Digger. Un aviso de hacia donde vamos 

Digger es una película dirigida, coescrita y coproducida por Alejandro González Iñárritu. Una comedia negra satírica que juega con el despliegue visual que caracteriza al director de El renacido y Birdman, entre otras grandes obras. 

El largometraje te sumerge en la historia de Digger Rockwell (Tom Cruise), un multimillonario dueño de una empresa de extracción de petróleo que termina generando el desprendimiento de una parte de Groenlandia y una crisis ambiental humanitaria producto de esa situación. Cuando la historia comienza a complicarse te cuenta que lo que estamos viendo es una obra llamada Fossil Fools y el multimillonario es, en realidad, un actor llamado Curtis Markson. Fossil Fools obra de teatro satírica centrada en esta figura histórica y estamos a días del estreno. 

La obra gira entre la presión de Curtis por generar este personaje, problemas familiares y los debates históricos de lo que se refleja en la obra. 

Un manifiesto en defensa del ambiente 

Iñárritu construyó la idea de Digger tras trabajar en El renacido (2015). Escribió el guión con Sabina Berman, Alexander Dinelaris Jr. y Nicolás Giacobone. Es interesante pensar que el nacimiento de esta película parte de la obra que realizó con Leonardo Di Caprio, impulsor del documental Antes de que sea tarde (2016) que denuncia cómo el extractivismo esta destruyendo nuestro ambiente y el futuro en el planeta. 

La ultraderecha se siente expuesta 

La película representa muchos elementos de la ultraderecha a través de la obra de teatro. Por ejemplo, la incidencia de la iglesia evangelista y la creencia en ser un enviado de Dios, la ruptura de acuerdos internacionales en búsqueda de profundizar las ganancias de los capitalistas y el descreimiento de los descubrimientos científicos. 

A la vez, desnuda la complicidad de la política con los grandes empresarios y de manera directa denuncia que desde el descubrimiento sobre el calentamiento global, los países centrales no vienen haciendo nada para revertir nuestro avance hacia un punto de no retorno. 

En la obra, Rockwell maneja como un títere al Presidente de Estados Unidos, Compson, quien salió de la COP30 y permitió a la empresa de Digger explotaciones petroleras en zonas protegidas y poco seguras. 

El ocultamiento de la información, la desvalorización de las denuncias por trabajadores de las empresas es otro hecho que se muestra de manera brutal en la película y hasta el uso de chivos expiatorios como Rusia o China, para culparlos de situaciones devenidas del accionar de la empresa de Digger. 

El Estado es de los capitalistas 

En el momento político más algido del film se ven manifestaciones en las calles masivas contra Rockwell que generó un genocidio amiental. El europarlamento lo llama a que dé explicaciones y en vez de dar excusas el empresario contragolpea. Denuncia que son los gobiernos de los países los que quieren que siga extrayendo petróleo, que muchos de ellos son bonistas de sus empresas y que si no hay cambio en la matriz energética es porque en el fondo lo único que quieren es seguir llenando sus bolsillos sin importar que pase. 

La reunión termina en una ovación cerrada que deviene en pelea a puños entre distintos sectores pero Rockwell consiguió su objetivo de salir ileso del momento de crisis.  

Un nuevo hecho termina convirtiéndolo en el chivo expiatorio para delegar todas las culpas porque como vemos en el final del film estamos en el punto de no retorno y todo continua igual solo que en un sistema todavía más autoritario. 

El apartado visual es un gran punto de esta película 

El diseño de vestuario, de escenografía y la fotografía refuerzan muchísimo lo que la película tiene para decir.  Lugares con humedad, goteras y con sensación de encierro que refuerzan esa idea de que está todo podrido, a punto de derrumbarse. Opulencia desmedida que da asco y trabajadores obligados a hacer cosas que no quieren. 

Las películas de Iñárritu se caracterizan por tener un alto despliegue en estos apartados. En Digger todo refuerza el mensaje. 

Conclusiones no dichas y debates por fuera 

El largometraje nos deja como reflexión que este sistema no va a cambiar solo. Va a seguir naturalizando la destrucción y yendo cada vez más hacia el totalitarismo y la represión para frenar cualquier cambio. Porque la ganancia está por encima de la vida. 

La decisión comunicativa de difundir tanto las reseñas positivas como las negativas muestra la intención de mostrar la polarización social que existe. La película quiere ser un cachetazo que despierte porque el camino ya está marcado. Si no lo hacemos, es posible la catástrofe climática y guerra nuclear. 

Por otro lado, es interesante pensar que la película está financiada por una empresa que ahora tiene muchos vínculos con la ultraderecha a través de la fusión de Warner con Paramount. David Ellison, cercano a Trump, se convirtió hace unos días en el dueño de uno de los conglomerados comunicativos más grandes de Estados Unidos la fusión. Sería impensable que está película saliera de la financiación de este magnate que reivindica la ultraderecha. 

El arte tiene la capacidad de ponernos a pensar, de denunciar lo que pasa o de ser una herramienta de naturalización de lo que vivimos. El arte siempre es político, nunca es neutral, la decisión en primera instancia es saber de que lado de la mecha queres estár y desde dónde te paras para mirar la realidad. 

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