La polémica en el adiós de Messi a la Selección. El negocio por encima del homenaje

La emotiva despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina marcada por la mercantilización y los negocios de la AFA

Por Gabriel Guiguez

Hay cosas que, después de formar parte de la vida durante tanto tiempo, dejan de necesitar una explicación. Se vuelven parte del paisaje, de la rutina, de eso que se incorpora casi sin darse cuenta y que cuesta imaginar que algún día puedan desaparecer. Eso fue Lionel Messi para el hincha argentino durante los últimos años: una presencia casi permanente, una certeza, una imagen que parecía destinada a repetirse para siempre. Hasta que esa sensación llegó a su fin ayer, en su último partido con la Selección, el último himno, la última vez que se lo pudo disfrutar.

Argentina le ganó 3-0 a Benín, pero el resultado quedó rápidamente convertido en una anécdota. La noche no se trataba de eso, sino de despedir al ídolo, de asumir que la presencia más extraordinaria que tuvo el fútbol argentino durante las últimas dos décadas acababa de cerrar su ciclo con la celeste y blanca.

Tras el partido, el cielo se apagó y aparecieron los drones para volver a encenderlo de la mano de una música melancólica. La mesa estaba servida. No había un alma en el Monumental que no estuviera preparada para llorar cuando se forme la figura del Diez. En paralelo, la expectativa era sencilla, casi ingenua. Por unos minutos, sólo queríamos emocionarnos. Y la primera imagen que apareció fue la de Sancor Seguros. Así, sin metáforas. Antes que Messi, apareció una empresa.

Así reaccionaron las redes a la polémica

La escena provocó una catarata de memes inmediatamente. Era demasiado perfecta para no convertirse en chiste. Pero debajo de cada joda había algo más profundo, una especie de fastidio colectivo ante una situación que, justamente por lo absurda, resultaba demasiado familiar. Ni siquiera la despedida de Messi podía escapar de la publicidad obscena.

Y cuando se mira el evento en su conjunto, la sensación resulta todavía más difícil de esquivar. Más que un adiós, pareció una fiesta mercantilista donde lo importante era recaudar. En total, entre el exorbitado precio antipopular de las entradas, acuerdos de patrocinio y demás cuestiones, se juntó más de diez millones de dólares. El show de drones, por su parte, costó 100 mil dólares. Es decir, la AFA podría haber costeado tranquilamente ese momento sin que representara una preocupación económica de grandes dimensiones.

Pero para ponerle la cereza a un postre que nadie había pedido, se eligió otra cosa. Se dejó que una empresa se hiciera cargo del espectáculo a cambio de colocar su imagen en primer lugar. Y así, el momento que debía funcionar como uno de los más emotivos de la noche terminó convertido en el más anticlimático.

El negocio por encima del homenaje

El problema no es una empresa aprovechando un espectáculo para promocionarse. Eso pasa todos los días y forma parte de un fútbol completamente atravesado por el aspecto económico. El conflicto aparece cuando esa lógica consigue meterse en momentos que, para millones de personas, tienen un valor que no se mide en plata.

No era un partido más, era Messi despidiéndose de la Selección. Era el final de una costumbre que acompañó a una generación entera que quería agradecerle al tipo que estuvo ahí siempre, en las buenas y en las malas, hasta alcanzar la gloria máxima que significó el Mundial de Qatar. Dicho logro no fue solamente deportivo, fue una felicidad colectiva. A nuestro pueblo, sometido por la desigualdad causada por la indiferencia del sistema y sus patrones, Leo y compañía supieron hacerlo feliz. ¿No se merece, entonces, una despedida a la altura?

Se ve que para aquellos que manejan a la AFA la respuesta es no, porque cuando llegó el momento de mirar al cielo, lo primero que vimos fue una marca. Y hay algo casi brutalmente simbólico en eso que, además, resulta ser una particularidad propia del capitalismo: no necesita que algo sea material para convertirlo en mercancía. Puede apropiarse de una experiencia, de una imagen, de una celebración o de una emoción y transformarla en una oportunidad comercial. Allí donde millones querían encontrar un momento sentimental, algunos encontraron un espacio para vender.

Por eso el episodio causó tanta gracia y tanta bronca al mismo tiempo. El meme funcionaba porque todos entendíamos inmediatamente el absurdo. Estábamos frente a una despedida histórica y el mercado, una vez más, había conseguido sentarse en primera fila. La pregunta entonces deja de ser solamente por qué una empresa apareció en el cielo, sino cuánto espacio estamos dispuestos a concederle a la lógica comercial antes de que ya no quede prácticamente nada que pueda existir por fuera de ella.

Porque si el primer dibujo de los drones fue un logo, cuesta no pensar que quizás ya ni el cielo está a salvo. Messi se despedía de la Selección. Después de tantos años, después de todo lo vivido, merecía que el centro de la noche fuera solamente él. Pero hasta para decirle adiós hubo que pasar primero por caja.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros