Del caso Ángel a la cacería contra los feminismos

La crueldad como política y el encubrimiento como proyecto de ley

El horror nos vuelve a sacudir y nos confronta, una vez más, con un hecho humanamente insoportable. El asesinato del pequeño Ángel, presuntamente a manos de su madre y/o su padrastro, reabre heridas profundas y expone la miseria de un sistema que desecha a las infancias. Quienes cometieron semejante atrocidad merecen, sin dudarlo, la máxima condena.

Mientras el dolor debería llamarnos a una reflexión urgente sobre cómo el Estado abandona a las niñeces, la maquinaria de la reacción patriarcal y machista no perdió un segundo. Fieles a su libreto, utilizaron el cadáver de un niño para su deporte favorito: demonizar al movimiento de mujeres y a los feminismos.

Como ya ocurrió con el doloroso caso de Lucio, la derecha conservadora despliega una campaña tan absurda como perversa. Afirmar que a Ángel “lo mató el feminismo” confirma los niveles de cinismo de quienes se embanderan en discursos de odio. Quienes violentan a las infancias no operan amparados por ninguna bandera feminista, sino por los discursos que recluyen al cuidado al ámbito exclusivamente privado, justificando el abandono estatal. En ese marco, aumenta la vulnerabilidad de las infancias y la violencia se convierte en impunidad.

Ese discurso retrógrado es el que naturaliza el lugar de la mujer como agente exclusivo de cuidado de los niños y niñas, y el feminismo primero que nadie vino a decir qué ser progenitora no es igual a ser madre, y que gestar no es igual a maternar. La maternidad no es un instinto biológico inmaculado, es un acto político, de cuidado y contención, que la ideología patriarcal capitalista nos ha querido imponer como mandato natural, y nos hablan de instinto materno, para invisibilizar, justamente, que existen mujeres atravesadas por la psicopatía o la crueldad.   O simplemente negar que no todas las mujeres desean ser madres.

Naturalizar el “instinto materno” es lo que impide a la justicia y a las instituciones ver el peligro a tiempo. Es el feminismo, al luchar por la maternidad deseada y desarmar los estereotipos de la familia nuclear moderna, el que más herramientas ha aportado para la protección integral de las infancias. Ningún otro movimiento político defiende más la vida de niños, niñas y adolescentes que el nuestro, impulsando la ESI, exigiendo presupuesto y acompañando a las madres protectoras.

La falacia legal: el lobby de las “falsas denuncias”

A este panorama de manipulación del dolor social, se suman acciones políticas concretas de un machismo rancio enquistado en las instituciones. El proyecto de ley de “falsas denuncias” por violencia de género es, lisa y llanamente, una aberración jurídica y un apriete institucional.

En nuestro Código Penal ya existen figuras que castigan la falsa denuncia y el falso testimonio para cualquier delito. ¿Por qué, entonces, la urgencia de legislar específicamente sobre la violencia de género y el abuso sexual, elevando sus penas? No cabe duda que estamos ante una nueva embestida de la reacción patriarcal contra los avances del movimiento de mujeres.  Pero fundamentalmente es la ultraderecha y su discurso de odio la que pone el centro de las responsabilidades sobre las mujeres, que gracias al feminismo han avanzado en romper con los estereotipos y mandatos. Y justamente por eso, buscan disciplinarnos, meternos miedo para que no animarnos a denunciar.

Las estadísticas globales de ONU Mujeres indican que las falsas denuncias representan apenas el 1%. En Argentina, datos del Consejo de la Magistratura demuestran que no llegan ni al 3% de las causas penales. Lo que sí es una epidemia real es que una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños son abusados sexualmente, en su inmensa mayoría en el ámbito intrafamiliar, dónde los agresores son en su gran mayoría sujetos masculinos. Esto no quiere decir que la violencia sea una condición genética de la masculinidad, y mucho menos que las mujeres no pueden ejercerla, sino que se vincula al modo en como somos subjetivados y socializados en este sistema.  Es el patriarcado el que nos eestereotipa y mandata de tal forma que nos imponen a las mujeres el sometimiento directo de los varones.

En ese sentido, en un país que no ha logrado reducir las cifras de violencia de género, y dónde hay un femicidio cada 33 horas, este proyecto de ley es un dispositivo de terror diseñado para encubrir la violencia machista y el abuso sexual infantil. Es el desguace de la última trinchera de protección para las víctimas.

Detrás de estas iniciativas hay un lobby misógino organizado. Agrupaciones de ultraderecha como “Varones Unidos” operan sistemáticamente para presionar a la justicia, invirtiendo los roles: los victimarios se presentan como víctimas del “feminismo hegemónico”, mientras las madres protectoras son tildadas de manipuladoras, histéricas o locas. Estas plataformas, que difunden manuales de odio e incitan al acoso digital, construyen el guión social que luego se traduce en violencia institucional y física. Son los herederos del falso Síndrome de Alienación Parental (SAP, que no posee ningún consenso en la comunidad científica), reciclados para la era digital, funcionando como verdaderos protectores de pedófilos y violentos.

El “backlash” contra las profesionales que protegen a las infancias:

Esta maquinaria de impunidad necesita silenciar a quienes se atreven a documentar el daño. No es casualidad la brutal embestida y las denuncias penales por “falso informe” que están sufriendo las peritas psicólogas en Rosario y otros puntos del país.

Cuando una profesional de la salud mental constata mediante evaluaciones rigurosas los indicadores compatibles con el abuso sexual en las infancias, el sistema reaccionario responde atacando a la mensajera, centralmente profesionales mujeres de la salud mental. Acusar a las psicólogas de emitir informes falsos o de estar “sesgadas por la ideología de género” es una estrategia de backlash (reacción conservadora) de manual. Funciona como un método de adoctrinamiento y terror hacia todo el cuerpo de profesionales: el mensaje es “si denunciás o certificás un abuso, vamos por tu matrícula, por tu prestigio y por tu libertad”.

Esta cacería de brujas es, en el fondo, la garantía de encubrimiento que el patriarcado le extiende a los pedófilos. Buscan quebrar el lazo ético y profesional que sostiene la Ley de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes. Nos quieren calladas, dudosas, y a las infancias, libradas a su suerte en la tormenta más oscura del ámbito privado.

Pero además, ni aún  culpándonos,   buscan proteger  a las infancias.  Hoy las infancias no tienen garantizado ni el alimento ni la vivienda y son punibles de reglamentarse finalmente la baja de la edad, como si fueran adultos. No hay ninguna red de cuidado garantizado desde el Estado.

Ni hablar de las adolescencias que hoy sufren los porcentajes mas altos de depresión, y que lejos de ser atendidos y acompañados por el Estafo,  están libradas  a grupos como los “incels” que en las redes conforman grupos de incitación al suicidio o a los homicidios, como quedo al descubierto con el caso del tiroteo  en Santa Fe.

Por eso bajo la excusa de proteger a las infancias, o a los adolescentes, las voces de la ultraderecha solo fortalecen el discurso de odio y sus políticas anti derechos contra las mujeres y el feminismo,  que son eventualmente y en muchos casos las que sostenemos los espacios de acompañamientos y protección a niñeces y adolescencias.

La protesta como respuesta

Vivimos un recorte bestial de nuestra humanidad bajo el gobierno misógino de Javier Milei, que ha hecho de la crueldad una herramienta cotidiana de gestión y ha vaciado de presupuesto real cada política pública de contención. En este escenario, donde la oposición no ha hecho más que mostrarse tibia y moderada cuando no cómplice (y aún ciertos progresismos bajan las banderas contra la desigualdad y la violencia de género), somos nosotras, las feministas, las socialistas, las trabajadoras, quienes seguimos nadando contra la corriente, atajando los cuerpos arrasados por la desidia estatal y la violencia intrafamiliar.

Y lejos de estar derrotada o adormecidas el enorme 8 de Marzo que inundó las calles de nuestro país fue una demostración de fuerza inclaudicable. Sentamos las bases de una resistencia clara: no vamos a permitir que nos sigan atacando los derechos que nos han costado décadas conquista. Sabemos que la impunidad solo se rompe con organización colectiva. Y que cada embestida reaccionaria, cada intento de silenciarnos o de utilizar a nuestras infancias para su guerra, no hará más que seguir desgastando a un gobierno que solo tiene para ofrecer miseria planificada y odio. Frente a su pacto de crueldad, nosotras oponemos nuestra histórica política de la vida.

¡Por infancias libres y protegidas!

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