De Stonewall a hoy. Orgullosamente antisistemas

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Hace 57 años, el 28 de junio de 1969, sucedió el hito que llevó a la historia de nuestro movimiento de la clandestinidad a las calles, y el “gay power” se sumó a la lucha por un mundo sin opresión y sin explotación. Más de medio siglo después, mantenemos la llama por conquistar la igualdad real.

Por Santiago Velazquez

En los suburbios neoyorquinos se refugiaban las disidencias y creaban espacios de resistencia frente a la persecución de la policía machista y racista yanqui. En el barrio Greenwich Village se encontraba el bar de Stonewall, de los pocos bares gay en los que se podía bailar, habituado por latinos y negros y, en su mayoría travestis y dragsqueen. Acostumbrados a las redadas policíacas de la época, la noche del 28 de junio cambió la historia: se hartaron, resistieron y enfrentaron la represión policial. Así Stonewall se volvió refugio para les oprimides tras esta revuelta que tuvo como protagonista a dos travestis trabajadoras sexuales y una lesbiana: Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera y Stormé DeLaverie.

La lucha del movimiento LGBT+ no surge aislada. A fines de los 60’, se suma en Estados Unidos a la lucha por la liberación junto al Black Power y los movimientos antibélicos contra la guerra de Vietnam, y que venía internacionalmente del Mayo Francés que hizo tambalear al poder en pos de la transformación social.

En Argentina, aquellos tiempos se veían reflejados en grandes luchas como el Cordobazo y el Rosariazo, con los estudiantes y la juventud como protagonistas junto al movimiento obrero. Este proceso de insurrecciones puso al régimen en tal grado de crisis que, luego de la caída de la dictadura y tras la vuelta de Perón, debió apelar al Terrorismo de Estado con la Triple A, de la mano de Isabel Martinez de Perón. Fue la antesala a la última dictadura cívico-eclesiástica-militar, que llevó al pueblo argentino a los años más oscuros. 30.000 fueron los compañeros asesinados y desaparecidos desde 1976 hasta 1982.

La historia de nuestro colectivo tiene en nuestro país como hito fundacional al nacimiento del Frente de Liberación Homosexual (FLH) en 1971, bajo el lema “amar y vivir libremente en un país liberado”. El FLH surge con la participación de distintas organizaciones y sin el apoyo del peronismo y las izquierdas.  La excepción fue el Partido Socialista de los Trabajadores, corriente encabezada por Nahuel Moreno y antecesora del MST, que comprendió ideológicamente las relaciones de género y de clase. La Triple A persiguió a la militancia del FLH y en dictadura, con el avance del terror, quienes resistieron lograron seguir organizándose, pero la dictadura genocida puso también como foco de ejecución a las identidades no heteronormadas, con la bendición de la Iglesia Católica.

En esta línea, una vez recuperada la democracia, la Iglesia supo presionar a la CONADEP para invisibilizar a les compañeres del colectivo, perseguidos por su condición sexual o genérica, dentro de la cifra de los 30.000. Fue recién en 1987 cuando Carlos Jáuregui, pionero del activismo LGBT+, publicó su libro La homoseaxualidad en Argentina y reveló el dato que hoy nos lleva a reivindicar y seguir luchando en la historia de nuestro movimiento bajo el lema de ¡30.400 Presentes!, por Memoria, Verdad y Justicia. Así, con el pasar de los años y con ejemplos de lucha como el de las Madres de Plaza de Mayo, nuestro país logró la conquista de derechos democráticos para nuestra comunidad, como el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género.

La reacción de los fachos

Hoy la ultraderecha en el mundo, en su peor faceta reaccionaria, busca tirar por la borda los derechos y logros obtenidos durante las últimas décadas a través de la organización y la lucha del feminismo y las disidencias. Desde Trump, en el corazón del imperialismo, pasando por Meloni en Italia, Putín en Rusia y llegando hasta Milei en Argentina, avanzan con sus planes de ajuste sobre la clase trabajadora y con una narrativa que intenta volver a poner en tela de juicio las conquistas de la lucha colectiva. Estos discursos se materializan en el aumento de los crímenes de odio y en políticas que intentan implementar para retroceder con la educación sexual, el aborto legal, el acceso a la salud y la educación pública, así como en el recorte y desmantelamiento de programas y dispositivos destinados a las mujeres y disidencias.

No hay orgullo en un genocidio

El capitalismo ha sabido convertir a las armas en su contra en un engranaje de su sistema. De esta manera, las empresas y los gobiernos han intentado aprovecharse del mes del orgullo para hacer marketing y lavar nuestra lucha.

Párrafo aparte merecen quienes usan nuestra bandera para cubrir la barbarie capitalista. El orgullo LGBTIQNB+, como desarrollamos en esta nota, surge y crece de la resistencia y de la lucha por un mundo sin opresiones, por lo que nuestra bandera no puede ni va a tapar el exterminio de los pueblos. El Estado sionista de Israel busca mostrarse como la capital pride dentro de Medio Oriente para cubrir el genocidio perpetuado sobre el pueblo palestino. Nuestro orgullo es por la igualdad real y una sociedad libre, nada de esto tiene que ver con quienes oprimen a las comunidades del mundo. El proyecto del Gran Israel hoy llevado a cabo por Netanyahu es apoyado históricamente por el imperialismo y por democracias y regímenes autoritarios de todo el mundo, pero la otra cara de la situación mundial muestra el apoyo creciente hacia la resistencia del pueblo palestino y la reducción en el apoyo hacia Israel y su avanzada de limpieza étnica.

Orgullosamente socialistas

La ultraderecha avanza globalmente sobre los derechos de las clase trabajadora, la juventud, las mujeres y las disidencias. Pero en todo el mundo están los pueblos que resisten contra sus planes en grandes huelgas, movilizaciones y rebeliones. La situación internacional muestra una polarización asimétrica que refleja a la ultraderecha representada políticamente en cada uno de sus países y con Trump desde el imperio, pero sin alternativa y espacio de representación para les revolucionaries que resisten y se enfrentan a la ofensiva capitalista.

A 57 años de Stonewall, hacemos propia aquella revuelta y retomamos el legado hasta conquistar la vida que nos merecemos. La historia nos demuestra que ninguna de nuestras conquistas se dieron ni perduran sin la lucha de clases. Frente a los gusanos capitalistas, seamos las mariposas que, en unidad en la diversidad, construyamos el camino hacia el derrocamiento de un sistema que nos quiere esclavos heteronormados. Sigamos la pelea como lo hicieron hace 57 años y construyamos alternativa de nuestra clase por un mundo sin opresiones y sin explotaciones: un mundo socialista.

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