Lágrimas de cocodrilo. Sobre el genocidio, la censura y la victimización

Por: Ramiro Giganti, miembro de la delegación argentina de la Flotilla Global Summud

La censura a quienes se solidarizan con la causa palestina tiene tantos años como la ocupación misma, pero se recrudeció en los últimos años con la escalada genocida en Gaza. La escritora sionista argentina Ariana Harwicz ha sido una de  las figuras públicas que ha apoyado el silencio. 

A través de un tweet en X, en 2024, la escritora, preguntó —de forma irónica— si le iban a retirar los premios a artistas que se pronunciaran por Palestina. Como respuesta, en 2026, universitarios del Estado Español, demandaron que se aparte a Harwicz de la grilla del festival Cultur-Alh de Granda, por su negación del genocidio. La respuesta de la escritora fue llorar “antisemitismo”.

“Mi padre estuvo en Auschwitz, mi madre en el campo de concentración de Majdanek. Y es precisamente por las lecciones que mis padres me enseñaron que no voy a ser silenciado cuando Israel comete crímenes contra los palestinos. Entonces, me niego a ser intimidado o presionado por las lágrimas de cocodrilo. Si tuvieras algún corazón dentro tuyo estarías llorando por los palestinos, no por lo que vos hiciste”

— Norman Finkelstein, durante una conferencia en Canadá en el año 2007. 

En 1936, el periódico Filastin publicó una caricatura donde caracterizaba al sionismo como un cocodrilo. El periódico fue atacado y erradicado en el marco de la Nakba, pero su legado aparece en la película Palestina 36, censurada en Argentina, pero que será proyectada el próximo sábado 3/10 en Corrientes 4023, barrio de Almagro. 

Genocidio y censura

La censura es una de las patas fundamentales de toda práctica genocida y toma muchas formas distintas. 

La escritora Hiba Kamal Abu Nada fue asesinada a los 32 años, el 21 de octubre de 2023, durante los ataques israelíes contra la Franja de Gaza. Era poeta y novelista, además de bioquímica y nutricionista formada en la Universidad de Gaza. Un día antes de su muerte, escribió: “Si morimos, sepan que estamos satisfechos y firmes, y digan al mundo, en nuestro nombre, que somos personas justas, del lado de la verdad”. 

Además de ser una de las poetas feministas más talentosas, también fue autora de la novela El oxígeno no es para los muertos. 

“La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles; silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo; aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración; negra, excepto por la luz de los mártires. Buenas noches”, fueron algunas de sus últimas palabras.

Una semana antes, el 13 de octubre de 2023, había sido asesinada la artista plástica Heba Zagout, de 39 años. 

Nacida en el campo de refugiados de Al Bureij, en 1984, Zagout mostró interés por el arte desde muy joven. En 2003 recibió un diploma de Diseño Gráfico en el Colegio de Gaza. Luego estudió Bellas Artes en la Universidad de Al-Aqsa.

La universidad donde estudió albergaba a unos 26.000 estudiantes y contaba con cerca de 1.400 empleados antes de los ataques israelíes, que destruyeron casi todas las instalaciones. 

Mientras los medios hegemónicos en Argentina alzan el grito en el cielo sobre la baja de una escritora de talento mediocre, citando una falsa discriminación, nada han dicho sobre los más de 45 escritores, poetas, artistas y activistas culturales en la Franja de Gaza fueron asesinados por el ente sionista desde octubre de 2023. 

Refaat Alareer, académico, poeta y traductor conocido como “la voz de Gaza” y cofundador del proyecto We Are Not Numbers; Fathi Ghaben, pintor cuyas obras reflejaban la vida y la historia de su pueblo; y el poeta, novelista y activista comunitario Omar Faris Abu Shaweesh. La lista se vuelve eterna.

Tampoco han hablado de la censura que se desarrolla a puntas adentro. Recordemos que en 2025, el Centro Cultural San Martín dio de baja el taller ¿Cómo crear después de Gaza?  de Marina Otero, directora, intérprete y dramaturga de reconocimiento internacional. 

El cine y otra forma de censura

En abril de 2025, el artista y cineasta Alex Reynolds retiró su cortometraje Horizontal del BAFICI.

“Como artista y cineasta, me resulta imposible participar en un festival que utiliza el relato del cine para blanquear al Estado de Israel a través de su programación mientras excluye voces palestinas”, dijo en su carta, donde denunciaba a la organización del festival.

El accionar del BAFICI coincidió con el sesgo de las salas en Argentina que, en ese entonces, excluyeron a la película No Other Land, pese a haber ganado un Oscar. Probablemente, fue la primera vez en años —si no en la historia del cine— que una película ganadora de un Oscar no fue proyectada en ninguna sala de cine. La voz de Hind Rajab, nominada al Oscar como “Mejor película extranjera”, y el documental Los campamentos —sobre los acampes universitarios de 2024 en apoyo a Palestina en los Estados Unidos— corrieron la misma suerte.

Palestina 36, la más notable y potente de las películas estrenadas en los últimos meses y preseleccionada para representar a Palestina en los Oscar, tampoco fue proyectada. Con un elenco notable y muy reconocido, el filme ya fue visto por más de 50.000 personas en España, mientras que en Argentina fue abruptamente silenciado.

Pero eso sí: durante el segundo semestre del año pasado fue promocionado —y con fondos públicos— el documental Bibas asesinados por ser judíos. Entre sus realizadores se encuentran Alfredo Leuco y el propagandista Ben Tasgal, señalado por vínculos con el aparato de inteligencia del ente sionista. El argumento de la película ha sido refutado incluso por soldados y periodistas israelíes, quienes afirman que hay un 90% de probabilidades de que la familia Bibas haya sido asesinada por ataques israelíes y no “por ser judíos”.

Sin embargo, Bibas asesinados por ser judíos fue proyectado en espacios públicos estatales en provincias como Misiones y declarado “de interés general” por la Legislatura porteña, tras una iniciativa de Graciela Ocaña: la misma que ha negado la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado.

Lágrimas de cocodrilo

El 30 de septiembre de 2024, el periodista Alejo Schapire compartió en X una nota del Jerusalem Post sobre la decisión de Alemania de denegar la ciudadanía a las personas que publiquen en redes sociales la expresión “Del río al mar”. 

Al día siguiente, Ariana Harwicz comentó: “¿Y los artistas que lo digan en sus discursos en festivales, ferias, etc.? ¿Se les podrá sacar los premios?”.

A Harwicz, le tocaría dos años después aquello que llamamos “justicia poética”. 

La autora es una confesa negacionista del genocidio que los principales organismos de Derechos Humanos en todo el mundo han denunciado. Para ella, como para los medios hegemónicos que la defienden, las masacres a manifestantes pacíficos en las Marchas del Retorno —que tuvieron lugar entre 2018 y 2019 en Gaza— simplemente no existieron. 

A Harwicz no le genera sensibilidad alguna que más de 20 mil niñas y niños hayan sido asesinados en la Franja de Gaza en menos de tres años. No le conmueve el ataque a la escuela de infantes de Minab, Irán, donde Estados Unidos e Israel asesinaron a más de 160 estudiantes. No le importan las más de 4.300 víctimas civiles, que solo este año, han dejado los ataques del estado sionista de Israel en el Líbano.

“Ni nuestro correo ni este comunicado hacen referencia a su origen ni a su religión: criticamos sus posicionamientos políticos. Estamos contra toda forma de racismo y discriminación, incluidos el antisemitismo, el racismo antipalestino, el antiárabe y la islamofobia”, asegura la Red Universitaria por Palestina de Granada, que presentó el pedido para su exclusión del festival.

Mientras un puñado de personalidades del establishment afines al sionismo firmó una escueta declaración de apoyo a Harwicz, varias escritoras participantes en el festival, como Rita Laura Segato —de origen judío por lado paterno—, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Ángelo Nésto y Brenda Navarro, se pronunciaron a favor de la “desinvitación” 

Harwicz desparrama lágrimas de cocodrilo, llora porque la “discriminan por ser judía”. 

El cocodrilo sionista para los árabes de Palestina, en el diario Filastin (1936)

El 18 de junio de 1936, en el contexto de las revueltas palestinas contra la colonización británica y los atentados terroristas de fuerzas paramilitares sionistas como Irgún, se publicó una famosa e histórica caricatura titulada El cocodrilo sionista para los árabes de Palestina. En la caricatura, un oficial del ejército británico protege al cocodrilo mientras se dirige a la población árabe local 

“¡¡¡No tengan miedo!!! Los tragaré de manera pacífica…”, dice la bestia. 

En la antigua Grecia y Roma, se creía que los cocodrilos lloraban desconsolados, con falsa pena, mientras atrapaban y devoraban a sus presas. Si hay algo que puede encajar con esta expresión es el falso llanto de un depredador. 

Para conocer más sobre el periódico Filastin y ver la película Palestina 36, te invitamos el próximo sábado 3 de octubre, desde las 16:30, a un cine-debate donde quien escribe estas palabras, junto a compañeras y compañeros, estaremos proyectando el filme. Expondremos publicaciones del diario palestino en mención y conversaremos con integrantes de las delegaciones argentina y uruguaya de la Global Sumud Flotilla, del convoy terrestre y la Cátedra Edward Said de la UBA. 

También habrá ferias con los colectivos Tejiendo Solidaridad con Gaza, Mesa x Palestina y Mil Grullas por Gaza. La cita es en el Centro Cultural Contracorrientes (Corrientes 4023, esquina Medrano). 

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