Milei volvió a refugiarse en un entorno mediático completamente controlado para evitar las preguntas incómodas sobre su gestión. Los canales de streaming oficialistas Neura y Carajo funcionaron como el refugio perfecto para que el presidente despliegue un monólogo totalmente alejado de la realidad que asfixia a los trabajadores.
Durante la entrevista celebró el dato de inflación del 2,6% correspondiente a abril y repitió que el único número aceptable es el cero. Esta lectura triunfalista choca de frente con un estancamiento brutal que paraliza al país y licúa los ingresos populares día tras día. Frente a esa realidad imposible de ocultar en las calles, el mandatario intentó justificar el freno en la actividad asegurando que la alternativa era un “escenario inmundo”. Esa excusa busca esconder que la supuesta estabilización se sostiene exclusivamente sobre el hambre de los jubilados y la destrucción del salario. Fiel a su estilo evitó cualquier autocrítica y prefirió culpar de la inestabilidad a la oposición política y a los medios de comunicación acusándolos de “promover un intento de golpe de Estado”.
Este largo desfile mediático funcionó como una cortina de humo para evadir la profunda crisis política que atraviesa el gobierno. Milei eludió dar explicaciones sobre las causas por enriquecimiento ilícito que acorralan al jefe de Gabinete Manuel Adorni. En lugar de exigir transparencia a sus funcionarios optó por victimizar a su vocero estrella al afirmar que el supuesto ataque de los mercados comenzó tras las elecciones porteñas del año pasado.
La defensa irrestricta de los privilegios propios también abarcó al diputado Manuel Quintar luego de que este llegara al Congreso en un vehículo Tesla valuado en 250 mil dólares. El presidente desestimó los cuestionamientos calificándolos de “argumento comunista” y afirmó con total soltura que cada funcionario puede gastar su dinero como le plazca. Todo este discurso de austeridad selectiva fue pronunciado mientras lucía una remera del fondo buitre estadounidense Allen and Company, una verdadera provocación en medio del remate de los recursos nacionales.
Esta especie de estrategia de distracción presidencial incluyó una violenta embestida contra el periodismo. El mandatario exigió que los comunicadores presenten declaraciones juradas para demostrar su limpieza patrimonial. Este pedido representa una maniobra evidente para desviar la atención de los números que no cierran en las cuentas bancarias de sus propios ministros. El enojo presidencial derivó en insultos directos al calificar a los periodistas de “basuras humanas” y acusarlos de complicidad para voltear su administración. El nivel de agresividad escaló de manera preocupante al referirse a la interna de su propio espacio político. Un ejemplo de esto fue lo referido sobre la diputada Marcela Pagano, quien sufrió el maltrato presidencial al ser calificada despectivamente como el “lechón iraní”, un castigo público por haber impulsado la denuncia contra el hermano de Adorni.
El delirio argumentativo alcanzó niveles insólitos al momento de analizar la crisis de la educación pública junto al secretario Alejandro Álvarez. Ambos funcionarios se burlaron de los gremios docentes y justificaron el cierre de aulas argumentando que la falta de alumnos responde al apoyo de los maestros a la legalización del aborto. Esta clase de discursos reaccionarios expone la brutalidad de una ultraderecha que recurre a barbaridades sin ningún tipo de sustento científico o demográfico. A tal punto, que Milei se animó a hablar de un supuesto “genocidio” que hizo caer la tasa de reproducción nacional como una maniobra desesperada para tapar el desfinanciamiento sistemático que sufren las escuelas de todo el país.
Además, el mandatario aprovechó la presencia de Álvarez para minimizar el reclamo masivo de la reciente marcha universitaria y también culpó a gestiones anteriores por el saqueo de las jubilaciones, ignorando el recorte feroz que su propio modelo aplica sobre los adultos mayores.
El cierre de sus intervenciones estuvo marcado por la frivolidad y una extrema pleitesía hacia potencias extranjeras. El presidente elogió de manera desmesurada a Donald Trump al definirlo como “Gardel con guitarra eléctrica” y le atribuyó el freno de supuestos espías cubanos en Argentina. Esa desconexión con los problemas locales continuó al confesar como un simple paso de comedia que le pidió un vehículo de regalo al magnate Elon Musk y este lo ignoró por completo.
El mandatario proyecta gobernar con cien años de liberalismo y coquetea con la reelección frente a un país devastado por la desocupación y la miseria que genera su programa de gobierno. Su recorrido mediático dejó en evidencia a un jefe de Estado desconectado del sufrimiento popular y abocado exclusivamente a proteger los negociados de su propia casta. Las barbaridades pronunciadas en esos estudios de streaming no representan exabruptos comunicacionales. Son la violencia política explícita de una gestión reaccionaria que destruye los salarios, desmantela la educación y hambrea a los jubilados para sostener una fantasía financiera. Milei necesita gritar e insultar frente a los micrófonos amigos porque el fracaso social de su experimento económico ya resulta casi imposible de ocultar.

