Arde Europa. La verdadera amenaza es el capitalismo


Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista

El verano en el hemisferio norte se volvió verdaderamente asfixiante. Aunque el calentamiento global es un fenómeno que se manifiesta en todo el planeta, en Europa el incremento de las temperaturas ha ocurrido de una manera más acelerada, agudizando las consecuencias. En un sentido, los termómetros están midiendo la temperatura de la crisis capitalista, la causa real de los nuevos fenómenos climáticos, señalando cuál es el destino de barbarie hacia el que conduce este sistema.

La alarmante ola de calor europea es superior a la vivida en 2003 y 2025. En el continente se ha afrontado la quinta ola de calor del año en una temporada marcada por los incendios forestales, la sequía continental y la desesperación de millones de personas. Los récords climáticos se han ido superando uno tras otro de forma consecutiva. Durante distintas semanas, varios países alcanzaron temperaturas nunca antes vistas para la época del año:

  • Francia registró el fallecimiento de 1.243 personas entre el 3 y 22 de julio, elevando la cifra de muertes provocadas por la ola de calor en 2026 a 7.300 fallecidos en el país.
  • El Reino Unido ha registrado picos térmicos extremos este verano, alcanzando marcas de hasta 38,1 °C en Londres y superando récords históricos.
  • En España, los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) indican que el 5 de julio fue la jornada más calurosa en el país desde por lo menos 1940.
  • Suiza alcanzó la temperatura más elevada de su historia para un mes de junio y en julio los termómetros marcaron temperaturas extremas rozando el récord de 2003. 

Las olas de calor extremo han afectado de manera similar a distintas regiones, dejando un alarmante saldo de al menos 35.000 muertes en toda Europa [1]. Los adultos mayores de 75 años resultaron ser los más vulnerables. El calor intenso pone en grave peligro su salud, ya que los deshidrata fácilmente y exige un esfuerzo cardiovascular excesivo. De hecho, muchas personas no mueren por un golpe de calor en sí, sino porque el ambiente sofocante agrava las enfermedades crónicas que ya padecían.

Refrescarse como sea.

Incluso a economía se ha visto comprometida con el aumento de las temperaturas, afectando el suministro de materias primas, las infraestructuras críticas y la seguridad energética. Muchas ciudades han estado al borde del colapso con escuelas imposibilitadas para sostener las clases, servicios ferroviarios interrumpidos y cortes de luz.

También la crisis ambiental se traduce en crisis social, ya que los sectores más vulnerables son los que cuentan con menores recursos para enfrentar las consecuencias del cambio climático. Los de abajo son los que sufren el hacinamiento en las ciudades y periferias urbanas, las deficiencias del transporte y las malas condiciones de trabajo, en muchos casos a la intemperie expuestos al calor sofocante.

Padecen los trabajadores que se ven obligados a continuar sus actividades a pesar del calor extremo, por ejemplo, en aulas sin refrigeración adecuada y, particularmente, los que desarrollan sus actividades en la calle o en el campo entre los cuales cada año hay que contar fallecimientos que se podrían evitar con medidas preventivas de los gobiernos y sin la avaricia de ganancia de los patrones.

Las repercusiones sanitarias son numerosas y dramáticas: trastornos respiratorios debidos, sobre todo, a la formación de ozono (procedente de las emisiones de óxidos de nitrógeno de los motores térmicos; en junio se superó el nivel de peligrosidad del ozono para 300 de los 450 millones de europeas y europeos); accidentes cardiovasculares; enfermedades infecciosas; insuficiencia renal aguda; contaminación atmosférica por los humos de los incendios forestales.

La ola de calor se inscribe en el contexto más amplio de las graves consecuencias del cambio climático sobre entornos naturales terrestres, acuáticos y atmosféricos. De este modo, son alterados los ecosistemas y se generan condiciones preocupantes para el desarrollo de incendios forestales, cuyo agravamiento no es consecuencia exclusivamente del cambio climático —también intervienen la gestión forestal, usos del suelo y las igniciones—, pero el calor extremo, la sequía y la vegetación seca aumentan fuertemente el riesgo y la propagación.

Merece mención también la crisis hídrica y de los ríos europeos. En agosto, los ríos Loira, Po, Rin y Danubio alcanzaron niveles excepcionalmente bajos, después de meses de escasas precipitaciones y temperaturas muy elevadas. La situación afectó al transporte fluvial, agricultura, ecosistemas y generación energética. La Comisión Europea considera que la sequía se viene desarrollando desde la primavera y que el calor extremo complejizó considerablemente la situación.

Danubio.

Síntoma y enfermedad

Para encontrar la cura primero hay que dar con el diagnóstico adecuado. El calentamiento global y los diferentes fenómenos asociados son la manifestación de un modelo enfermizo para la vida e incompatible con cualquier forma de equilibrio ecológico. La situación de crisis implica un momento de cambios profundos y de toma de decisiones fundamentales, al mismo tiempo, se ponen en juegos los intereses de diferentes sectores antagónicos. En este sentido, la crisis ecológica en curso es una ramificación de la crisis más integral del sistema capitalista y que tiene sus expresiones en el ámbito político, social, cultural y económico.

Aunque todas las alarmas ya fueron encendidas, los capitalistas insisten en sostener la petrodependencia con tal de satisfacer su sed de ganancia. Frente al crecimiento del activismo socioambiental, la burguesía apostó por la ilusión del “capitalismo sustentable”, como se esbozó en diferentes acuerdos para la supuesta transición energética, que ni siquiera se cumplen en su totalidad. En su lugar, ahora tomó protagonismo el negacionismo de la ultraderecha que alimenta la competencia inter imperialista para reforzar la explotación sobre los trabajadores y la depredación de los territorios.

Trump, a la cabeza de Estados Unidos, pisa el acelerador en su disputa por mercados, bienes comunes e influencia geopolítica contra China, como principal desafiante de la hegemonía yanqui. Sin embargo, la potencia asiática para nada representa un modelo alternativo al productivismo capitalista contaminante. Así como China ascendió en los mercados, también lo hizo en la lista de los países emisores de CO2, actualmente representando el 31,8% de las emisiones globales fósiles. La transición energética que impulsa al mismo tiempo conlleva el saqueo de bienes comunes como el litio en países periféricos, sosteniendo y en casos profundizando la dependencia de los países africanos y latinos.

La degradación del ambiente no podrá detenerse y mucho menos remediarse sin un cambio de modelo. La crisis ambiental no hará otra cosa más que profundizarse si las decisiones las siguen tomando los mismos de siempre. Medidas de emergencia a favor de las mayorías sociales sólo son posibles con una planificación democrática de la producción. Para recuperar el futuro tenemos la tarea urgente de construir una alternativa anticapitalista que dispute el poder, con la determinación de aplicar todas las políticas necesarias para terminar con el ecocidio.

Por Manuel Velasco

Referencias
[1] La Vanguadia (25/08/2026), El calor extremo provocó al menos 35.000 muertes más en Europa este verano. No significa que murieron directamente por golpe de calor, es una estimación de «exceso de mortalidad» : personas que murieron por encima de lo estadísticamente esperado durante los episodios de calor.

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