Consumo en caída libre. Con Milei, solo tres de 33 meses mostraron una mejora

Los datos de Scentia reflejan el deterioro persistente de las ventas de productos básicos durante el gobierno libertario. En septiembre, el consumo masivo volvió a retroceder y la caída golpea con fuerza a los comercios de barrio. El ajuste se traduce en menos compras y mayores dificultades para llegar a fin de mes.

Menos ventas, menos compras y más dificultades

La caída del consumo se convirtió en una constante desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. Durante apenas tres de los primeros 33 meses de su gestión no se registró una caída del consumo. El último informe de la consultora Scentia volvió a encender las alarmas: en septiembre, las ventas de productos básicos retrocedieron un 3,2%.

El dato expone una realidad que contrasta con el relato oficial de recuperación económica. Mientras el Gobierno destaca el orden fiscal y la desaceleración de la inflación, el consumo cotidiano continúa sin recuperarse y las familias deben ajustar cada vez más sus gastos para sostener las compras esenciales.

La retracción no afecta solamente a las grandes cadenas de supermercados. Los comercios de cercanía, que abastecen las compras diarias de los barrios, también sienten el impacto de la pérdida de poder adquisitivo. La caída de las ventas refleja que los hogares tienen menos margen para comprar alimentos, bebidas y artículos de uso cotidiano.

Los relevamientos de consumo masivo muestran, además, que la tendencia negativa se mantiene en distintos canales de comercialización. Según Scentia, las ventas medidas en volumen cayeron un 1,2% interanual en septiembre y acumularon una contracción del 2,7% durante los primeros nueve meses de 2026.

Detrás de esos porcentajes hay una modificación concreta de los hábitos de consumo: comprar menos, reemplazar productos por otros más económicos y postergar gastos. Cuando los salarios pierden capacidad de compra frente al costo de vida, el ajuste se hace visible en las góndolas y en los mostradores de los negocios barriales.

El ajuste golpea a los trabajadores y a los comercios

La caída persistente del consumo tiene un efecto que va más allá de las familias. Los pequeños comercios dependen de las ventas cotidianas para sostener sus ingresos y afrontar alquileres, tarifas, impuestos y otros costos. Si las personas compran menos, la actividad se resiente y se profundizan las dificultades para los negocios que viven del mercado interno.

Se configura así un círculo recesivo: los ingresos ajustados reducen las compras; la caída de las ventas afecta a los comercios y a la actividad económica; y el deterioro del empleo y de los ingresos vuelve a limitar el consumo.

Este escenario cuestiona la idea de que cualquier mejora de los indicadores macroeconómicos se traduce automáticamente en bienestar social. El equilibrio de las cuentas públicas no garantiza por sí mismo que los trabajadores puedan llenar el changuito, pagar los servicios y cubrir sus necesidades básicas.

¿Recuperación para quién?

Después de casi tres años de gestión, el balance del consumo deja una pregunta central: ¿quiénes están pagando los costos del programa económico? Los datos muestran que la recuperación no llega de manera sostenida a las compras cotidianas y que el mercado interno continúa debilitado.

Frente a este panorama, hacen falta salarios y jubilaciones que permitan recuperar poder adquisitivo, empleo con derechos y medidas que protejan los ingresos populares. Sin una mejora concreta en las condiciones de vida, los anuncios de recuperación seguirán chocando con una realidad cotidiana marcada por las restricciones.

Porque la economía no se mide únicamente en balances fiscales o variables financieras. También se mide en lo que una familia puede comprar, en la actividad de los comercios de barrio y en la posibilidad de vivir dignamente. Y, por ahora, el consumo sigue mostrando el costo social del ajuste.

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