El “World Tour” de Milei. Plata para viajar, silencio para rendir cuentas

Milei emprende su 45° viaje internacional y vuelve a Estados Unidos por decimonovena vez. Mientras el Gobierno ajusta jubilaciones, universidades, discapacidad bajo el argumento de que “no hay plata”, mantiene en secreto buena parte de los costos y las comitivas de las giras presidenciales.

El Presidente siempre encuentra un pasaje

Javier Milei vuelve a Estados Unidos para participar de la Asamblea General de Naciones Unidas. Será su 45° viaje al exterior desde que asumió y el 19° con destino a Estados Unidos. En total, pasó 134 días fuera del país, alrededor del 13% de su presidencia.

El dato adquiere otro peso cuando se observa el mapa interno: todavía hay provincias que el Presidente no visitó oficialmente. El “no hay plata” parece tener una excepción bastante particular cuando se trata de viajar a Estados Unidos, recibir premios o participar de encuentros con empresarios y referentes políticos.

Millones y cuentas poco claras

Los pedidos de acceso a la información pública permitieron reconstruir, de manera preliminar, que hasta marzo de este año las giras habían implicado unos $1.600 millones en combustible y viáticos, además de US$2,9 millones en vuelos privados y alojamiento. La propia información oficial presenta inconsistencias y está incompleta.

El problema no es solamente cuánto cuesta cada viaje. Es que el Gobierno no transparenta quiénes integran las comitivas, quién paga determinados gastos ni si existen aportes de terceros. Tampoco informa si Milei recibe honorarios por algunas de sus exposiciones ni si privados utilizan comercialmente la investidura presidencial.

La Casa Militar justificó parte de la reserva de información por razones de seguridad. La Flota Aérea Presidencial también restringió datos sobre pasajeros y traslados. Pero esa explicación no responde todas las preguntas sobre los costos, los acompañantes y los aportes privados.

De los jubilados a los empresarios de Nueva York

La agenda de esta nueva gira vuelve a mostrar las prioridades del Gobierno. Milei participará de la Asamblea General de la ONU, pero también recibirá el premio “Ohev Yisrael”, mantendrá encuentros con economistas, empresarios y representantes del Consejo de las Américas y hablará en el Economic Club of New York.

No se trata de cuestionar que un presidente mantenga relaciones internacionales. La discusión es qué intereses representa esa agenda y quién paga la cuenta. Porque mientras Milei se presenta ante empresarios y foros internacionales como el campeón mundial del ajuste fiscal, en Argentina faltan recursos para políticas públicas esenciales. El contraste resulta difícil de ocultar: el Gobierno exige sacrificios a trabajadores y jubilados, pero no ofrece la misma transparencia cuando se trata de explicar sus propios gastos.

Un Estado que se achica para abajo y viaja para arriba

La motosierra libertaria nunca es completamente igual para todos. Para los trabajadores significa salarios que pierden contra la inflación. Para los jubilados, haberes que no alcanzan. Para las universidades, hospitales y organismos públicos, presupuestos recortados. Para las provincias, la amenaza permanente de que no hay recursos.

Pero cuando se trata de la agenda presidencial, aparecen aviones, hoteles, viáticos, comitivas y una interminable sucesión de viajes. Y cuando se pregunta cuánto cuesta, el Gobierno responde con silencio, información parcial o datos contradictorios.

La plata es del pueblo

El problema de las giras de Milei no puede reducirse a una cuestión de estilo personal. Es una discusión sobre el uso de recursos públicos y el derecho de la población a saber en qué se gastan.

Si el Gobierno pretende imponer austeridad, tiene que empezar por explicar sus propios gastos. No puede exigir sacrificios a millones de personas mientras mantiene bajo siete llaves la información sobre las giras presidenciales.

La consigna de “no hay plata” tiene cada vez menos credibilidad cuando la plata aparece para financiar una agenda presidencial internacional cuyo costo real el Gobierno se niega a transparentar.

Que abran las cuentas. Que publiquen las comitivas. Que expliquen quién paga y quién se beneficia. Porque los recursos públicos no son patrimonio de Milei ni de sus amigos: son de toda la sociedad.

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