Compartimos el siguiente artículo como adelanto del nuevo número, el 867, de la revista impresa Alternativa Socialista en colaboración con Periodismo de Izquierda. Podés adquirirla en cualquiera de nuestros locales del MST en el FIT Unidad.
Por Cele Fierro y Andrea Lanzette
La crisis de representación política se profundiza. Mientras amplios sectores de la población expresan desencanto con las fuerzas políticas tradicionales, las condiciones de vida se deterioran y las respuestas frente a problemas estructurales siguen siendo insuficientes.
Para las mujeres y disidencias, esta situación tiene una expresión particularmente concreta: violencia, precarización laboral, pobreza, sobrecarga de las tareas de cuidado y retroceso de políticas destinadas a prevenir y atender las violencias de género. El Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias en Córdoba es una oportunidad enorme de defender nuestros reclamos específicos y fundamentalmente, organizar al movimiento feminista para enfrentar al gobierno de Milei, sus cómplices y sus políticas de hambre y de odio. Este año en Córdoba, el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias puede ser histórico para dar esos pasos que incluyen debates que también hay que dar de cara a qué feminismo es el que tenemos que fortalecer.

Una dura realidad de violencia
Entre enero y agosto de 2026, el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven registró 173 víctimas letales de violencia machista, entre ellas, 142 femicidios directos, 18 femicidios vinculados y 6 travesticidios/transfemicidios. También contabilizó 273 intentos de femicidio. Estos números son un piso mínimo, elaborado a partir del monitoreo de medios, porque tampoco hay un seguimiento público de la violencia de género.
A esto se suma el desfinanciamiento de políticas públicas. Un análisis de Chequeado sobre ocho programas vinculados a género registró una fuerte caída de su inversión real o directamente su discontinuidad entre 2023 y 2025, incluyendo reducciones muy importantes en la Línea 144 y el programa Acompañar. Entre 2023 y 2025 el presupuesto ejecutado de la Línea 144 cayó 97,7% y se redujo un 45% el personal. En tanto el Programa Acompañar, sus fondos cayeron un 99% real entre 2023 y 2025 (¡Pasaron de $67.700 millones a $2.948!). La cobertura cayó de más de 100 mil personas en 2023 a solo 434 en 2024.
Los datos muestran que no alcanza con denunciar cada femicidio cuando ocurre. La motosierra de Milei deja a las mujeres y disidencias desamparadas frente a la violencia machista. A esto se le suman los discursos de odio emanados desde el ejecutivo que habilita y avala la agresión diaria en la calle y en los hogares. Hace falta discutir qué políticas de prevención, asistencia y protección necesitamos y, fundamentalmente, cómo construir una fuerza social capaz de defenderlas. La negación de la violencia y la desigualdad de género no es solo discurso, como vimos, se plasma en políticas que nos afectan y mucho.

Milei, esta locura no la trates de entender
El gobierno de Javier Milei también intenta instalar una discusión alrededor de la natalidad. En agosto de 2026, el Presidente volvió a vincular la caída de los nacimientos con la legalización del aborto y cuestionó lo que denominó la “locura de los pañuelitos verdes”. Sin embargo, los datos disponibles no sostienen esa relación causal.
La natalidad en Argentina viene cayendo desde 2014, seis años antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos, frente a 533.299 en 2020. La caída, por lo tanto, no comenzó con la legalización del aborto. Especialistas señalan que se trata de un fenómeno multicausal, relacionado, entre otros factores, con transformaciones sociales, educativas y laborales, cambios en los proyectos de vida y un mayor acceso a métodos anticonceptivos. Y tampoco es solo en Argentina, es una tendencia mundial: el promedio pasó de 5 hijos por mujer en 1950 a 2 hijos en la actualidad.
El problema no es que las mujeres y personas gestantes tengan capacidad de decidir si quieren tener hijos: el problema es que cada vez existen menos condiciones materiales para decidir libremente cómo y cuándo hacerlo. La suba imparable de alquileres, la precarización laboral y los sueldos de miseria llevan a las mujeres a estar sobrecargadas: se suman más horas en su lugar de trabajo pero las horas del trabajo de cuidado no se recortan. También se suman los recortes en salud y educación pública, y una crisis climática que impacta en los temores crecientes sobre la calidad de vida que tendrán las futuras generaciones. Es claro que las condiciones de vida determinan el deseo de maternidad.
Por eso rechazamos la premisa de que garantizar el derecho al aborto sea responsable de la caída de la natalidad. Resulta indispensable defender lo obvio. Defender nuestros derechos ganados a fuerza de años de lucha, que nos permiten ser un poco más libres, nos permiten decidir al menos sobre nuestro cuerpo.

Mirar la deuda a través de los ojos de las mujeres
Hoy en nuestro país se sufren niveles de morosidad récord. Se estima que más de 20 millones de argentinos tienen alguna deuda activa. El ajuste brutal a los presupuestos de lo público, social, sanitario y educativo pone cada día más difícil sostener las condiciones de vida. Hoy esto hace que el acceso a la salud, la educación, la vivienda y hasta la comida, obligue a los hogares a recurrir al endeudamiento. En las mujeres eso golpea aún peor: más del 60% de los hogares a cargo de jefas de familia reportan deudas corrientes, y de este porcentaje, el 72% se utilizaron para cubrir gastos diarios como alimentación y medicamentos.
Esto se da porque los sectores feminizados acceden en menor medida a trabajos formales: 53% las mujeres frente al 70% en varones y una brecha salarial promedio cercana al 27%. Esto empuja a las mujeres a depender de los créditos, que mayormente son de manera informal y usurera.
Entonces el circuito les cae redondo: los gobiernos ajustan brutalmente y las instituciones estatales se ven afectadas, entonces esas tareas de reproducción, sostenimiento de vida y del cuidado recaen sobre las mujeres trabajadoras precarizadas, lo que las empuja a tomar deuda con acreedores privados. La deuda se vuelve un mecanismo de transferencia de los recursos de las jefas de hogares trabajadores hacia los capitales financieros.
La deuda es con nosotras y no con el FMI, y cada vez se pone más de manifiesto. Porque la política de ajuste que aplica el gobierno de Milei que golpea al conjunto del pueblo trabajador y en particular a las mujeres y disidencias, es para seguir pagando la estafa de la deuda externa. Por eso el no pago y que se rompa con el Fondo tiene una relación directa con nuestros derechos y condiciones de vida.

Nuestra bronca se siente y no se calla
La bronca social no es ajena al feminismo. Las trabajadoras precarizadas, las desocupadas, las jubiladas, las estudiantes, quienes sostienen comedores y tareas comunitarias y quienes cargan con la mayor parte de las tareas de cuidado viven cotidianamente los efectos de la crisis.
Por eso, la pelea contra las políticas de Milei también es una pelea feminista. El salario, el trabajo, la vivienda, la salud, la educación, las jubilaciones, la interrupción voluntaria del embarazo, la ESI y las políticas contra las violencias forman parte de una misma discusión: qué condiciones necesitamos para vivir con autonomía y sin violencias.
Pero el camino no es “construir esperanza” en abstracto como nos quieren instalar algunos. El camino no es seguir esperando a esas burocracias que no han hecho nada para pararle la mano a este gobierno misógino, sino por el contrario, con su ausencia u omisión han aplacado el camino para que el ajuste pase. La institucionalidad del feminismo en esas viejas y rancias estructuras, la no independencia de esas mismas burocracias y partidos tradicionales que son parte activa y sostenedoras de este sistema capitalista patriarcal, han intentado desmovilizar y que mastiquemos bronca en nuestras casas, sumisas y endeudas. No lo lograron, lo demostramos el 1F, el 8M y el 3J que hay fuerza por abajo, pero eso no puede quedar sin continuidad.
En ese camino, la Marcha de la Bronca del pasado 19 de septiembre fue un punto de encuentro para expresar el rechazo a las políticas de Milei y sus cómplices que descargan la crisis sobre los sectores populares y para poner en discusión una perspectiva de organización y lucha. Decenas de organizaciones, colectivos, asambleas feministas y disidentes fueron parte en todo el país de esta gran acción de coordinación y expresión de que no se aguanta más.
Ahora la tarea es avanzar en cómo logramos transformar esa bronca en más organización, en construcción colectiva y en una alternativa política. El feminismo no puede ser furgón de cola de ese debate, tiene que ser parte activa. Porque sin nosotras y nosotres se para el mundo.

De la Marcha de la Bronca a Córdoba
La continuidad de la fuerza que mostramos el 19 por las calles de todo el país tendrá su reflejo en el Encuentro en Córdoba. Continuidad que se expresará en primer lugar con el fortalecimiento de la movilización contra las políticas de ajuste y empobrecimiento, sostener la pelea contra los femicidios, travesticidios y todas las formas de violencia, defender los derechos conquistados y exigir políticas públicas que permitan garantizar su cumplimiento. La coordinación de cada lucha, el sentirnos hermanadas con quienes enfrentan a este gobierno en cada punto del país. Todo esto y muchos temas, luchas y reivindicaciones más serán parte de los debates en los talleres en el Encuentro. Es ahí donde tenemos que seguir articulando el cómo la seguimos.
Porque si no le paramos la mano a la ultraderecha, por más debilitados que estén, nos van a seguir haciendo daño. Por más incierto que parezca su futuro, sabemos muy bien que siempre pueden encontrar algún sector de la política tradicional o de la burocracia sindical que sea comprado, y que eso termine contra nosotras y nosotres.
Cuando nos encontremos miles en Córdoba, tenemos que debatir cómo nos volvemos a transformar en marea. Lo supimos hacer y podemos hacerlo de nuevo. La derrota de este gobierno vendrá de la mano de que llenemos las calles, que impulsemos la huelga general, que levantemos la denuncia contra el presupuesto 2027 que es de más ajuste, sumisión y entrega, que organicemos cómo derrotarlo. Tenemos que estar en la primera línea, como lo hacemos en cada lucha.

Sí o sí: CABA tiene que ser la próxima parada
El 39° Encuentro Plurinacional se realizará en Córdoba los días 10, 11 y 12 de octubre. Será una edición especialmente significativa: Córdoba vuelve a ser sede después de 19 años y se espera una participación masiva.
Pero Córdoba no puede ser solamente un punto de llegada. Tiene que ser también un punto de partida. Una de las discusiones que tenemos que llevar al Encuentro es la próxima sede.
CABA tiene una historia particular con el movimiento: allí se realizó el primer Encuentro Nacional de Mujeres en 1986, hace 40 años. Pero no solo por eso creemos que es necesario dar la pelea para que la próxima sede del Encuentro sea en CABA. Sino también porque es el centro político del país, donde la ultraderecha crea las políticas de ajuste, junto al Opus Dei, la justicia clasista-patriarcal y sus fuerzas represivas.
No se trata solamente de elegir una ciudad. Se trata de discutir dónde y cómo queremos que crezca el movimiento, cómo incorporar a nuevas compañeras y compañeres, cómo fortalecer las experiencias de organización en los barrios, lugares de trabajo y estudio y cómo hacer que el próximo Encuentro sea una enorme caja de resonancia para las luchas que se vienen dando en todo el país. Y fundamentalmente cómo derrotar a Milei y sus políticas.
Que CABA vuelva a ser sede puede ser una oportunidad para poner en el centro la situación de las trabajadoras, las jóvenes, las jubiladas, las migrantes, las personas travestis y trans y todas aquellas que enfrentan cotidianamente la precarización y las violencias.
Y también para disputar políticamente el sentido del próximo Encuentro: que sea masivo, federal, autónomo, autofinanciado y construido desde abajo, respetando las características históricas que hacen de estos espacios una herramienta colectiva.
Por eso, la votación no debe hacerse en el acto final, un acto donde ya muchas compañeras no se encuentran porque vuelven a su casa. Ni tampoco debe determinar ese “aplausómetro” que depende de quién ponga la oreja para decidir. La dirección del Encuentro se niega a escuchar a cientos de compañeras que no comparten este método burocrático donde la decisión de la sede la toman solo ellas. Nuestra propuesta es clara y posible: que se vote en los talleres, o cuando termine la masiva marcha del sábado. Aunque también estamos dispuestas a discutir otras formas. Lo que tenemos en claro es que este funcionamiento actual solo le es funcional a Milei y sus cómplices. Esa pelea queremos darla con fuerza, para que el Encuentro no sea solo un Encuentro más. Esta vez tiene que ser el trampolín para que nuestro movimiento y nuestra lucha tenga más fuerza que nunca para enfrentar a la ultraderecha y a los antiderechos.
Derrotar a los fachos y que la tierra sea el paraíso
En el camino de seguir fortaleciendo nuestra lucha vemos necesario empalmar con los reclamos sentidos del resto de los trabajadores. Porque poder ubicarnos con una mirada feminista de clase permite una pelea mas allá de lo específico, y dar batalla a elementos que precarizan nuestras vidas, esclavizan y someten. Por eso estamos llamadas a defender nuestros cuerpos, y también nuestros territorios, nuestros bienes comunes, nuestros trabajos, nuestros derechos. Sin lugar a dudas no es posible solo agendar movilizaciones, es clave construir organización desde abajo en los barrios, lugares de trabajo, escuelas, universidades y territorios. El monstruo que enfrentamos, que se beneficia de la desigualdad y de la opresión que profundiza, también saca tajada de la explotación de nuestros cuerpos y territorios. Y esa explotación es al conjunto de la clase trabajadora y los sectores populares. Por eso la pelea que tenemos que dar contra este sistema capitalista y patriarcal es de conjunto.
Por supuesto, también es oportuno aprovechar el Encuentro para abrir una discusión política de fondo: qué herramienta necesitamos para enfrentar la crisis y qué papel queremos que tenga el feminismo en esa construcción.
No alcanza con administrar el retroceso ni con esperar que las soluciones lleguen desde arriba. Tampoco alcanza con salir a la calle cada vez que aparece una emergencia. Por eso necesitamos un feminismo que no sea utilizado como acompañamiento de proyectos políticos que luego terminan aplicando políticas de ajuste, ni que sea responsabilizado por las consecuencias de las crisis políticas.
Hay que construir un feminismo anticapitalista y socialista: porque las desigualdades y violencias que vivimos no se arreglan con unas reformas. Porque capitalismo y patriarcado son un mismo engranaje: necesitan de la explotación laboral para enriquecer a unos pocos, de la opresión para sostenernos calladas para la reproducción social y del saqueo de nuestro bienes comunes y territorios para deteriorar nuestras condiciones de vida y romper toda expectativa de futuro posible.
Y ese feminismo no debe actuar solo, debe actuar con el conjunto de la clase trabajadora. Porque si los de arriba se organizan, nosotras, nosotres y nosotros debemos organizarnos en una alternativa para hacer posible un gobierno de las y los trabajadores. Necesitamos discutir una alternativa en la que mujeres y disidencias sean protagonistas. Una alternativa que vincule la lucha contra las violencias con la pelea por el trabajo, el salario, la vivienda, la salud y la educación, y que enfrente las desigualdades que atraviesan nuestras vidas, para que ese mundo que soñamos, y por el que luchamos, esté más cerca de ser una realidad.
Porque no nos podemos permitir que esas famosas palabras de Simón de Beauvoir sigan teniendo tanta vigencia: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”, y solo dejarán de estar cuestionados si construimos una sociedad sobre nuevos cimientos, donde la explotación y la opresión dejen de ser lo que marquen las relaciones sociales. Donde la igualdad sea una realidad, donde nuestros derechos no estén en riesgo.
Para eso hay que fortalecer el feminismo que es parte de la construcción de una herramienta política de nuestra clase. Un feminismo que sea parte de la construcción de partido revolucionario, un feminismo anticapitalista, clasista, antipatriarcal —pero no antihombres— e internacionalista; un feminismo socialista.
Queremos que cada vez seamos más las que demos estas batallas, que las demos juntas, así logramos transformar la bronca en organización y la organización en una fuerza capaz de disputar el futuro. Tenemos que aprovechar el fenómeno de simpatía y acercamiento a la izquierda que se expresa en distintos sectores para que el Encuentro no termine el domingo: que los debates, contactos y experiencias que surjan en Córdoba se transformen en nuevas iniciativas y construcción política en los lugares de trabajo, estudio y los territorios.
Seamos la pesadilla de aquellos que nos quieren cortar las ganas de soñar, nos transformemos en esa herramienta de organización capaz de torcerle el brazo a los hijos del patriarcado.
Nos vemos en las calles, en los talleres y en Córdoba. Para debatir, organizarnos y seguir transformándolo todo.

