de los estatales.
Hoy IOMA tiene una totalidad de 2.143.618 personas afiliadas y ha registrado superávit, sin embargo, crecen las denuncias por el incumplimiento de pagos a prestadores y las crecientes dificultades para acceder a la cobertura de tratamientos de afiliados.
Las recientes denuncias de afiliados con VIH por la falta de entrega de antirretrovirales hablan de una demora de más de un mes, cuando nos referimos a un tratamiento que implica el consumo diario e ininterrumpido de varios medicamentos combinados. De esta manera, las autoridades de IOMA y del gobierno de Kicillof exponen a estos afiliados al deterioro de su salud y a un riesgo de vida.
La obra social bonaerense ya ha sufrido varios embates judiciales por no entregar antirretrovirales a sus afiliados en 2014 y 2021. A su vez, desde Periodismo de Izquierda denunciamos hace dos años esta misma situación, lo que demuestra que el accionar de las autoridades de IOMA es consciente y reiterada.
Para que salud de los trabajadores deje de ser fuente de especulación de las farmacéuticas, obra sociales y empresas de la salud, necesitamos un cambio total, con perspectiva socialista: en primer lugar, la centralización de todo el sistema de salud en un único dispositivo bajo gestión de sus profesionales y técnicos, expropiando las clínicas privadas y absorbiendo su capacidad técnica y laboral junto a la de las obras sociales. Además, hay que eliminar las patentes e impulsar la producción pública de medicamentos, la inversión estatal en investigación y prevención, entre otras medidas.
¿Por qué es importante no interrumpir el tratamiento contra el VIH?
Según estudios médicos sobre este tema, saltarse una dosis en el tratamiento antirretroviral facilita que el VIH cambie de forma y hace que su medicamento deje de actuar. Este fenómeno se conoce como resistencia a los medicamentos. El virus puede volverse resistente a sus medicamentos y a medicamentos parecidos que aún no haya tomado el paciente. Esto limita sus opciones de lograr un tratamiento efectivo. Las cepas de los VIH resistentes a los medicamentos también pueden transmitirse a otras personas, por lo que el impacto potencial es aún mayor.
En cambio, tomar los medicamentos antirretrovirales sin interrupciones ayuda a mantener baja la carga viral y a mantener alto el conteo de células CD4 (que combaten las infecciones).
[1] Datos epidemiológicos tomados del Boletín sobre VIH-sida en la Argentina, Nº 27, Ministerio de Salud de la Nación, Año 2010.



